El periodista Bernat Gimeno (Breda, 1987) debuta en la escritura con el thriller político Set de poder, que gira en torno a una conjura de criminales de la política catalana. Publicada por el sello Rosa dels Vents, del grupo Penguin Random House, presenta una amplia galería de personajes del mundo de la política y el periodismo que se ven inmersos en una trama acelerada de hechos en torno a unas elecciones al Parlament de Catalunya. Gimeno habla en esta entrevista sobre la novela y sobre el hecho de escribir con la voluntad de hacer una literatura que pone el foco en divertir y captar la atención de lectores que no están acostumbrados a la lectura. El autor, que ha trabajado en comunicación política en el Ayuntamiento de Barcelona y en el Govern, defiende que la novela negra en catalán pasa por un momento de gran dinamismo y éxito.
‘Set de poder’, primera novela de Bernat Gimeno. ¿Cómo ha nacido este interés por la literatura?
Soy periodista y los últimos diez años he estado haciendo comunicación en la administración, en el Ayuntamiento y en la Generalitat. Durante este tiempo vas viendo cosas de lo que pasa en el ámbito político a escala global y cultivas el gusanillo de decir “algún día me gustaría escribir alguna historia sobre esto”. También porque hay muchas series de consumo masivo, como pueden ser Borgen o House of Cards, que todo el mundo ha visto, pero en el ámbito de la literatura, al menos aquí, no sé si es un subgénero tan explotado. Coincidió un momento vital de tener el tiempo para hacerlo y aquí nació la cosa.
En el libro hay una galería diversa de personajes, todos del mundo del periodismo y la política. ¿Qué los une a todos?
El elemento central es el poder o la voluntad de conquistar el poder. Todo se va entrelazando en función de esto. La trama comienza con un periodista que sigue la pista de una política de extrema derecha que inicialmente maniobra para intentar conseguir el poder en su propio partido. A partir de aquí se va desarrollando una trama que al final tiene como denominador común esto. Hay unas elecciones en el Parlament a la vuelta de la esquina y la novela comienza 60 días antes de las elecciones, y todo va evolucionando a partir de este hecho.
Subrayas al principio del libro que nada de lo que hay en la novela tiene correlación con la realidad, pero es evidente que a cualquier lector le resonará el contexto político catalán… ¿De qué manera ha contribuido la realidad a la trama que has construido?
Es fácil extraer ideas o ejemplos de lo que puede acabar en forma de novela cuando tenemos una realidad que es que hace pocos días se desclasificaron los papeles del caso Epstein o cuando una democracia, teóricamente avanzada, secuestra al presidente de otro país, o cuando no hace mucho veíamos en Brasil cómo un exjefe de Estado organizaba un complot contra el actual presidente, Lula da Silva. De ejemplos los hay para dar y tomar, lamentablemente, aquí y fuera. Lo que he hecho no es coger ningún ejemplo real, pero sí que hay elementos, de una cierta manera consustanciales al ámbito político, y construir una ficción alrededor de esto, ubicada en este caso en Catalunya, con unos partidos políticos y personajes inventados. Pero es verdad que puede haber elementos que al lector le puedan resonar.

Algunos personajes te pueden remitir a su correlativo en la realidad y su caracterización en la novela encarna todo lo que es negativo, lo malo. ¿No temes que te puedan acusar de haber querido hacer una novela para ir en contra de alguien?
Es como lo juzgará alguien en concreto. Lo que pido es que el lector lea la novela y que haga los paralelismos que considere. A partir de aquí, cada uno es libre de encontrar los que crea, partiendo de la base de que es una ficción. Pero es obvio que se pueden encontrar similitudes.
El lector puede llegar a ciertas conclusiones sobre lo que es el mundo de la política catalana. No sé si está a mucha distancia de lo que explicas en el libro, que quizás es una caricatura de la realidad.
Creo que es difícil que se dé un caso como el que se ficciona en el libro. Es una realidad inventada. Es verdad que, si miras el ámbito político a un nivel más macro, encontramos auténticas barbaridades, desde los dos grandes partidos españoles salpicados por casos de corrupción hasta complots de un expresidente contra un presidente actual de un país. En el caso de Catalunya, veo difícil que lo que se desarrolla en el libro se acabe reproduciendo. Por lo tanto, no es el paralelismo que busco.
En el libro son ficción las situaciones extremas que se plantean, pero el móvil o el trasfondo es esta ambición de conseguir el poder pasando por encima de muchas cosas, dejando la ética aparcada. Más allá de si las situaciones son extremas... ¿En política se da?
Por definición, el objetivo de los partidos políticos es alcanzar el poder. Y esto no es malo, es su misión. Lo que se debe valorar es qué umbrales éticos o morales pueden llegar a superar. La función básica de la novela es entretener, que el lector se divierta, encuentre una trama con giros de guion y que estimule la lectura, y más en catalán. Pero también tiene un mensaje con un trasfondo político vinculado a una de las protagonistas, que es una líder política de extrema derecha independentista. Uno de los mensajes que se va encontrando en el libro es que la extrema derecha no tiene ningún umbral ético o moral. Para ellos, el objetivo justifica los medios.

