La preocupación en Zarzuela alcanza niveles nunca vistos. Irene de Grecia, hermana menor de la reina Sofía, atraviesa un grave empeoramiento en su estado de salud, marcado por el avance del Alzheimer y una fragilidad física extrema. A sus 82 años, ya apenas abandona la cama y su estado de desconexión con la realidad es total.

La situación es muy dura para la reina Sofía ya que su hermana es una parte muy importante para ella. Unidas no solo por la sangre, sino también por una visión muy espiritual de la vida, ambas mujeres han sido fieles a sus creencias religiosas, pero también se han mostrado abiertas a prácticas alternativas que buscan alivio más allá de la medicina convencional.
Irene de Grecia preocupa a toda la familia, especialmente a la reina Sofía que sufre depresión
En los últimos días, la habitación de Irene se ha convertido en un espacio donde la fe y la espiritualidad se entrelazan. Sacerdotes ortodoxos y católicos han acudido a rezar junto a su cama, ofreciendo los sacramentos y bendiciones pertinentes. A la vez, se han visto desfilar por Zarzuela a curanderos, terapeutas holísticos y guías espirituales, todos convocados con la esperanza de aportar un poco de consuelo en este delicado trance.
Para Sofía, estas visitas son también un bálsamo. La reina emérita, profundamente devota, se aferra a la idea de que las oraciones y energías positivas pueden acompañar a su hermana en este tramo final. Fuentes cercanas aseguran que la monarca pasa horas enteras en su habitación, sosteniendo la mano de Irene y recitando plegarias en voz baja.
La familia entera vive con angustia esta cuenta atrás. La infanta Cristina ha viajado recientemente para asegurarse de que se cumplan los deseos de Irene respecto a su entierro, y la infanta Elena intenta estar presente para dar apoyo a su madre. Sin embargo, la sensación de que el desenlace es inminente pesa sobre todos.
Mientras los médicos reconocen que poco más puede hacerse en términos clínicos, la familia ha optado por rodear a Irene de amor, fe y compañía. En Zarzuela se mezclan rosarios con cánticos espirituales, bendiciones con rituales alternativos, todo con el mismo objetivo: que no se sienta sola en el momento más difícil de su vida.
La fragilidad de Irene de Grecia no solo marca un antes y un después en el ánimo de la reina Sofía, sino que recuerda a todos en la familia real que la enfermedad y la vejez no entienden de títulos ni coronas.
