El fraude en línea se ha convertido en la modalidad delictiva predominante a escala mundial, y la inteligencia artificial está actuando como un acelerador sin precedentes en su propagación, mientras que numerosos estados se muestran incapaces de hacer frente a esta amenaza. Esta es la principal advertencia que lanza Naciones Unidas a las puertas de la celebración de una cumbre en Viena dedicada a analizar este fenómeno, que proporciona al crimen organizado beneficios cuantificados en miles de millones de dólares anuales.
John Brandolino, director en funciones de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), ha explicado que el fraude en línea constituye actualmente la tipología delictiva con un ritmo de expansión más acelerado en numerosos países, especialmente aquellos con ingresos medios y altos. Esta tendencia alcista no muestra signos de moderación, sino que se intensifica con la incorporación de nuevas tecnologías por parte de las organizaciones criminales.
El encuentro internacional para abordar la amenaza
Ante esta situación, Viena acoge esta semana la Cumbre Global contra el Fraude, un encuentro organizado por la ONUDD e Interpol que reúne a gobiernos, compañías tecnológicas y organizaciones de la sociedad civil. El objetivo es analizar las dimensiones de esta amenaza y explorar vías de colaboración para contrarrestarla, partiendo de la premisa de que el fraude ha dejado de ser una suma de engaños aislados para convertirse en una actividad criminal transnacional perfectamente organizada.
El responsable de la ONUDD ha admitido que no existe actualmente una cifra fiable que cuantifique con precisión las pérdidas mundiales derivadas de los fraudes, aunque ha situado la magnitud en "miles y miles de millones" de dólares anuales. Esta dificultad para cifrar el fenómeno se explica, en parte, por la baja tasa de denuncias, ya que muchas víctimas optan por no reportar los hechos por vergüenza o incomodidad.
La digitalización del delito
Brandolino ha subrayado que prácticamente cualquier actividad delictiva en la actualidad atraviesa en alguna de sus fases el ámbito digital, y en el caso concreto del fraude, este componente tecnológico ya resulta predominante, con un crecimiento muy superior al de las estafas tradicionales.
Internet proporciona al crimen organizado la capacidad de captar víctimas de manera económica y rápida, y de traspasar fronteras con una facilidad que no existe en el mundo físico, donde los delitos requieren proximidad, infraestructuras locales y resultan mucho más sencillos de rastrear.
Esta característica transfronteriza del fraude en línea plantea retos adicionales para la investigación, dado que las evidencias digitales pueden estar distribuidas en múltiples jurisdicciones y los autores pueden operar desde países con legislaciones laxas o con poca capacidad para cooperar internacionalmente.
La inteligencia artificial como factor disruptivo
La inteligencia artificial se ha erigido en un elemento "muy disruptivo" en el panorama del fraude global, según Brandolino, dado que proporciona a los delincuentes herramientas para aumentar su eficacia de manera exponencial. Esta tecnología les permite ampliar el número de víctimas potenciales, operar en más idiomas y extender su alcance geográfico, a la vez que procesan datos con una rapidez inalcanzable para humanos.
Aunque el responsable de la ONUDD reconoce el peligro que representan los deepfakes y las voces clonadas, considera aún más preocupante la capacidad de la IA para industrializar las estafas mediante el envío automatizado de miles de mensajes en diferentes idiomas. Los delincuentes, ha resumido, "operan por números", y cuanto mayor es el volumen de comunicaciones enviadas, más probabilidades existen de que alguien responda y acabe cayendo en la trampa.
La debilidad de los estados ante el fenómeno
Brandolino ha insistido en que numerosos estados, especialmente aquellos en vías de desarrollo, afrontan serias dificultades para combatir este fenómeno porque no disponen de la tecnología ni de los medios necesarios. "Muchas de las herramientas que tenemos los gobiernos para cooperar son del siglo XX, y aquí estamos, en pleno siglo XXI, ante organizaciones criminales con un nivel de sofisticación muy alto", ha resumido.
Este desfase se manifiesta en las dificultades para compartir información con rapidez entre países y en la insuficiente capacidad técnica para investigar los delitos. Estas carencias se vuelven aún más evidentes en las investigaciones transnacionales, donde el fraude digital atraviesa fronteras a través de plataformas privadas y sistemas financieros complejos. "Es un delito que es cada vez más especializado, que está creciendo en volumen, y cada vez vemos más que los países no están realmente al día para poder afrontarlo", ha recalcado Brandolino.
La colaboración publicoprivada
Uno de los objetivos prioritarios de la cumbre es mejorar la cooperación, no únicamente entre estados, sino también con las compañías tecnológicas, las entidades bancarias y el sector privado. Brandolino ha destacado que las grandes tecnológicas y las entidades financieras disponen, en muchos casos, de más información en tiempo real que los propios estados sobre perfiles falsos, páginas web fraudulentas, transferencias sospechosas o patrones emergentes de estafa.
Estas empresas cuentan también con herramientas para actuar con rapidez, como la capacidad de retirar cuentas, vigilar movimientos dudosos o introducir demoras en operaciones sospechosas. Brandolino confía en que, si se mejora la cooperación entre estados y se implica más activamente al sector privado, la actividad de las redes criminales se vería afectada significativamente, con la consiguiente reducción de sus beneficios y del número de víctimas.