Hay una escena que se repite cada septiembre en muchas empresas. El directivo vuelve de vacaciones, abre el correo electrónico, mira el WhatsApp, revisa la agenda y, en cuestión de minutos, las vacaciones parecen haber pasado hace tres meses.

Correos pendientes. Reuniones que se acumulan. Decisiones que esperaban. Problemas que nadie ha resuelto. Y una agenda que vuelve a llenarse a una velocidad sorprendente.

Ante esta situación, la reacción habitual es casi automática: ponerse al día tan rápido como sea posible. Recuperar reuniones, responder correos, tomar decisiones y volver a la velocidad habitual.

Y creo que este es precisamente uno de los grandes errores que cometemos cuando volvemos de vacaciones. Quizás deberíamos hacer exactamente lo contrario.

Lo primero que debería hacer un directivo cuando vuelve de vacaciones no es ponerse al día. Es pensar

Durante unas semanas hemos conseguido algo extraordinariamente difícil durante el resto del año: coger distancia. Hemos salido de las reuniones, de los correos, de las urgencias y de los pequeños problemas cotidianos. Y esta distancia tiene mucho valor. Nos permite observar nuestro trabajo, nuestro equipo e incluso nuestra manera de liderar desde una perspectiva diferente. El problema es que esta ventana dura muy poco. Basta con dos o tres días de reuniones para que volvamos a entrar en la misma rueda.

Por eso creo que lo primero que debería hacer un directivo cuando vuelve de vacaciones no es ponerse al día. Es pensar. Pensar, por ejemplo, qué ha pasado mientras no estaba.

¿Qué decisiones se han tomado sin él? ¿Qué problemas se han resuelto? ¿Qué proyectos han avanzado? ¿Quién ha asumido responsabilidades nuevas? ¿Qué reuniones se han podido celebrar perfectamente sin su presencia?

Y después vienen las preguntas más incómodas. ¿Qué se ha parado porque yo no estaba? ¿Cuántas personas necesitan todavía mi aprobación para avanzar? ¿Cuántas decisiones siguen dependiendo innecesariamente de mí?

Las vacaciones son un magnífico test de liderazgo. Cuando el líder desaparece unas semanas, la organización muestra cómo funciona realmente

Las vacaciones pueden ser, de hecho, un magnífico test de liderazgo. Cuando el líder desaparece unas semanas, la organización muestra cómo funciona realmente. Si todo sigue avanzando, probablemente hay autonomía, confianza y responsabilidad. Si muchas cosas quedan bloqueadas esperando que vuelva el jefe, quizás el problema no son las vacaciones. Quizás es la manera como estamos liderando.

Pero todavía hay una pregunta más difícil: ¿qué ha funcionado mejor mientras yo no estaba? No es fácil hacérsela. A los directivos nos gusta sentir que aportamos valor. Y es absolutamente normal. El problema aparece cuando confundimos aportar valor con ser imprescindibles.

Un buen líder no debería construir una organización que necesite permanentemente su intervención. Debería construir una organización capaz de tomar muchas buenas decisiones sin él. Por eso septiembre puede ser algo más que el mes de la vuelta.

Puede ser una oportunidad para mirar la agenda antes de volver a llenarla. Para preguntarnos si necesitamos todas aquellas reuniones. Si tenemos que participar en todas aquellas decisiones. Si hay responsabilidades que deberíamos delegar. Si algunas urgencias que parecían imprescindibles en julio realmente lo eran.

Quizás septiembre no debería servir solo para reanudar cosas, sino también para eliminar algunas

Y también para hacer una cosa que cuesta mucho más de lo que parece: decidir qué no queremos recuperar. No todas las rutinas merecen volver de vacaciones.

Quizás aquella reunión semanal ya no tiene sentido. Quizás aquel informe que nadie lee puede desaparecer. Quizás una decisión que siempre llegaba al CEO puede empezar a tomarla otra persona. Quizás septiembre no debería servir solo para reanudar cosas, sino también para eliminar algunas.

Volver de vacaciones con energía está bien. Volver con perspectiva es mucho mejor. Porque el verdadero error no es necesitar unos días para recuperar el ritmo. El verdadero error es volver de vacaciones y continuar exactamente igual que antes.