La inteligencia artificial es ya el núcleo de una nueva revolución industrial que puede redefinir el equilibrio económico mundial. Este fue el mensaje compartido por los participantes en la sesión "IA aplicada, robótica y el nuevo modelo industrial europeo" de la Reunión del Cercle d'Economia, donde directivos de empresas tecnológicas advirtieron de que Europa corre el riesgo de convertirse en un actor secundario frente al empuje de Estados Unidos y China.
La sensación de urgencia fue una constante durante el debate. Francesc Guim, consejero delegado de Openchip, resumió el momento actual con una frase contundente: “Estamos en una revolución industrial en toda regla”. Según explicó, la velocidad a la que avanzan las tecnologías de inteligencia artificial se ha disparado en apenas unos meses. “En el último medio año se ha acelerado todo mucho. En Estados Unidos y China van a toda velocidad y las empresas europeas están muy perdidas sobre cómo utilizar la IA”, lamentó.
La preocupación de Guim va más allá de la adopción empresarial. A su juicio, Europa afronta una dependencia tecnológica crítica. Los datos de las empresas europeas, recordó, están almacenados mayoritariamente fuera del continente y en infraestructuras controladas por compañías extranjeras. “Europa tiene un riesgo y una dependencia brutal”, advirtió.
Ante este escenario, reclamó una respuesta mucho más ambiciosa por parte de las instituciones europeas. “Es fundamental que Europa sea extremadamente agresiva en inversión. Hablamos de inversiones de miles de millones”, defendió. Para el ejecutivo, proyectos como las gigafactorías de chips son esenciales si Europa quiere recuperar soberanía tecnológica y evitar quedar definitivamente rezagada. “Debemos tener control y desarrollar tecnología propia. Necesitamos que se consuma tecnología propia para que avance”, sostuvo.
Sin embargo, Guim también lanzó un mensaje de prudencia frente a la fiebre por incorporar inteligencia artificial en cualquier proceso. “Hay que correr, pero no mucho”, señaló. A su juicio, las empresas deben identificar cuidadosamente qué usos requieren modelos avanzados y cuáles pueden resolverse con herramientas más sencillas. “Tienes que utilizar un Fórmula 1 cuando necesitas un Fórmula 1. Si le das un Fórmula 1 a todos para ir por la ciudad, no generas escalas. Es muy costoso”, ejemplificó.
Los robots y los trabajadores
La otra gran protagonista de la sesión fue la robótica humanoide. Luis Sentis, cofundador de Apptronik, dibujó un escenario en el que los robots convivirán con los trabajadores en multitud de sectores productivos. Frente a los temores sobre la destrucción de empleo, defendió que el debate debe centrarse en la adaptación de la fuerza laboral y no únicamente en la sustitución de personas.
Sentis cuestionó una de las ideas más repetidas en las discusiones sobre automatización: la supuesta incapacidad de los trabajadores para reciclarse profesionalmente. “Hay el mito de que a los trabajadores no se les puede reorientar, y no es cierto”, afirmó. En su opinión, el verdadero desafío se encuentra en la capacidad de los sistemas educativos para adaptarse a la velocidad del cambio tecnológico.
El emprendedor comparó la situación europea con la estadounidense y lamentó el estancamiento educativo del continente. “Aquí tenemos el problema de que estancamos la educación y en Estados Unidos van a lo bestia”, señaló. También destacó cómo el ecosistema norteamericano ha favorecido el desarrollo tecnológico gracias a una regulación más flexible y a una mayor disponibilidad de capital riesgo.
No obstante, Sentis también apuntó que la exuberancia inversora de los últimos años empieza a moderarse. “La burbuja se está desinflando”, aseguró, en referencia al mercado tecnológico y a determinadas expectativas generadas alrededor de la inteligencia artificial.
Su visión sobre la robótica va más allá de la industria tradicional. Como muestra de hasta qué punto la tecnología está penetrando en nuevos ámbitos, mencionó la creciente demanda de avatares digitales entre actores de Hollywood, interesados en disponer de versiones virtuales de sí mismos para usos comerciales y creativos.
La gobernanza de la IA
La tercera gran preocupación de la jornada fue la gobernanza de la inteligencia artificial. Mónica Martínez Walter, presidenta de GMV, centró su intervención en las implicaciones de seguridad y control derivadas del avance de sistemas cada vez más autónomos.
“¿Cómo aseguramos que no vamos a ser atacados por la IA? ¿Cómo mantenemos el control cuando la IA decide mucho más rápido que nosotros?”, planteó. Son preguntas que, según explicó, ya están sobre la mesa de empresas, gobiernos y organismos reguladores.
La directiva fue especialmente clara al abordar el desarrollo de sistemas militares autónomos, como los drones capaces de seleccionar y atacar objetivos sin intervención humana directa. “No podemos estar tranquilos”, advirtió. En su opinión, el debate sobre la regulación no puede producirse cuando la tecnología ya esté desplegada, sino que debe incorporarse desde la fase de diseño. “Hay que tomar las decisiones de cómo controlamos la IA y con qué principios”, defendió.
Martínez Walter también coincidió con el resto de ponentes en la necesidad de invertir más recursos para gestionar el impacto económico y social de la automatización. Si determinados trabajos pueden ser realizados por máquinas, argumentó, será imprescindible anticipar cómo se transforma el mercado laboral.