La caída del vasallo favorito

- Mookie Tenembaum
- Punta del Este (Uruguay). Lunes, 12 de enero de 2026. 05:30
- Actualizado: Lunes, 12 de enero de 2026. 07:01
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Cuando el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca (FE) publicó esta semana su informe advirtiendo que Estados Unidos utiliza "la coerción económica y la fuerza militar" para imponer su voluntad sobre sus propios aliados, el mundo diplomático contuvo el aliento. El titular era escandaloso. Pero para aquellos que leemos la letra pequeña de los balances corporativos y entendemos la nueva dinámica imperial de Washington, esto no fue una sorpresa, fue un grito de dolor.
El error de los analistas convencionales es pensar que esto se trata solo de bases en el Ártico o de cables submarinos. El verdadero pecado de Dinamarca, y la razón por la que siente el peso de la bota americana, es haber olvidado la primera regla de los estados vasallos: nunca puedes brillar más que Roma.
Y Dinamarca, a lomos de Novo Nordisk, cometió el error de volverse demasiado rica, demasiado indispensable y demasiado poderosa en un sector que Estados Unidos reclama para sí.
El cómplice traicionado
Para entender la magnitud de la tragedia danesa, hay que recordar quién es la víctima. Dinamarca no es un aliado cualquiera; es el "mayordomo" más fiel de la inteligencia estadounidense en Europa.
Hace apenas unos años, se destapó el escándalo de la Operación Dunhammer. Supimos entonces que el mismo servicio de inteligencia danés que hoy se queja (el FE), permitió a la NSA estadounidense conectarse a sus cables de fibra óptica para espiar a los líderes europeos, incluida la canciller alemana Angela Merkel. Dinamarca traicionó a sus vecinos para complacer al Imperio, esperando, como todo buen servidor, recibir un trato preferencial y protección eterna.
Pero la administración en Washington cambió, y con ella, la naturaleza del contrato. El servilismo en inteligencia ya no compra inmunidad económica, y la lealtad política se da por sentada; lo que ahora se exige es sumisión comercial.
El pecado de Novo Nordisk
Aquí es donde entra el verdadero conflicto. En los últimos años, la economía danesa experimentó una anomalía estadística, evitó la recesión casi exclusivamente gracias al éxito explosivo de una sola empresa, Novo Nordisk.
Con sus fármacos Ozempic y Wegovy, la farmacéutica danesa capturó el mercado mundial de la obesidad y se convirtió en la empresa más valiosa de Europa, superando al PIB de su propio país. Así, Dinamarca se volvió un gigante en el mapa económico. Y en la lógica de la "Nueva Roma", el Washington del America First, un vasallo no puede tener el monopolio de la salud metabólica.
Estados Unidos respondió con su propia artillería pesada: Eli Lilly. El gigante farmacéutico estadounidense lanzó Zepbound y Mounjaro, fármacos que compiten directamente con los daneses. Pero esta no es una competencia de libre mercado. Es una guerra asimétrica de estado contra estado.
El garrote económico
Lo que la inteligencia danesa llama eufemísticamente "uso de poder económico", en la práctica se traduce en una ofensiva brutal en tres frentes para favorecer a Eli Lilly y aplastar a Novo Nordisk:
-Proteccionismo Regulatorio: Washington utiliza la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) y otras herramientas regulatorias para forzar bajadas de precios que afectan desproporcionadamente a la empresa extranjera (Novo), mientras crea incentivos fiscales para la producción doméstica (Lilly).
-La Batalla de la Manufactura: Estados Unidos fuerza a Novo Nordisk a trasladar su producción a suelo americano (Carolina del Norte) si quiere seguir vendiendo allí. El mensaje es claro: "puedes vender tu droga aquí, pero la fabricarás aquí, pagarás impuestos aquí y la tecnología se quedará aquí". Vacían a Dinamarca de su joya industrial.
-Guerra de Relaciones Públicas y Capital: Mientras los estudios americanos (convenientemente amplificados) destacan que el fármaco de Eli Lilly es "más efectivo", el capital de Wall Street rota agresivamente hacia la empresa de Indiana, inflando su valor y dándole un "cofre de guerra" para adquisiciones que la danesa no puede igualar.
La lección para Europa
El informe del Guardian cita la preocupación por Groenlandia y el Ártico, y es cierto, son piezas del tablero. Pero la virulencia de la advertencia danesa nace de ver cómo se secuestra su economía nacional.
Los europeos, en su ingenuidad posmoderna, creen en la "alianza transatlántica" entre iguales. No entienden que el Imperio entró en una fase de consolidación de recursos. Si hay una industria estratégica, ya sean chips, inteligencia artificial o biotecnología, Roma no permitirá que una provincia periférica la domine.
Dinamarca creyó que se salvaría por haber dejado entrar a los espías americanos por la puerta trasera. Ahora descubren que, para Estados Unidos, no hay diferencia entre un competidor chino y un "amigo" europeo cuando hay trillones de dólares en juego.
El mensaje para el resto de Europa es escalofriante: si tienes algo de valor, prepárate. Porque el poder económico de Estados Unidos no se usará solo para contener a los enemigos en Pekín o Moscú, sino para disciplinar a los vasallos que se atrevan a tener demasiado éxito. Dinamarca fue la primera en decirlo en voz alta, pero no será la última en caer.
Las cosas como son