Dormir con el ventilador encendido se ha convertido en una solución habitual en los meses de calor. Es una escena repetida en miles de hogares en noches sofocantes, ventanas abiertas y el ventilador funcionando durante horas. Sin embargo, junto a esta costumbre persiste una creencia muy extendida de que mantenerlo encendido toda la noche dispara el consumo eléctrico.

La realidad energética es bastante distinta a lo que muchos imaginan. Lejos de ser un electrodoméstico intensivo en consumo, el ventilador figura entre los dispositivos más eficientes del hogar. Su funcionamiento se basa en mover aire, no en generar frío, lo que reduce de forma drástica la demanda eléctrica frente a otros sistemas de climatización.

Un gasto eléctrico mucho menor de lo que parece

Un ventilador de pie estándar suele operar en torno a los 50–60 vatios, una cifra muy reducida dentro del entorno doméstico. Incluso funcionando durante ocho horas continuadas cada noche, el impacto en la factura eléctrica resulta marginal. En términos prácticos, el coste mensual puede situarse en apenas unos pocos euros, muy lejos de la percepción de gasto elevado que muchos consumidores asumen.

Ventilador inteligente de Xiaomi

Este dato adquiere especial relevancia cuando se compara con el aire acondicionado. Los sistemas de refrigeración activa requieren compresores y procesos térmicos complejos que multiplican el consumo. La diferencia no es menor, ya que un ventilador puede consumir entre diez y treinta veces menos energía que un equipo de aire.

La alternativa más barata frente al calor nocturno

Desde el punto de vista económico, el ventilador representa una de las opciones más contenidas para combatir el calor nocturno. Su uso prolongado rara vez genera sobresaltos en la factura, algo que sí ocurre con otros dispositivos de climatización. Esta eficiencia explica por qué muchos hogares recurren a él como solución principal durante las olas de calor. No obstante, el debate no es exclusivamente energético. Dormir con flujo de aire constante también plantea consideraciones relacionadas con el confort y la salud. Algunas personas pueden experimentar sequedad ambiental, irritación o molestias musculares derivadas de la exposición directa y prolongada.

Así pues, el ventilador no es el gran consumidor eléctrico que muchos temen. Su impacto económico resulta sorprendentemente bajo en comparación con otras alternativas. La percepción de gasto elevado suele responder más a intuiciones que a cálculos reales de consumo, una confusión frecuente en el ámbito doméstico.