El Foro Mundial de Davos de este 2026 es uno de los más vibrantes de los últimos años. Con el foco puesto en Donald Trump, su amenaza de tomar Groenlandia y las relaciones con otros países, otros temas cruciales como la inteligencia artificial han perdido protagonismo. Pero en uno de los paneles de este viernes, la presidenta del FMI, Kristalina Georgieva, la del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, y otros conferenciantes han coincidido en destacar algunos riesgos de esta tecnología que cambiará el mundo. La amenaza a los trabajos más júnior, la posibilidad de que acentúe las desigualdades o el riesgo de que dañe la salud mental de los jóvenes como han hecho las redes sociales son algunos de los retos, mientras que el aumento de la productividad y del comercio parecen grandes puntos fuertes. 

Así, Lagarde ha destacado que es necesario "definir las reglas del juego de la IA" porque será "intensivo en capital, en energía y en datos". "Si no cooperamos, tendremos menos datos y menos capital y eso no nos llevará a la prosperidad de la productividad", ha dicho. Sin embargo, ha hecho gala en tono medio de broma de su condición de europea para defender la regulación. "Debemos pensar si será de código abierto o no. Es una discusión muy importante. ¿Internet ha sido un bien público? ¿Cómo se regula? ¿Cuánto necesitamos? ¿Queremos facilitar este terrible camino que han seguido las redes sociales y su terrible efecto en los niños?", se ha preguntado Lagarde. 

La dirigente del BCE ha descartado un estallido de una burbuja en Europa porque "la mayoría de proyectos de IA no son financiados con deuda". "Se debe mirar también qué tipos de deuda son. Hay una deuda que es para reformar, invertir en crecimiento sostenible y productividad", ha defendido. "La deuda soberana crecerá y no es lo suficientemente fuerte", ha alertado, en cambio, y ha querido destacar que no se trata de la cantidad de deuda pública sino de "cómo se organiza". 

Gerguieva ha alertado de que la IA mal aplicada puede "llevar el acordeón de oportunidades hacia un lugar y no hacia el otro". Ha cifrado en un 60% el número de trabajos que estarán afectados por la IA y que muchos serán "mejorados, eliminados o transformados". "Es un tsunami en el mercado laboral", ha dicho, y ha destacado que uno de cada 10 trabajos ya han sido mejorados o la gente cobra más. "Cuando ganan más, gastan más en economía local y eso hace crecer la demanda de trabajos de baja formación". En cambio, ha visto un elevado riesgo en el hecho de que "se eliminen los trabajos de nivel inicial y los jóvenes lo tengan más difícil para encontrar empleo". También ha destacado la importancia de "las barreras" y ha pedido con cierto tono irónico "poner a los europeos a cargo" de las regulaciones. "Esto va muy rápido y no sabemos cómo hacerlo seguro e inclusivo", ha dicho. 

La economista y ex ministra de Exteriores Ngozi Okonjo-Iweala se ha mostrado optimista con los beneficios de la IA en el comercio, pero ha pedido un liderazgo con "cooperación". "Ningún país debe ser el responsable de liderar solo cómo debe ser la IA", ha dicho. "Desde el mundo del comercio, la IA será beneficiosa porque reduce el coste de la logística y aumenta la productividad. Cambia la naturaleza de los bienes. Los productos tienen más información y la IA debe hacer aumentar un 40% el comercio de cara a 2040. Pero solo si es equitativa", ha sentenciado. 

Desde el punto de vista privado, el CEO de Pfizer, Albert Bourla, ha sido optimista defendiendo que "los beneficios serán más fuertes", pero ha reconocido que "necesitamos regulación". Y ha destacado que las empresas no quieren hacer el mismo trabajo con menos gente, sino mucho más trabajo con la misma gente. "Podemos hacer el trabajo con menos científicos, sí, pero no es el objetivo. Además, ha destacado que la salud es el 10% del PIB global y el 18% de los Estados Unidos y que además "hace más productivos otros sectores".