El derrame de la bonanza de la IA
- Mookie Tenembaum
- Cap d'Agde (Francia). Viernes, 26 de junio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Unas pocas empresas gigantes encabezan la mayor cosecha de ganancias en décadas. La buena noticia es que esa riqueza no se queda arriba, sino que baja por la pendiente y moja a casi todos.
Conviene empezar por la foto fácil. En la bolsa de Estados Unidos hay un grupo de 500 empresas grandes que funciona como termómetro de todo el mercado. Dentro de ese grupo, apenas siete compañías de tecnología valen hoy 35% del total y son nombres muy conocidos como Apple, Microsoft y Nvidia. Crecen más rápido que las demás y se llevan todos los titulares. Sin embargo, quien mira solo esa foto concluye que la prosperidad pertenece a un puñado de afortunados.
Si bien la foto es real y comprobable, resulta del todo incompleta. Existe una manera simple de medir la salud de una empresa. De cada 100 dólares que vende, se observa cuánto le queda limpio después de pagar sus costos. En el último trimestre, ese número trepó a casi 13,5 dólares para el conjunto de las 500. Es el valor más alto desde que se lleva ese registro. Las tecnológicas, otra vez, encabezan y llegan a quedarse con casi 30 de cada 100 dólares.
Pero lo más interesante no sucede en la cima porque el movimiento verdadero sucede en la ladera. Las otras 493 empresas, las que no son gigantes de la tecnología, también prosperaron. Sus ganancias crecieron a su mejor ritmo en 5 años y la diferencia que durante 3 años separó a los pocos grandes del resto del pelotón empezó a achicarse. Un banco tan prudente como Goldman Sachs calcula que para fin de 2026 esa diferencia casi desaparece.
¿Por qué baja la riqueza desde lo alto del cerro? El motivo es concreto.
Los gigantes gastan fortunas en levantar centros de datos, esos enormes galpones repletos de computadoras que hacen funcionar la IA. Ese dinero no se queda guardado dentro de sus arcas, sino que sale al mundo y se convierte en ingreso de otros. Alguien tiene que fabricar las máquinas, construir las turbinas y tender los cables. También se debe generar la electricidad que esos galpones devoran y producir los chips que la industria reclama. Caterpillar, la vieja fábrica de maquinaria pesada, tiene una expectativa de crecimiento para este año similar a la de una firma de software, y a un precio más barato. La inversión de unos pocos riega a muchos.
Unas pocas empresas encabezan la mayor cosecha de ganancias en décadas. La buena noticia es que esa riqueza baja por la pendiente y moja a casi todos
La mejora tampoco se concentra en un solo rubro de la economía. La mayoría de los grandes sectores logró resultados superiores a su propio promedio de los últimos años. La cima es de la tecnología, pero la subida se siente casi en todas partes.
Hay un dato que conviene leer dos veces, porque Goldman estima que el 50% del crecimiento de las ganancias nace del mundo de la IA. Leída al revés, la misma frase dice algo más alentador, y es que el otro 50% nace afuera, en empresas que nada tienen que ver con servidores ni con programas. Además, de los 11 grandes sectores en que suele dividirse la economía, 10 avanzaron al mismo tiempo. Esa amplitud se observa muy pocas veces.
Por otra parte, los que más ganan, en términos absolutos, son el puñado de siempre. Nadie reparte la torta en porciones perfectamente iguales. Pero la prueba del derrame no es que todos reciban lo mismo, porque está en hacia dónde corre el agua, y esta corre hacia los costados.
La historia que se cuenta es la del vértice solitario, pero pocos observan el reparto silencioso.
Las cosas como son.