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La terminal histórica del aeropuerto de El Prat, conocida como T2 a raíz de la apertura de la nueva terminal, la actual T1, en el año 2009, fue construida en 1963 y desde entonces ha ido creciendo a medida que han cambiado las necesidades operativas, con un desarrollo notorio en el año 1991, con una intervención del arquitecto Ricard Bofill para adaptar el aeropuerto de Barcelona a las necesidades operativas de los Juegos Olímpicos de 1992. Más de treinta años más tarde, la T2 afronta una transformación histórica que permitirá modernizar las instalaciones, eso sí, sin el objetivo de incrementar capacidad, sino de mejorar las condiciones de los usuarios. Esta gran transformación consta de un presupuesto de 153 millones de euros y estará terminada en el año 2031.

"Esta terminal ha ido creciendo con el paso del tiempo, es heterogénea porque ha ido creciendo por etapas", ha indicado Eva Valenzuela, directora del aeropuerto Barcelona-El Prat, que ha añadido que con la transformación prevista, "se conserva la identidad arquitectónica, pero con un hilo conductor que servirá para coser todas las piezas". Esta intervención, definida como la "más profunda desde la que se llevó a cabo con motivo de los Juegos Olímpicos", incluye intervenciones en el periodo 2027 a 2031 —aunque algunas partes ya están en marcha— destinadas a renovar y modernizar las instalaciones de la T2, entre las que destacan la ampliación de la zona previa a los controles de seguridad.

De hecho, la parte más notable de la intervención a ojos del usuario será la ampliación de esta zona de controles, donde se instalarán nuevas máquinas que evitan tener que abrir equipajes de mano para mostrar líquidos y aparatos electrónicos. Para instalar esta nueva maquinaria, se prevé una ampliación en voladizo en el control de acceso de la primera planta, de manera que la fachada principal que da a la zona de aparcamiento se adelantará respecto a la situación actual, en el marco de unas intervenciones que, a la larga, prevén el derribo de la pasarela de conexión con las estaciones metro y tren, que finaliza precisamente en la entrada de los controles de seguridad.

La renovación no afecta al mosaico de Miró, que Aena igualmente quiere trasladar

Estos cambios en la fachada, en todo caso, no afectan al mosaico de Joan Miró Gran ofrena, una obra que caracteriza la terminal histórica del aeropuerto y que ha generado una cierta polémica por la intención de Aena de trasladarlo a la T1. En este sentido, Valenzuela ha explicado que la renovación no afecta, porque el voladizo previsto acaba justo antes del mosaico, pero ha señalado la "voluntad de mover el mural a la T1", añadiendo que se trata de una obra "muy compleja" y que actualmente, e independientemente de esta gran intervención prevista en la T2, "técnicos especialistas analizan la viabilidad del traslado".

El mosaico de Joan Miró no está afectado por la reforma, pero Aena mantiene la intención de trasladarlo a la T1 / Foto: J.P.
Detalle de los accesos previstos en la futura estación del R-Aeroport y conexión con el Metro, que permitirán derribar la pasarela actual / Foto: J.P.
La directora del aeropuerto Barcelona-El Prat, Eva Valenzuela, durante la presentación del proyecto de renovación / Foto: J.P.

Más allá de este cambio en la zona de los controles, el proyecto incluye la renovación de los espacios interiores y exteriores, la reapertura e integración del módulo A —actualmente solo utilizado para llegadas— y también la reorganización de los viales —incluido el carril bici exterior— y los recorridos para peatones. Hay que tener en cuenta que la terminal se prepara para reforzar su carácter intermodal con la previsión de la entrada en servicio de la futura R-Aeroport, prevista para el 2027, y los nuevos accesos a la estación de metro de la L9 Aeroport T2 que, precisamente, posibilitarán el derribo de la pasarela aérea.

En cuanto a la reapertura del módulo A, que actualmente solo se utiliza para llegadas, se prevé reincorporarlo a la operativa habitual de la T2 aumentando el potencial de facturación. Valenzuela ha apuntado que la terminal histórica aglutina el 35% del volumen total del Aeropuerto de Barcelona-El Prat, es decir, 20 millones de pasajeros anuales, y estas intervenciones no están orientadas a incrementar esta capacidad. Finalmente, en cuanto al presupuesto, las inversiones se dividen en cuatro proyectos. La renovación de los elementos electromecánicos (10,7 millones), la adecuación del sistema de inspección de los equipajes de bodega (20,3 millones) y las actuaciones de mejora de la terminal (68,1 millones). Estos tres proyectos todavía continúan sin licitar, a diferencia de la adecuación de la terminal, que ya está adjudicada con un presupuesto de 53,9 millones. En términos generales, los trabajos renovarán los elementos y reformarán diferentes espacios de la terminal. Así, se modificarán pavimentos, techos, revestimientos, iluminación, mobiliario y señalización, y se recuperarán nuevos usos para el pasillo central interior, conocido como la Rambla de la T2.