También hay otros sectores que salen caracterizados: el periodismo y las élites económicas. Has querido que tengan un papel en la novela y precisamente no muy favorable...
En el caso del ámbito periodístico, creo que es una novela que presenta dualidades. En el político, la trama se construye a partir de la voluntad de conquistar el poder de determinados actores políticos, pero al mismo tiempo también hay un contrapunto con uno de los personajes, que es Peter, un diputado progresista que es todo lo contrario, es decir, alguien idealista que está en el proyecto porque cree en las ideas. También representa la otra cara de la política, que existe, creo que con una dimensión muy mayoritaria, afortunadamente. En el ámbito periodístico también se presenta esta dualidad entre intereses ocultos y periodismo propiamente entendido. En este caso, con otro de los protagonistas, Pol Guiu, que es un periodista de investigación que persigue los temas hasta las últimas consecuencias. No todo es blanco o negro, y seguramente cada mundo tiene las dos caras.
Ha sido una novela de producción ágil.
Tenía una idea muy vaga en la cabeza antes de empezarla. He vivido muchos años de manera muy intensa lo que es la comunicación política y en la segunda mitad de 2024 tuve tiempo para dedicarme a otras cosas. Empecé la novela con mucha intensidad porque tenía tiempo para dedicarle. Estuve un poco más de tres meses escribiendo hasta que tuve un producto acabado, y lo envié a un par de editoriales sin demasiadas aspiraciones. No había escrito nada antes ni vengo de un mundo estrictamente literario. La sorpresa fue que, en este caso, Penguin, de la mano de Núria Puyuelo, mi editora, me contactó y me dijo de hablar de ello. Y a partir de aquí se concretó todo rápido. Siempre está como la idea aquella de decir que las primeras novelas se acaban guardando en un cajón. Yo no tenía ninguna otra aspiración que escribir una cosa y que la leyeran mis amigos o mi familia.
Antes hablabas de los referentes y decías que quizás en literatura catalana no se había explotado el subgénero…
Tenía claro que quería escribir una cosa que fuera consumible, sobre todo pensando en un lector poco asiduo. La novela está planteada en este sentido, con mucho diálogo, con capítulos que tienden a ser cortos y que presentan algún interrogante al final del capítulo que te empuja a decir “leo cuatro páginas más antes de ir a dormir y avanzo una porque me he quedado con la intriga de ver cómo se resuelve esto”. Quizás sí que es una estructura cinematográfica, pero más adaptada al nuevo estilo de lectura que creo que se va imponiendo cada vez un poco más. Me gusta la reflexión que hace otro escritor, Gil Pratsobrerroca, que dice que competimos con auténticos gigantes, con monstruos trituradores del cerebro como Instagram, TikTok o YouTube. Por lo tanto, o haces un producto que sea atractivo y que intentes que atrape al lector, o es muy difícil salir adelante. La novela está estructurada en este sentido y, por lo tanto, sí, un poco era lo que buscaba. También creo que, afortunadamente, la novela negra en catalán vive un período de expansión clarísimo. El hecho de que tengamos autores en catalán liderando las listas de ventas o situados entre los más vendidos y que puedan competir con monstruos como Freida McFadden, Ken Follet o Dan Brown es un éxito para el sector y para el país, porque quiere decir que nos estamos poniendo al nivel de grandes autores internacionales. Muchas veces tenemos la sensación de inferioridad respecto a los otros y, en este caso, todo lo contrario. Podemos estar muy orgullosos de la salud de la novela negra en catalán, porque está a la altura de la de cualquier otro país del mundo.

Ahora que haces referencia al tema de las redes sociales, en la novela también hay un punto sobre el uso de las nuevas herramientas en política. ¿Qué reflexión puedes hacer sobre esto?
Si tenemos en cuenta que la gente ya no consume o cada vez consume menos los medios tradicionales, o que la mayoría del tiempo lo pasa en las redes sociales, es obvio que los partidos, ya desde hace años, de una manera u otra, han hecho una apuesta por estar presentes en estos medios. En estos canales hay usos más o menos éticos. Igual que en todo lo demás, las redes se pueden utilizar bien o mal y, por lo tanto, digamos que la novela también incide en ello.
¿Este primer libro abre una carrera más amplia en la literatura o con una incursión te basta?
El hecho de que todo haya sido tan rápido te anima a continuar. Ahora justo se acaba de publicar Set de poder, esta primera novela, pero tengo escrita una segunda. Es un documento en Word, un borrador, pero sí, la voluntad es seguir.
¿Seguirías con los mismos personajes? ¿Pol Guiu se puede consolidar o te irías hacia otra historia?
La idea es que sean historias independientes, por lo tanto, que se puedan leer sin haber leído la primera parte para poder entender la segunda. Pero ya te digo, es un borrador.