Jordi Cabré no ha quedado inactivo durante el confinamiento. Escritor reconocido con premios como el Sant Jordi de novela o el Llorenç Villalonga, con una docena de obras publicadas y alguna más en máquinas, columnista y tertuliano, licenciado en Derecho y con alguna incursión en la gestión política, este creador cultural considera que el confinamiento ha sido también una ocasión para hacer sociabilidad con él mismo personal, de poder dedicar más horas a los hijos. ¿Un deseo final para la reanudación? "Que recuperamos la alegría. La nueva normalidad la escribiremos nosotros, no una persona que nos quiera hacer miedo y mucho menos una bicho".

 

"Me ha angustiado la claustrofobia de una ciudad en silencio. Pero al mismo tiempo, como estoy escribiendo una novela y como crear es poner forma, me ha ido bien tener unos días para equivocarme". Reconoce que la situación le ha hecho introducir a esta nueva novela un punto más tierna y quizás menos frívolo. "La atmósfera que se ha creado nos han humanizado con el ritmo que llevábamos". No cree, en cambio, que la pandemia dé mucho juego para inspirar novelas o guiones cinematográficos sobre esta alarma sanitaria: "Es un tema aburrido".

Aunque las salas de cultura han sido cerradas, Cabré considera que más allá de ir a los lugares podemos redescubrir la cultura con aquello que tenemos a nuestro alcance en casa: "Cada uno tiene su museo particular, la biblioteca, el cine en forma de televisión. Hemos podido hacer un consumo creativo". "Pero eso de la cultura -alerta- se tendría que haber arreglado antes". De la reanudación y las lecciones que tenemos que extraer, este escritor valora que "tenemos una sociedad inquieta, creativa y con ganas de saber, compartir y comunicarse. Eso nos diferencia, como se vio al Renacimiento, cuándo la economía, la industria, el comercio, la cultura y la política iban de la mano, los años 70... Tenemos que recuperarlo, pero sin forzar. A la administración le corresponde tirar la primera pelota, como hizo Roosevelt a los Estados Unidos con ayudas para salvar el sector cultural. No se trata de ayudar a los artistas, que también, sino de si el país se cree de una vez que en cultura no se hace gasto, sino inversión".

 

"Me preocupan los hábitos y como internet nos puede estar haciendo unos vagos. Que preferimos mirar el whatsapp o quien se pelea a twitter en lugar de leer un libro". Constata que las mujeres leen mucho más, mientras los hombres se refugian en la maquinilla. Aun así creo que se lee y que se tienen que editar libros. "El público que mira películas en Netflix pide ficción. Tenemos hambre de ficción y de emociones, y eso lo dan los libros".

Contempla optimista el Sant Jordi trasladado al 23 de julio. "Será una forma de compensar espiritualmente, no económicamente, lo que es san Jordi. No hará el mismo olor de primavera ni la fragancia de las rosas será la misma, pero el libro sí que merece un homenaje anual. Será una medida de la nueva normalidad". Barcelonés que ejerce de urbanita, vecino de la Sagrada Familia, no le molesta que la ciudad se llene de guiris. "Ni la celebro ni me deprime -responde cuando le hablo de la ciudad vacía. Yo quiero que venga el turismo, una ciudad como Barcelona tiene espacio para todo el mundo, para los que quieren aislarse en un parque y para los que quieren apilarse en un espacio como la Sagrada Familia".

 

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