La fiebre global hacia la inteligencia artificial ha encontrado uno de sus epicentros más dinámicos y sorprendentes en China. Mientras los temores a una potencial burbuja tecnológica oscilan en los mercados occidentales, el mercado chino, impulsado por una combinación de ambición estratégica, capital paciente y un fervor inversor sin precedentes, vive una sucesión de estrenos bursátiles que reescriben las reglas del juego. Esta ola no se limita a los gigantes consagrados, sino que ha catapultado al estrellato a una serie de emergentes tecnológicos.
La chispa global del ChatGPT encendió la carrera, pero el fuego que arde hoy en los mercados chinos tiene una naturaleza propia. Desde diciembre, la atención se ha desplazado hacia una nueva generación de compañías, especializadas en los cimientos de hardware y software de la IA, que han logrado revalorizaciones de tres cifras en sus primeras jornadas de cotización.
Este fenómeno no es un ciclo aislado, sino la manifestación financiera de una transición tectónica: la determinación estratégica de Pekín para alcanzar la autosuficiencia tecnológica, especialmente en semiconductores y modelos fundamentales de IA, en plena confrontación geoestratégica con Washington. El caso paradigmático se produjo a finales de 2025, cuando Moore Threads, un fabricante de chips de IA a menudo llamado "el Nvidia chino" y fundado por un exdirectivo precisamente de la empresa californiana, protagonizó en Shanghái la segunda mayor subida del año en el continente. Su cotización se multiplicó por cinco, recaudando el equivalente a 1.131 millones de dólares y enviando un mensaje potentísimo al mundo: la capacidad china para crear alternativas viables en el corazón de la tecnología (los GPU) es ya una realidad de mercado.
El efecto contagio fue inmediato. Solo dos semanas después, MetaX, otro productor de tarjetas gráficas, debutaba también en Shanghái con una revalorización cercana al 800% sobre el precio de apertura, asegurándose 596 millones de dólares. Y, ya durante principios de 2026, la locura no dio señales de remisión. El 2 de enero, Biren Technology, fabricante de GPU, ganaba un 76% en su estreno en Hong Kong, recaudando 716 millones.
Pero el fenómeno trasciende el hardware. La pasada semana, Hong Kong fue el escenario de un triple salto cualitativo, con la llegada de los creadores de “cerebros” artificiales. Zhipu AI (+13%, 559 millones de dólares) y, sobre todo, Mini-Max, una compañía especializada en IA generativa multimodal, que vio cómo su valor se duplicaba (+109%) en su debut, captando 616 millones de dólares. Estos movimientos revelan que la confianza de los inversores se extiende a toda la cadena de valor, desde el silicio hasta los modelos de lenguaje más avanzados.
El papel de la estrategia geopolítica
En medio de esta fiesta, una ausencia resuena con fuerza: DeepSeek, la empresa creadora del modelo que impulsó el interés mundial por la IA china, permanece en un silencio estratégico. Esta decisión, interpretada como una señal de madurez y autofinanciación, subraya que la carrera no es solo para recaudar capital, sino para construir capacidades duraderas.
El trasfondo de esta ola es innegablemente geopolítico. Las tensiones comerciales y las restricciones tecnológicas estadounidenses han convertido la autosuficiencia en una prioridad de primer orden, explícitamente incluida como piedra angular del nuevo Plan Quinquenal (2026-2030). Muchas de estas compañías, como la propia Moore Threads o Zhipu AI, figuran en listas negras de Estados Unidos.
Los analistas señalan que la valoración astronómica responde a dos apuestas simultáneas: primero, la creencia de que Pekín inyectará apoyo masivo para este sector estratégico. Y segundo, la percepción de que las compañías chinas pueden explotar una ventaja decisiva: la accesibilidad. Empresas como Zhipu AI ofrecen asistentes avanzados de programación por unos 3 dólares mensuales, una fracción del coste de sus competidores occidentales como Claude (Anthropic), abriendo la puerta a una adopción masiva en mercados emergentes y a la creación de un ecosistema alternativo.
Sin embargo, las mismas compañías emergen como voces de prudencia. Moore Threads, tras su ascenso inicial del 650%, recordó a los mercados que sus cuentas continúan reflejando pérdidas sustanciales y no espera alcanzar la rentabilidad hasta 2027, una situación común en la mayoría de empresas emergentes de IA, que queman capital a un ritmo frenético en I+D y captación de talento.
Este recordatorio sirve como un correctivo necesario en un clima de exuberancia, y pone de manifiesto el riesgo inherente de apostar por compañías que, a pesar de tener un potencial revolucionario, pueden estar años sin generar beneficios. Paradójicamente, estas jóvenes compañías chinas ya han “batido” en una carrera concreta a sus gigantes rivales estadounidenses: han llegado al mercado bursátil. Tanto OpenAI (valorada en unos 500.000 millones) como Anthropic (unos 350.000 millones) permanecen en manos privadas, mientras que sus homólogas chinas ya están navegando las turbulencias y las recompensas de la cotización pública.