La inteligencia artificial se ha consolidado como una de las prioridades estratégicas para las grandes fortunas familiares, pero su presencia real en las carteras de inversión continúa siendo testimonial. Así se desprende del Informe Global sobre Family Offices, elaborado por JP Morgan y que analiza las respuestas de 333 oficinas de gestión de patrimonios familiares de 30 países, cada una con un patrimonio neto medio de 1.600 millones de dólares. A pesar de que un 65% de estas entidades manifiesta la intención de dar prioridad a la inteligencia artificial en sus decisiones de inversión, más de un 70% admite no tener actualmente ninguna exposición en infraestructuras digitales, un sector clave para el desarrollo de esta tecnología dada su dependencia de los centros de datos y del despliegue de redes avanzadas.
La geopolítica deviene, en este contexto, el principal factor de riesgo para el 64% de las family offices, una preocupación que, sin embargo, no se traduce en una búsqueda activa de activos refugio tradicionales o emergentes. El 72% de estas oficinas no tiene exposición al oro y el 89% no posee criptomonedas, lo que evidencia una preferencia clara por activos tangibles y estrategias consolidadas. La inflación, sin embargo, está modificando ligeramente este comportamiento. Las family offices más afectadas por el incremento de precios han llegado a asignar cerca del 60% de su capital a activos alternativos, veinte puntos porcentuales por encima de la media del sector, con un interés creciente por los fondos de cobertura y la inversión inmobiliaria. El informe también pone de manifiesto diferencias significativas en función de si la familia es o no propietaria de una empresa.
En este sentido, el 48% de las familias empresarias ha implantado estructuras formales de gobernanza, frente al 40% de las que no disponen de negocio propio. Esta circunstancia también influye en la percepción del riesgo: el 41% de las primeras señala los conflictos internos como una de las principales amenazas, mientras que este porcentaje se reduce al 23% entre las familias sin empresa. La planificación de la sucesión es una cuestión prioritaria para el 53% de las familias propietarias, pero el 86% del conjunto de las family offices reconoce no disponer de un plan claro para el relevo de los responsables de la toma de decisiones clave. Por otro lado, menos de la mitad de las oficinas familiares, concretamente el 48%, incluye la empresa de la familia entre sus inversiones.
En cuanto a la estructura de costos, el funcionamiento de un family office tiene un coste operativo medio anual de 3 millones de dólares, cifra que se eleva a 6,6 millones en el caso de las que gestionan activos por valor de más de 1.000 millones de dólares. Un 40% de las oficinas invierte menos de un millón de dólares anuales en gastos de gestión, mientras que un 11% supera los 7 millones. Entre el 25% y el 28% de estas partidas se destinan a servicios externos, especialmente en el ámbito jurídico, comercial y de ciberseguridad.
La subcontratación es una práctica extendida: el 80% de los family offices externaliza algún aspecto de la gestión de carteras, y más de un tercio de las que superan los 1.000 millones de dólares en activos externaliza más de la mitad. Los servicios jurídicos son los más externalizados, con un 52%, seguidos del trading y la ejecución en el mercado, con un 45%, y la ciberseguridad, con un 38%. La tecnología y la protección digital se han convertido en ejes centrales de las necesidades de servicio de estas entidades. El 32% de los family offices sitúa la ciberseguridad como su máxima prioridad, un indicador del grado de exposición y vulnerabilidad que perciben en un entorno financiero cada vez más digitalizado e interconectado.