Convulsiones en el panorama energético

- Anwar Zibaoui
- Barcelona. Jueves, 30 de abril de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Ha quedado claro que la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán es un conflicto global. Con repercusiones en la seguridad energética y economía mundiales, recordándonos que la interdependencia entre países permite el libre intercambio de bienes, servicios e información, pero también nos hace vulnerables ante las crisis geopolíticas.
Cuando el flujo en Ormuz es fluido, la energía se mueve y las economías crecen. Si se interrumpe, todos pagamos las consecuencias. El mundo debe actuar de forma conjunta para proteger el libre flujo de la energía y salvaguardar la estabilidad económica.
Como consecuencia de la guerra con Irán o como pretexto, los Emiratos Árabes Unidos anuncian su retirada de la OPEP y de la OPEP+. Esto no es un hecho aislado, sino una muestra más del desorden mundial, de la disminución del control y el liderazgo de la OPEP+, de la situación de la seguridad regional y la inestabilidad logística del Estrecho de Ormuz.
Esta guerra en Oriente Medio es un duro golpe, pero sus efectos globales son engañosamente lentos, y las consecuencias nos irán llegando en diferentes fases. Tras el aumento de los precios del petróleo, pronto comenzará la escasez. Y luego las intervenciones de emergencia que pueden provocar la volatilidad en los precios y desalentar la inversión en infraestructura energética y rutas comerciales, lo que profundiza a su vez la vulnerabilidad estructural en materia energética.
El mundo debe actuar de forma conjunta para proteger el libre flujo de la energía y salvaguardar la estabilidad económica
Otros sectores clave también notan las repercusiones, como les pasa a los estados del Golfo, que representan el 35% de la producción mundial de fertilizantes, el 33% de helio y el 50% de azufre.
Las economías importadoras han reaccionado con rapidez, sobre todo en Asia, destino del 80% del petróleo y derivados que transitan por el estrecho. Muchos gobiernos activaron la liberación del petróleo de sus reservas estratégicas, coordinados con otros países miembros de la Agencia Internacional de Energía.
Pero es necesario planificar soluciones a largo plazo y abordar los problemas estructurales subyacentes. Las soluciones, sean las reservas estratégicas o las restricciones a la demanda, solamente calman los mercados. Hace falta un cambio hacia la resiliencia. Diversificar rutas comerciales. Fortalecer la coordinación global. Criminalizar los ataques a las cadenas de suministro. Acelerar la inversión en energías renovables.
Hoy, se exige a los sistemas energéticos que ofrezcan seguridad, asequibilidad y sostenibilidad. Se precisa un sistema más resiliente y diversificado que inevitablemente costará más a corto plazo, pero nos hará menos vulnerables ante las crisis geopolíticas o naturales.
Parece que la próxima era del petróleo serán acuerdos bilaterales, no cárteles. Menos coordinados y más volátiles
Por tanto, hay que movilizar inversiones para infraestructuras y sistemas energéticos emergentes y promover una combinación de fuentes, proveedores y rutas de suministro mixtas. La seguridad y asequibilidad energéticas dependen de unas inversiones en energía que sustenten la seguridad económica global.
Se necesitan otras infraestructuras en oleoductos, almacenamiento y puertos que costarán miles de millones de dólares. Una carga financiera que debe repartirse entre países productores y consumidores globales para garantizar la resiliencia de los flujos comerciales a largo plazo. Algunas regiones exploran ya este modelo realizando inversiones geoestratégicas en infraestructura energética.
Sin embargo, todavía no estamos tratando con una crisis “histórica” y, aunque los mercados están bajo enormes tensiones, no se están desmoronando. Los precios reflejan la incertidumbre en los mercados de petróleo y gas, pero hay posibilidades, ya que gran parte del shock es logístico. El sistema depende demasiado de puntos fáciles de estrangular, como el estrecho de Ormuz.
Las interrupciones en el suministro tienden a ser temporales. La destrucción de la demanda puede ser más duradera y, más allá de los mercados, además, las consecuencias geopolíticas perdurarán.
No hay una solución militar para ningún conflicto, y negociar es mucho más difícil que librar una guerra, ya que suele ser lento, complejo, frustrante y exigente
Los mercados petroleros están pasando de un suministro coordinado y predecible a una producción más competitiva basada en estrategias. Parece que la próxima era del petróleo serán acuerdos bilaterales, no cárteles. Menos coordinados y más volátiles.
Las guerras y las grandes disrupciones aceleran cambios estructurales y no hay que perder tiempo esperando a ver si se reanudan las conversaciones. A los mercados solamente les importan los términos de los acuerdos y los diferentes resultados solo ajustan los flujos, los riesgos y los precios.
No hay una solución militar para ningún conflicto, y negociar es mucho más difícil que librar una guerra, ya que suele ser lento, complejo, frustrante y exigente. Pero, si se compara con el caos de la guerra y el alto coste humano, no hay mejor alternativa. No se pueden resolver todos los problemas, pero, si la diplomacia evoluciona, hasta en los conflictos más difíciles hay vías para la paz.