ASML, el gigante neerlandés de los semiconductores, ha protagonizado un inicio de marzo tumultuoso, con una caída en bolsa superior al 9% en los primeros días del mes que ha borrado parte de las plusvalías acumuladas desde principios de año. La compañía, que goza de un monopolio global en la fabricación de las máquinas necesarias para producir los chips más avanzados que alimentan la inteligencia artificial, se ha visto arrastrada por la tormenta geopolítica en Oriente Medio.

La escalada del conflicto bélico en Irán ha disparado los precios del petróleo a niveles no vistos en años, encendiendo las alarmas de los mercados ante el temor de una nueva ola inflacionista. En este contexto de pánico, los inversores han huido de las acciones tecnológicas, especialmente sensibles al encarecimiento de los costes energéticos y a la posible subida de tipos de interés que se derivaría. ASML, que el 28 de febrero cotizaba alrededor de los 1.450 dólares, ha visto cómo su valor se desplomaba hasta los 1.292 dólares en solo cuatro sesiones, ampliando las caídas en la apertura de inicio de esta semana.

La caída ha superado ampliamente la corrección del conjunto del sector tecnológico, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad incluso de los valores más sólidos ante los asuntos geopolíticos. La compañía holandesa ocupa una posición única en la cadena de valor de la inteligencia artificial. Sus máquinas de litografía ultravioleta extrema son imprescindibles para fabricar los chips de alto rendimiento que empresas como Nvidia y TSMC necesitan para entrenar los modelos de IA más avanzados.

Sin estas máquinas, la producción masiva de procesadores gráficos y chips de última generación sencillamente se detendría, lo que explica por qué el mercado sigue con tanta atención cualquier factor que pueda afectar a la empresa. En la era de la inteligencia artificial generativa, donde la demanda de potencia de cálculo no deja de crecer, ASML se ha convertido en una pieza estratégica y, a la vez, vulnerable.

Los efectos de las caídas

Más allá del conflicto en Irán, sobre ASML planean otras sombras que explican la magnitud de las caídas. Por un lado, la posible huelga en Samsung, uno de sus principales clientes, amenaza con paralizar parte de la producción de chips de memoria, críticos para los aceleradores de IA. Este tipo de memoria es fundamental porque trabaja conjuntamente con los procesadores gráficos para gestionar las enormes cantidades de datos que requieren los modelos de inteligencia artificial. Una parada prolongada en la producción de Samsung podría ralentizar temporalmente la demanda de nuevas máquinas de ASML y estrechar aún más la cadena de suministro global.

Por otro lado, las tensiones geopolíticas con China añaden incertidumbre al futuro de la compañía a largo plazo. Ante las restricciones norteamericanas a la exportación de tecnología avanzada, el gigante asiático ha intensificado sus esfuerzos para desarrollar una industria de semiconductores propia e independiente. Voces destacadas del sector tecnológico chino han reclamado recientemente "movilizar a todo el país" para crear una réplica local de la tecnología de ASML, un objetivo ambicioso que, si bien parece lejano a corto plazo, planta una semilla de incertidumbre sobre el dominio comercial de la compañía holandesa.

A pesar de las caídas, la compañía mantiene su hoja de ruta y continúa adelante con su programa de recompra de acciones, adquiriendo cerca de 100.000 títulos propios a finales de febrero. Este movimiento es interpretado por el mercado como una señal de confianza en la solidez del negocio y en la fortaleza de sus fundamentos a largo plazo. Mientras tanto, la compañía aún invierte en nuevas generaciones de tecnología y explora nuevos segmentos como los equipos de embalaje avanzado para aprovechar el auge de la demanda de chips de IA. Pero el corto plazo es incierto: ASML cotiza en terreno pantanoso, intentando demostrar que su monopolio tecnológico, especialmente crítico en la era de la inteligencia artificial, puede más que los temporales externos.

La combinación de crisis energética, tensiones laborales en Corea del Sur e incertidumbre geopolítica global crea un cóctel especialmente venenoso para una compañía cuya fortaleza radica precisamente en su posición central en una cadena de valor cada vez más globalizada y, por lo tanto, más expuesta a las convulsiones internacionales. El mercado espera ahora la publicación de resultados del primer trimestre, prevista para el próximo 15 de abril, para comprobar si los fundamentos de la compañía pueden resistir el embate de la tormenta.