Polimatía y resiliencia. Claves del futuro

- Pau Hortal
- Barcelona. Sábado, 30 de mayo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
La carrera (trayectoria) profesional tradicional ha muerto. Pero no se trata solo de que ya no funcione: lo peligroso es que seguimos actuando individualmente y gestionando de forma colectiva como si el modelo subsistiera y además pensando en que perdurará en el tiempo.
Las trayectorias profesionales hoy ya son erráticas, líquidas, a veces contradictorias: empleo, cambios de rol/sector, emprender, volver al mercado, combinar roles, saltar entre proyectos, reinventarte a los 40, a los 50 e incluso a los 65. Todo esto ya no son excepciones: son la norma. El camino que nos mostraron durante décadas: fórmate, consigue un buen trabajo, escala con esfuerzo, mantente en el carril correcto y, con un poco de suerte, acabarás llegando a la jubilación habiendo desarrollado una trayectoria profesional sólida, estable y lógica. Era un relato cómodo, limpio, predecible. A menudo se convertía en una falacia. Hoy lo es con una seguridad total.
No porque entonces no funcionara -funcionaba- y por ello nos formaron para aceptar este principio. Sino por el hecho de que solo algunos escogidos podían asentarse en este proceso. Hoy, sin embargo, ya no queda ni rastro, excepto en el sector público, y no sabemos por cuánto tiempo. Hemos sido educados en un modelo que ya no existe. El mundo del trabajo/empleo ya no es una escalera recta, sino un laberinto en movimiento constante. Caminos que ayer estaban abiertos hoy se cierran, roles o profesionales consolidadas desaparecen o se transforman. Sectores enteros mutan. La innovación desordena, la IA acelera, la tecnología altera la velocidad con la que el conocimiento queda obsoleto, la geopolítica redibuja las reglas del comercio
Y la verdad incómoda es esta: nadie tiene el mapa ni sabe bien cuál es el destino. Ni los gobiernos, ni las instituciones formativas, ni los “gurús”, ni las empresas/organizaciones. Todos avanzamos tanteando, iterando, corrigiendo. Por eso necesitamos otra cosa. No un mapa, sino un faro que debemos encender y mantener porque todo aquello que nos contaron ya no existe.
El mundo del trabajo/empleo ya no es una escalera recta, sino un laberinto en movimiento constante
En un entorno que cambia a una velocidad que no controlamos, hay una única variable en la que los seres humanos mantenemos una posibilidad de elección. Valores, tipo de vida que queremos construir, problemas que nos gustaría resolver, impacto que queremos dejar. Este es el faro que nos va a iluminar en nuestro camino, ya que supone en todo caso tener un propósito, una identidad y una dirección.
No es un objetivo concreto (un ascenso, un salario, un título), sino una intención profunda que ilumina el camino cuando el terreno es incierto. Un faro que no se descubre en un retiro espiritual, se construye y modela con acción, compromiso y voluntad. A veces a través de un error, de un fracaso, de una oportunidad inesperada o de una conversación que nos hizo cambiar la perspectiva, el faro se ajusta, se revisa, se redefine. Pero siempre nos recuerda una cosa esencial: qué es lo que de verdad nos mueve, qué es lo que da sentido a nuestra vida.
Si nos basamos en él podremos con toda seguridad elegir mejor, descartar mejor, priorizar mejor. Podemos permitirnos decir “no”, aunque lo hagamos con una cierta dosis de inseguridad. Podemos superar la incertidumbre y el pánico porque conseguiremos saber por dónde andamos y ser los actores de nuestra propia vida.
El profesional del futuro ha de tener dos características fundamentales definidas por dos términos que no habían formado parte del escenario hasta hace poco tiempo: Me refiero a los conceptos de polimatía y resiliencia. Una persona polímata es aquella que tiene amplios y profundos conocimientos en diferentes áreas/materias, mientras que una resiliente es la que tiene capacidad de adaptación.
Una consecuencia extraña del mundo actual es que nos empuja hacia una lógica renacentista: necesitamos ser más amplios, no más estrechos. Antes se premiaba la especialización precoz. Hoy y en el futuro se premiará a las personas dotadas de competencias que los especialistas denominan como transversales: curiosidad permanente, capacidad de conexión, flexibilidad, conocimientos y habilidades en diferentes áreas. También a las que sepan moverse en diferentes entornos, puedan integrar perspectivas de distintas disciplinas y tener una alta capacidad de adaptación para afrontar los cambios.
En otras palabras, y aunque nos pueda resultar un sin sentido, es posible que el futuro pase más por los generalistas que por los especialistas