El cuarteto tecnológico que domina el ecosistema digital (Google, Amazon, Meta y Microsoft) ha puesto cifra a su ambición por liderar la nueva era de la inteligencia artificial. Las cuatro corporaciones han comunicado, en el marco de la presentación de sus resultados financieros anuales, un plan de inversiones conjunto para 2026 que oscilará entre los 532.000 y los 558.000 millones de euros, una cifra que supera ampliamente los 319.000 millones desembolsados el ejercicio anterior. Este incremento interanual, que según los cálculos de publicaciones especializadas llega hasta el 74%, no tiene precedentes en la historia reciente del sector tecnológico y sitúa el volumen de gasto de estos cuatro actores privados a la altura del presupuesto anual de gasto público de países como Suecia, Polonia o Tailandia.

El destino de este capital es inequívoco: chips especializados, servidores de alto rendimiento y, sobre todo, centros de datos. Estas infraestructuras masivas constituyen la columna vertebral física del nuevo ecosistema de inteligencia artificial y se han convertido, paradójicamente, en su principal cuello de botella. La construcción y puesta en marcha de estas instalaciones consume cantidades ingentes de recursos financieros, pero también energéticos.

El consumo eléctrico de los centros de datos se ha disparado hasta convertirse en un factor crítico, especialmente en zonas como Estados Unidos y Europa, donde el acceso a fuentes estables y suficientes de electricidad, a menudo en condiciones de transición verde, genera tensiones con las redes existentes y con las agendas climáticas de los gobiernos. A estos retos se añaden las complejidades regulatorias y logísticas para obtener permisos de construcción y conexiones a la red en plazos que los gigantes tecnológicos consideran insuficientes para absorber la demanda.

El liderazgo de Amazon

Dentro de esta estrategia colectiva, Amazon asume el papel de líder absoluto en volumen de desembolso. La compañía fundada por Jeff Bezos ha anunciado que destinará 167.000 millones de euros a gastos de capital durante 2026, una cifra que no solo supone un salto cualitativo respecto al año anterior, sino que supera ampliamente las previsiones de los analistas. La reacción del mercado, lejos de celebrar esta agresividad inversora, se tradujo en una caída de las acciones superior al 8% el pasado viernes. Los inversores, tradicionalmente refractarios a la incertidumbre, expresaron así su inquietud ante la falta de visibilidad sobre la rentabilidad de estas inversiones y el posible impacto a corto plazo sobre los márgenes de beneficio y el flujo de caja libre de la compañía. Una tímida recuperación del 1,8% el lunes siguiente no ha disipado completamente las dudas.

Alphabet, la matriz de Google, también ha puesto cifras a su compromiso con la infraestructura de IA. La corporación prevé un rango de gasto de entre 145.000 y 155.000 millones de euros, igualmente focalizado en la ampliación de centros de datos y el desarrollo de semiconductores propios. Aunque el mercado recibió el anuncio con un retroceso del entorno del 3% el pasado 4 de febrero, el valor ha continuado erosionándose ligeramente hasta cotizar un 2,7% por debajo del nivel previo a la comunicación. Las trayectorias de Meta y Microsoft reflejan matices diferentes en la percepción de los inversores. Meta ha comunicado una previsión de gasto de entre 113.000 millones, casi el doble que en 2025. Aunque el anuncio provocó una caída del 3% en la cotización del pasado 5 de febrero, el valor ha recuperado terreno con rapidez y cotiza ya un 1,2% por encima del nivel previo a la comunicación.

El mercado está respetando la visión de Meta por su capacidad de traducir las inversiones en IA en mejoras tangibles de los ingresos publicitarios, gracias a la optimización de los sistemas de recomendación y segmentación de audiencias en Facebook e Instagram. Microsoft, por su parte, prevé un gasto cercano a los 121.000 millones de euros, sin que el anuncio haya provocado movimientos especialmente pronunciados en su cotización. La compañía mantiene una posición central en el ecosistema de la IA generativa gracias a su alianza estratégica con OpenAI y a la integración de estas capacidades en su nube, una ventaja competitiva que los inversores parecen descontar favorablemente.