El futuro detallado como refugio corporativo
- Mookie Tenembaum
- Tokio. Viernes, 9 de octubre de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Durante décadas, el futuro fue una promesa vaga; los coches volaban en las revistas y las ciudades brillaban en dibujos sin fecha. Nadie explicaba jamás cómo ni cuándo. El porvenir era un lugar sin mapa.
La inteligencia artificial cambió esa relación. Trajo consigo un futuro con fechas, cifras y nombres propios. Las empresas hoy hablan de 2030 y de 2040, con cantidades de electricidad y de plantas concretas. Así, el futuro dejó de ser un horizonte difuso y se convirtió en un plano de ingeniería.
Ese cambio tiene una consecuencia que pocos señalan, porque cuando el futuro se vuelve detallado, sirve como refugio. Una empresa con un presente débil puede señalar ese futuro y pedir paciencia, o decir que el negocio de hoy declina, pero el mañana ya tiene fecha de apertura.
La petrolera italiana Eni encuentra que su negocio central envejece cada año que pasa. El hidrocarburo pierde terreno ante la transición energética y ante la presión regulatoria de Europa. Pero Eni encontró un futuro nuevo para señalar e invirtió en una empresa estadounidense que desarrolla reactores de fusión nuclear. Prometió una planta comercial en Europa para inicios de la década de 2040, o antes.
Durante décadas, el futuro fue una promesa vaga y el porvenir, un lugar sin mapa. La IA cambió esa relación
La fusión nuclear no es la fisión que usan las centrales actuales. La fisión rompe los átomos más pesados; por el contrario, la fusión une átomos ligeros, como hace el sol. Produce energía sin generar los residuos radiactivos de larga duración que sí produce la fisión. Ningún laboratorio del mundo logró todavía convertir ese proceso en una planta comercial rentable y la promesa sigue siendo apenas una promesa.
El interés reciente de las petroleras y las eléctricas no nace del laboratorio, sino de la demanda de electricidad. Los centros de datos que entrenan modelos de IA consumen electricidad en cantidades que ninguna red eléctrica anticipó. Las grandes tecnológicas ya invirtieron en fusión para asegurar esa energía futura. Ahora las energéticas tradicionales las siguen, atraídas por el mismo apetito.
Ahí aparece el mecanismo del refugio. Eni no solo persigue una fuente de energía; también está detrás de una narrativa que reemplace el presente incómodo por un futuro con fecha. Antes esa sustitución sonaba vaga, casi publicitaria, pero hoy suena a plan de ingeniería porque la IA impuso el hábito de hablar del futuro con precisión. Esto presta credibilidad incluso a promesas que ningún experimento probó todavía a escala comercial.
Un analista del sector nuclear advirtió que la industria tiene un historial de subestimar plazos y costos. Las grandes tecnológicas que invierten en fusión también piensan en fisión, y colocan fondos al mismo tiempo en otras tecnologías distintas. Eso sugiere que ni ellas confían en un solo camino. Esa dispersión de apuestas es una forma de reconocer, sin decirlo, que el futuro detallado sigue siendo incierto.
El peligro está en imaginar un futuro como excusa para no explicar el presente. Cuanto más detallado es el plano, más fácil resulta olvidar que todavía es una idea y no un edificio.
Las cosas como son.