La pandemia tuvo dos efectos positivos: el desarrollo en tiempo récord de herramientas que facilitan el trabajo remoto y la demostración de que el teletrabajo es posible e igualmente efectivo en determinados trabajos. Muchos creíamos que la modalidad se consolidaría donde la naturaleza de las tareas a desarrollar lo permitiera y que la mayoría de empresas dejarían que sus empleados teletrabajaran unos cuantos días a la semana. Pero no acertamos la previsión, porque las grandes corporaciones, entre ellas Amazon y algunos bancos, han empezado a eliminar las políticas de teletrabajo implantadas durante la pandemia y a exigir el regreso a la oficina, que tiene un acrónimo: RTO (Return to Office en inglés). No obstante, algunas empresas, entre ellas Microsoft, Google, Apple y Meta, mantienen modelos híbridos, combinando trabajo a distancia con presencia en la oficina.

Ubisoft, la empresa francesa que desarrolla videojuegos para móvil, ha decretado unilateralmente el regreso de sus trabajadores a la oficina los cinco días de la semana a partir de enero de 2027. Ahora el centenar de empleados de la oficina de Barcelona puede teletrabajar dos días a la semana. En septiembre de 2024, la empresa ya redujo los días de teletrabajo de tres a dos. La CGT, el único sindicato presente en el comité de empresa, ha respondido a la decisión de la empresa convocando una huelga indefinida de seis días al mes. Teniendo en cuenta que cuando se pasó de tres a dos días de teletrabajo, algunos empleados fueron baja voluntaria, el sindicato sospecha que la decisión de la empresa es una argucia para seguir reduciendo la plantilla.

El teletrabajo en España está regulado por la Ley 10/2021, de 9 de julio, de trabajo a distancia, uno de cuyos principios fundamentales es la voluntariedad. Esta modalidad no se puede imponer unilateralmente. El teletrabajo debe ser consensuado entre ambas partes y ninguna de las partes puede imponerla a la otra. La empresa no puede obligar al empleado a teletrabajar y el empleado no puede teletrabajar sin el consentimiento de la empresa. El trabajo a distancia requiere un acuerdo individual por escrito que estipule las condiciones para su ejercicio, entre ellas las medidas de que dispone la empresa para verificar el cumplimiento por parte del trabajador de sus obligaciones laborales. Ubisoft pretende ahora cancelar los acuerdos individuales con sus empleados.

En crisis climática y en momentos de caos en el transporte público interurbano, empresas y administraciones deberían promover el teletrabajo

Las empresas a menudo no ponderan adecuadamente las ventajas del teletrabajo: reducción de costes (menos gasto en oficinas), aumento de la productividad en determinadas tareas (menos interrupciones, mayor capacidad de concentración), atracción y retención de talento... Todas estas ventajas seguramente superan los inconvenientes del teletrabajo para las empresas: menor control directo, necesidad de implantar sistemas de seguimiento, coste del soporte técnico, pérdida de cohesión de los equipos, dificultades para transmitir la cultura corporativa, menor sentimiento de pertenencia, problemas de comunicación, mayor inversión en equipos, mayor exposición a ciberataques...

En cambio, la mayoría de trabajadores tienen claras las ventajas del teletrabajo para ellos: mejor conciliación personal y familiar, ahorro económico, ahorro de tiempo, mayor autonomía, orientación a resultados, etc. Unas ventajas que superan los inconvenientes: aislamiento social, sensación de desconexión de la organización, difuminación de los límites entre trabajo y vida personal, alargamiento de la jornada y dificultad para desconectar digitalmente.

La huelga de Ubisoft pone de manifiesto que muchos directivos piensan que sin control de presencia no hay eficiencia. A pesar de la digitalización de los entornos de trabajo y el hecho de que la mayoría de empresas tecnológicas trabajan por proyectos, volvemos al paradigma de la época industrial, cuando el trabajador sentía el aliento del amo en la nuca. El discurso del trabajo por objetivos ("no me interesa tu presencia, sino tu eficiencia") se convierte en una farsa. El RTO es un retorno a la desconfianza en los trabajadores y en su capacidad de autoorganizarse individual y colectivamente para alcanzar unos resultados. Empresas tecnológicas que disponen de las herramientas adecuadas para el teletrabajo y empresas fuertemente ideologizadas, que pregonan unas supuestas políticas de conciliación y sostenibilidad, y que se jactan de ofrecer puestos de trabajo de calidad y de estar en los rankings de "mejores empresas donde trabajar", están imponiendo el retorno a la oficina. En plena crisis climática y en unos momentos de caos en el transporte público interurbano, empresas y administraciones deberían promover el trabajo a distancia.