La transformación que estamos viviendo gracias a la IA es radical, pero probablemente será desigual.

Ya estamos constatando cómo hay ámbitos vitales y profesionales en los que el impacto será mayor que en otros. Los roles de gestión, la programación, el diseño gráfico, el análisis de datos, el derecho, la formación e incluso la medicina se están modificando de forma paulatina y constante. Pero también surgen nuevas profesiones y actividades. Dentro de pocos años miraremos atrás y… ¡No nos reconoceremos! 

Los retos que tenemos por delante en todos los ámbitos (como individuos, como organizaciones y como sociedad) son de órgano y no sólo están centrados en los elementos tecnológicos. Son humanos, culturales y sobre todo de modelos mentales.  Debemos tomar conciencia de ello para ser capaces de darles las respuestas adecuadas.

He aquí algunas recomendaciones que os formulo en respuesta a la pregunta: ¿Cómo prepararnos?

Experimentemos con la máxima profundidad posible. Usemos la IA y no solo para tareas simples. Aprendamos cuáles son sus fortalezas y también sus límites.

Invirtamos en acceso. Las versiones gratuitas son útiles, pero las premium ofrecen capacidades exponencialmente superiores. Es una inversión en nuestro futuro.

Los retos que tenemos por delante son humanos, culturales y sobre todo de modelos mentales.  Debemos tomar conciencia para darles las respuestas adecuadas

Repensemos nuestras actividades. No tiene sentido añadir la IA como un paso más. Rediseñemos los procesos desde el principio, preguntándonos. “¿Qué partes puedo delegar a la IA? ¿Qué partes requieren mi toque humano?”

Fomentemos la alfabetización y el aprendizaje en IA. Tanto en nuestros entornos profesionales como en los personales. Formémonos, adaptémonos, experimentemos.

Mantengamos una actitud crítica. La IA comete errores, puede alucinar, tiene sesgos. Nuestro juicio sigue siendo esencial para verificar, contextualizar y tomar las decisiones finales.

Estamos entrando en una nueva era. No será fácil. Habrá resistencias, miedos, desigualdades. Pero también oportunidades para quienes estén dispuestos a aprender, adaptarse, crear y crecer con estas nuevas herramientas. Algo grande está pasando. No es un rumor. No es una falacia. Es real. Y la mejor forma de no ser superados por ella es empezar a caminar ahora, con los ojos bien abiertos. Pero aquí es donde quiero añadir algo que me parece relevante. Esta revolución no será solo técnica. Será humana. Será ética. Será de confianza.

Porque sí, la IA puede generar código, redactar informes, diseñar interfaces, asumir parte de los roles que hoy desempeñamos como seres humanos. Pero también puede tomar decisiones opacas, perpetuar sesgos, excluir a quienes no tienen acceso. El verdadero reto no reside en lo que la IA puede hacer (porque puede hacer mucho y solamente estamos en los inicios), sino en cómo lo hace; y ahí están implícitos los conceptos de equidad, justicia, seguridad y transparencia.

La transformación será desigual. Algunos sectores se verán afectados antes. Habrá empleos que desaparezcan, otros se transformarán y otros nacerán. El futuro no está escrito. Está en nuestras manos y en las decisiones que tomemos hoy sobre cómo usamos la tecnología, cómo compartimos la información, cómo tratamos a las personas. Algo grande está pasando. Sí. Pero no es solo la IA. Es la oportunidad de construir un sistema vital más justo, más inclusivo, más humano. Donde la tecnología no reemplace al ser humano, sino que lo libere para lo que mejor sabe hacer: conectar, crear, cuidar, decidir. Debemos comprometernos y apostar por esa visión. No porque sea fácil, sino porque es necesaria.

Actuemos, colaboremos, conversemos, pensemos y probemos para que el cambio no nos venga impuesto, sino que podamos construirlo entre todos

Y en medio de todo esto está la IA. No como una amenaza, sino como una aliada. En el ámbito de la gestión de personas y el empleo, imaginemos un asistente que, con las debidas seguridades y autorización, pueda analizar un perfil profesional, detecte habilidades y competencias, formule recomendaciones formativas y facilite alternativas de empleo. No como un algoritmo frío, sino como un compañero de viaje. Eso es posible. Pero solo si construimos los cimientos con sentido.

Y eso es exactamente lo que intentamos promover desde la Fundación Ergon con la iniciativa de un Espacio de Datos sobre empleo, formación y competencias. Un entorno en el que los datos no estén atrapados en silos, sino que circulen con seguridad, respeto y propósito. Y que ofrezca funcionalidades que permitan a un individuo planificar su trayectoria profesional futura, a un orientador laboral ver el mapa real de habilidades de una persona, y con ello proponer recomendaciones, y a un reclutador/empresa acceder al talento disponible basándose en las competencias reales. Por último, que facilite el diseño y la ejecución de políticas de empleo basadas en evidencias objetivas. 

Por eso, mi llamada a la acción no es solo “usemos la IA ya”. Es: Usémosla con criterio, con ética, con propósito y transparencia. Y mi invitación es sencilla: no nos quedemos mirando; actuemos, colaboremos, conversemos, pensemos y probemos para que el cambio no nos venga impuesto, sino que podamos construirlo entre todos.