Hace algunos días, revisando unos posts escritos en mi blog, me topé con uno titulado “5 medidas de impacto” y publicado en 2013. En él afirmaba que, sin inspirarme específicamente en otros autores, iba a “proponer algunas medidas que, a pesar de su relativa sencillez, podían suponer impactos que ayudasen a generar nuevas dinámicas de cambio en un entorno social que, digámoslo con franqueza, no explota pero que está a punto de hacerlo”.

Han transcurrido 12 años y, en la línea del mensaje reciente de CaixaBank “lo imposible es solo un poco más difícil que las cosas difíciles”, es evidente que nada ha explotado, aunque en algunos aspectos estemos yendo claramente hacia atrás. Mientras la situación política sigue estancada –aunque con elementos incluso más preocupantes que los que vivíamos en 2013–, muchos han renunciado en estos inicios de año a proponer sus “medidas imposibles”.

Por mi parte, deciros que en este 2026 me atrevo a sugerir las mismas cinco medidas (además de una sexta adicional) que, en mi opinión, siguen teniendo los mismos elementos positivos. Esto es: que su implantación no supone grandes costes económicos, que sean lo suficientemente relevantes para generar un impacto subjetivo notorio en nuestros modelos mentales y que carezcan de efectos significativos en materia económica, social y de empleo. A modo de ejemplo muchos recordamos los males que se auguraban por la prohibición de fumar en los centros de trabajo, y ¿cuál ha sido el resultado unos años después?

En el fondo son, lamentablemente, las mismas propuestas, aunque estén tamizadas por el tiempo transcurrido. También están organizadas de forma diferente en base a la extensión de los ámbitos de aplicación. Por otra parte, en cada caso incorporo una mención a la situación que la medida pretende afrontar.

Este 2026 me atrevo a sugerir las mismas cinco medidas que en 2013 (además de una sexta adicional) que siguen teniendo los mismos elementos positivos

1) Situación: es una evidencia que tenemos a la UE en un momento de revisión sobre su valor y su continuidad. Medida: iniciar un proceso para homogeneizar los periodos electorales en el conjunto de la Unión. Estoy convencido de que muchos de los juristas que lean esta propuesta pondrán el grito en el cielo, pero no se me ocurre ninguna otra idea que pueda suponer un cambio mental relevante en el conjunto de la ciudadanía. El impacto sobre la imagen de Europa (en nuestros jóvenes fundamentalmente) sería enorme, los ahorros en términos de costes serían importantes al tiempo que resolveríamos los problemas que se producen como consecuencia de los continuos procesos electorales que dilatan y condicionan la toma de decisiones. Además, en las circunstancias geopolíticas actuales la medida daría un mensaje sobre la voluntad europea de devenir, de verdad, un contrapeso a los grandes centros de poder que se están construyendo en el siglo XXI. Me diréis que es imposible que todos los países se pongan de acuerdo con esta medida, aunque podría aplicarse el concepto de dos velocidades.

2) Situación: mantenemos un sector público cada vez más sobredimensionado y que sigue sufriendo un grave problema de eficiencia en la gestión de los recursos. Medida: reducir en un 15% los costes de todas las administraciones públicas excluyendo las inversiones y el gasto social. Otra medida simple, fácil de implementar y que no debería de suponer graves problemas de ejecución. El objetivo del 15% es relativamente prudente, pero si ponemos en ello a todo el conjunto de administraciones y empresas públicas es ambicioso. Muchos de nosotros tenemos experiencia a propósito de medidas de este tipo implementadas en el ámbito de la empresa privada. Aunque en un primer momento puedan parecer de difícil ejecución, luego resultan perfectamente ejecutables. Un ahorro que bien podría dedicarse a la gestión de políticas sociales y a las medidas siguientes.

3) Situación: seguimos manteniendo estructuras y programas formativos que generan capacidades y competencias que no son demandadas por el mercado de trabajo. Medida: incentivar la formación profesional a través de un salario social (vinculado al rendimiento escolar) a ofrecer a los estudiantes con menores niveles de renta. Todos reconocemos como evidente que tenemos un sistema educativo sobredimensionado, de forma fundamental, en la formación superior y universitaria. Una medida de este tipo supondría reducir el número de alumnos que acceden a la enseñanza universitaria merced al incremento del valor social de la formación profesional. En paralelo, la iniciativa permitiría minimizar los costes de mantenimiento de un sistema sobredimensionado y poco competitivo como el universitario de carácter público y reducir el número de titulados universitarios incapaces de encontrar oportunidades laborales adecuadas para sus niveles formativos.

4) Situación: contamos con un sistema de coberturas en materia de desempleo que no incentiva a la búsqueda por parte de las personas desempleadas. Medida: vincular la percepción de la prestación de desempleo transcurridos seis meses a la realización de trabajos en los ámbitos social o público. El debate sobre si la estructura de nuestro sistema de prestaciones por desempleo es incentivadora o no para la búsqueda de empleo, creo que ha perdido vigencia porque todos hemos terminado reconociendo que la prestación de desempleo está consolidada como un “derecho subjetivo” y que muchos de sus perceptores tardan más de seis meses en iniciar de forma activa un proceso de búsqueda. Una medida perfectamente factible y realizable.

Podemos vincular la percepción de la prestación de desempleo transcurridos seis meses a la realización de trabajos en los ámbitos social o público

5) Situación: necesitamos rediseñar nuestro modelo de vida en las grandes ciudades. Medida: habilitar un sistema de limitación de uso de los vehículos privados similar al que ya disponen los taxis (a través de su matrícula) e incrementar de forma sustancial las tasas municipales de circulación. Aunque quizá su incidencia real puede considerarse reducida, supondría sin duda un impacto subjetivo muy relevante en nuestras estructuras mentales. Es totalmente necesaria si queremos empezar a asimilar los cambios de paradigma requeridos para responder a los retos, con probabilidad ya imparables, que nos propone la gestión medioambiental y la urgencia de implementar medidas concretas en todos los niveles sobre los efectos del cambio climático.

6) Situación: nuestro nivel de conocimiento y uso de otros idiomas es muy mejorable. Medida: establecer mecanismos dirigidos a generar la obligatoriedad de que todas las series y películas se exhiban en televisión en versión original subtitulada. Es posible que ello implique algún tipo de reestructuración en un sector como el de los actores de doblaje, pero en todo caso sería un mal menor (nótese que la propuesta contempla solo que se vaya a llevar a cabo en los entornos televisivos, con lo que inclusive de forma indirecta podría llegar a beneficiar al sector del cine). Sobre el impacto mediático de la medida no hace falta comentar nada más, ¿verdad? Y en cuanto a la necesidad de mejorar el conocimiento de idiomas de todos nosotros, poco hay que decir. Por otra parte, no somos capaces de visualizar, todavía, el impacto que la IA y los sistemas de traducción automática van a tener en nuestras vidas, aunque es indiscutible que el conocimiento de idiomas es un activo cultural que deberíamos de intentar mantener y consolidar.

Podría seguir proponiendo otras iniciativas de este tipo, es indudable que algunas son de más fácil aplicación que otras. No me engaño, algunas son de difícil puesta en práctica no por las medidas en sí mismas sino porque al margen de chocar con nuestros modelos mentales y culturales se enfrentan a intereses de determinados colectivos con influencia social. Pero, ¿podemos seguir sin intentar encarar estas u otras medidas similares?