El pequeño productor solar
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 28 de junio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
El precio de la electricidad ha vuelto a subir. Cada repunte reactiva el debate sobre el sector eléctrico español: cuánto cuesta la luz, por qué cambia tanto, quién gana con cada movimiento y qué puede hacer el consumidor para protegerse.
Pero hay una figura que suele quedar fuera del debate. El pequeño productor solar. El particular que instaló placas fotovoltaicas en su casa asumió una inversión relevante y vierte a la red la electricidad que no consume, esperando ser compensado por ello.
En España esto ya no es anecdótico ni marginal. El autoconsumo fotovoltaico alcanzó en 2025 los 9.590 megavatios acumulados y cubrió el equivalente al 4,1% de la demanda eléctrica nacional, según APPA Renovables. Una parte importante procede de empresas, pero los hogares también cuentan. En 2025 representaron el 30% de la nueva potencia instalada de autoconsumo. Hay miles de ciudadanos que han dejado de ser solo clientes. También producen.
La injusticia económica, por no hablar de competencia desleal, aparece cuando uno compara lo que pagan estos particulares por comprar energía con lo que reciben por vender sus excedentes. Hay casos en los que el consumidor paga cerca de 20 céntimos por kilovatio hora en determinados tramos y recibe 1 céntimo, o incluso 0,7 céntimos, por la energía sobrante que entrega a la red. La diferencia puede ser de veinte veces. En términos porcentuales, comprar a 20 cuando se compensa a 1 equivale a pagar un 2.000% más del precio por el cual se le compensa. Incluso en compañías más razonables, con compensaciones de 7 u 8 céntimos, el pequeño productor recibe muchas veces menos de la mitad de lo que paga cuando necesita electricidad.
El pequeño productor solar es un ciudadano que ha puesto capital propio al servicio de una transformación que el país necesita
Conviene separar la crítica fácil del análisis económico. La energía que compramos incorpora peajes, cargos, costes de red, impuestos, comercialización, gestión del sistema y margen empresarial. La energía excedentaria de una instalación doméstica tampoco tiene siempre el mismo valor. Puede coincidir con horas de mucha producción solar y bajo precio mayorista. Puede generar necesidades de gestión. Puede obligar a ajustar redes. Todo eso existe.
Pero una parte de esa diferencia responde a una asimetría de mercado. Al hogar con placas no se le trata como a un auténtico productor cuando vende, sino como a un consumidor que compra y que tiene, como si fuera una anomalía, excedentes. Pues no. Se le debería tratar como a un productor. El problema es que, como productor, tiene poco poder. Como consumidor tiene poca información. Como cliente, se enfrenta a contratos complejos. Como vendedor, acepta una compensación fijada por otros. Ahí aparece la asimetría.
Si un ciudadano ha pagado una instalación, ha asumido el riesgo, ha cedido su tejado, mantiene los equipos y genera electricidad limpia, su excedente debería recibir un trato económico vinculado al valor real de mercado y con una comisión transparente por gestión.
Algunas comercializadoras ya se aproximan a ese modelo. Pagan el excedente según precio de mercado y descuentan un margen claro. Esa lógica resulta defendible. La empresa gestiona, liquida, factura, asume trámites y presta un servicio. Ahora bien, no se le da un margen comercial.
La transición energética no puede construirse sobre la confianza de los pequeños y el margen de los grandes
Es decir, o se le paga escandalosamente menos de lo que se está cotizando, o se le paga lo que cotiza menos comisión y sin margen. ¿Por qué alguien, por el mero hecho de ser un pequeño productor, no puede tener un margen comercial sobre el precio de compraventa del mercado, al igual que tienen las comercializadoras de energía?
La transición energética necesita grandes parques renovables, redes más robustas, almacenamiento y planificación. También necesita confianza. Durante años se pidió a hogares y pequeñas empresas que participaran en la descarbonización. Se ofrecieron ayudas que en muchos casos llegaron tarde, se agotaron pronto o resultaron insuficientes. Aun así, mucha gente invirtió. Lo hizo por ahorro, por convicción ambiental o por ambas cosas. Ahora el sistema debe reconocer que esos pequeños productores forman parte del mercado.
El pequeño productor solar no resolverá por sí solo el problema energético. Pero sí representa algo importante: ciudadanos que han puesto capital propio al servicio de una transformación que el país necesita. Si producen energía útil, merecen una compensación clara, justa y transparente. La transición energética no puede construirse sobre la confianza de los pequeños y el margen de los grandes.
El 30% de la energía solar española merece un trato más justo.