Barcelona, sábado 1 de julio de 1719. Hace 307 años. Diez semanas después de la publicación del decreto de creación de los Fusileros de Catalunya. Pio di Savoia, capitán general del régimen borbónico en Catalunya, nombraba a Veciana alcalde de Valls. Veciana, teniente de alcalde de Valls desde la ocupación borbónica de 1714, haría buena la cita castellana que dice "En el país de los ciegos, el tuerto es el rey". El Camp de Tarragona había quedado devastado y sus clases dirigentes totalmente descabezadas. Por esta razón, aquel nombramiento no se quedaría aquí y el oportunista Veciana conseguiría que Pio di Savoia, al mismo tiempo, le reconociera su particular acción en el enfrentamiento con Barceló y lo nombrara primer jefe de los Fusileros. A partir del hecho, Veciana pasaría a concentrar una parcela muy importante del poder político y policial de Catalunya.

El éxito de Veciana
El gran éxito de Veciana fue convencer a Pio di Savoia para elevar el cargo de comandante de la escuadra de Valls —que ya lo era— a comandante general de los Fusileros de Catalunya. En Valls se estableció la primera guarnición, pero enseguida se abrieron otras en Riudoms, en Falset, en el Pla de Santa Maria, en Móra d'Ebre y en Santa Coloma de Queralt —¡¡¡en el territorio Barceló!!!— y once más dispersas en la Catalunya central y en los Pirineos. Veciana dirigiría con mano de hierro la única maquinaria de represión borbónica formada exclusivamente por catalanes. En Valls, la guarnición estaba integrada por un comandante general —de carácter vitalicio y de condición hereditaria— (Veciana), un cabo, un subcabo y una treintena de mozos. Todos procedían de un reducidísimo grupo de familias del pueblo que gravitaban alrededor de los Veciana.
Una policía nativa al servicio del régimen borbónico
Con estos elementos resulta bastante difícil separar los intereses del régimen borbónico de los intereses de la familia Veciana. O de los intereses de grupo de la minoría borbónica del país. Pero esto, en ningún caso, quiere decir que los Fusileros fueran un grupo mafioso. Quiere decir, sencillamente, que serían creados como un brazo del régimen borbónico formado por gente del país con el propósito de combatir a la gente del país. Paradójicamente, la creación de los Fusileros, conocidos popularmente como Esquadres de Catalunya, respondía a la necesidad de mostrar al mundo que una parte de los catalanes comulgaba con el nuevo régimen. Porque las revueltas locales se reproducían de forma constante y ponían de relieve una tozuda realidad: Catalunya era —y todavía lo es— un país ocupado. Felipe V había justificado el derribo del edificio político catalán "Por justo derecho de conquista".

El exilio de Barceló
En el año 1723, pasados nueve años del final de la guerra, Barceló ya no estaba en Catalunya. Como tantísimos catalanes de la época, acabó exiliado en Austria. Carlos de Habsburgo, que durante el conflicto sucesorio había sido el candidato de los catalanes al trono hispánico, había reunido una extensa representación catalana en la corte de Viena. El más destacado, Ramon de Vilana-Perles, que durante tres décadas sería primer ministro del archiducado de Austria y del Imperio alemán. Carlos de Habsburgo reconoció a Barceló el grado de coronel del ejército imperial, y el del Priorat combatiría en batallas decisivas contra los turcos o contra los franceses. Fue coronel de una guarnición imperial en Carintia (sur de Austria) y acabó muriendo en el año 1743 en Breisach (al suroeste de la actual Alemania) combatiendo a los Borbones de Versalles.

"Males merdes t’ofeguin"
En el año 1723, Pio di Savoia ya no era capitán general de Catalunya. Durante su mandato había sido, entre otras cosas, el constructor de la Ciutadella de Barcelona, que había comportado el derribo de un barrio entero y el desahucio de una cuarta parte de la población de la ciudad "por justo derecho de conquista". Pio di Savoia había sido premiado como "caballerizo mayor de la casa del príncipe de Asturias". El rey del desahucio de la época murió el 15 de septiembre de aquel año, arrastrado por una riada de cañas y barro. Justicia poética o no, Pio di Savoia haría buena la popular maldición catalana "Males merdes t’ofeguin" y aparecería al día siguiente flotando en el río Manzanares. Con el vientre hinchado. Mientras todo esto pasaba, había sido relevado en la capitanía de Catalunya por José Carrillo de Albornoz, el carnicero de la Gleva.

El carnicero de la Gleva
El nombramiento de Carrillo de Albornoz (1722), uno de los perfiles más radicales del régimen borbónico, revela que la iniciativa de Savoia y Veciana no funcionaba. Por lo menos a gusto del grupúsculo más radical de la corte borbónica de Madrid. El prestigio de Carrillo de Albornoz residía en su brutalidad: entre otras masacres, el 3 de febrero de 1714 había ordenado degollar a 130 prisioneros de guerra catalanes en un episodio conocido como los Hechos de la Gleva. Nombrado capitán general, una de las primeras medidas que dictaría sería la de reducir las Esquadres en los destacamentos de Valls y de Cardona. Lo que indica que las relaciones que había tejido Veciana no eran en el ámbito de la radicalidad borbónica y que su proyecto policial no tenía la confianza del ala dura del régimen. Veciana sobreviviría a Savoia, pero no a Barceló. Moriría en el año 1736 en Valls.