Nada menos que 1.063.806 ahorradores han confiado la inversión en fondos mediante la gestión discrecional de carteras que les han ofrecido sus bancos tradicionales o las fintech. La cifra de dinero que mueve esta forma de invertir frente a la compra directa de fondos de inversión por parte del particular va in crescendo y a buen ritmo. Según datos de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva (Inverco) bajo esta fórmula delegada del ahorro se movieron 108.000 millones de euros a cierre de 2022, frente a un patrimonio total de los fondos de 306.151 millones.

Con datos de Inverco, el 28,1% del total de fondos se distribuyeron el pasado año a través de la gestión discrecional de carteras. Datos que evidencian el peso y la importancia que ha alcanzado esta forma de gestión, donde el cliente se limita a declarar su perfil (conservador, medio o agresivo) y el banco o la fintech le coloca en una cartera –compuesta por fondos- que tiene previamente creada y que responde a esos perfiles. Eso sí, la gestora va cambiando de fondos dentro de la cartera correspondiente de acuerdo a la evolución de los mercados.

El ahorrador a través de la gestión de carteras recibe información periódica sobre la evolución de la cartera que eligió, pero ¿sabe cómo lo están haciendo otras entidades financieras con su gestión en un perfil comparable? La respuesta es que no, ya que no se publican los datos de rentabilidad que indicarían quién está gestionando mejor o peor las carteras, a diferencia con lo que ocurre con los fondos de inversión que tienen una valoración diaria que se puede consultar por numerosos canales. Así, un tercio del negocio de particulares de la inversión colectiva carece de la suficiente transparencia para que el ahorrador pueda elegir otra gestora que lo esté haciendo mejor (aunque rentabilidades pasadas no implican rentabilidades futuras). Una situación que deja cautivo al ahorrador en su producto de carteras al no poder compararlo.

Los bancos son muy poco transparentes sobre la marcha de sus carteras de gestión discrecional y únicamente facilitan datos del volumen de dinero que mueven con este producto, pero no del dinero que hacen ganar o perder con su gestión y con la evolución de los mercados. En las fintech, casi todas dedicadas a gestión de carteras utilizando fondos indexados y de bajo coste, sí es habitual que en sus páginas web ofrezcan datos del comportamiento de sus carteras por perfiles. El ahorrador puede optar porque su cartera esté formada por fondos indexados (evolucionan de acuerdo con los índices de las bolsas, renta fija, materias primas, etcétera) o con fondos activos, -gestionados por analistas-, en distintas clases de activos, o por una mezcla de ambos, al criterio de su banco. Lo normal es que la gestión indexada resulte más económica al ahorrador que la realizada por expertos.

CaixaBank lidera

En el mercado español, Caixabank lidera la gestión de carteras en cuanto a volumen y a cierre del pasado año movía 43.722 millones de euros, seguido de lejos por BBVA con 16.945 millones y por Banco Santander con 14.870 millones. Kutxabank también destaca con 10.121 millones, y le siguen de lejos Ibercaja (4.066 milones) y Banco Sabadell (3.035 millones).

Una característica de la gestión de carteras es un doble coste frente a invertir directamente en fondos. De una parte, se paga la gestión de la cartera y, de otra, se abonan también las comisiones a los fondos de inversión en los que invierte. Además, pueden ser fondos del propio grupo financiero por lo que tiene una ganancia doble: las comisiones de sus fondos y la que percibe por la gestión de la cartera. No obstante, es habitual que en esta gestión discrecional se usen también fondos de otras gestoras nacionales e internacionales y, además, los fondos donde se invierte suele ser de las modalidades que menos comisiones cobran. Así, en un estudio de la OCU destacan los aspectos menos positivos de esta fórmula de inversión como es, a su entender, un coste elevado o la utilización de fondos de la propia gestora “donde canalizan las inversiones a través de fondos del propio banco creados para dar cobertura a este servicio” (las denominadas clases cartera que, no obstante, tienen comisiones más bajas que si se adquieren de forma directa).

La importancia de los costes

También desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) recuerdan que esta gestión discrecional de carteras tiene un coste independiente al intrínseco de los propios fondos.  Y aquí, las diferencias son muy notables. En general, las carteras gestionadas mediante algoritmos son más baratas, frente a aquellas en la que la elección la hacen analistas.

Dentro de la gestión de carteras es muy habitual cobrar una comisión de éxito que oscila entre el 9% y el 10% y que se aplica únicamente sobre las ganancias obtenidas. Por tanto, cuanto no hay rendimientos, la gestora no percibe ninguna comisión, salvo la anual de gestión y la correspondiente a la depositaría. Esta fórmula de cobro adicional por éxito es muy ocasional en los fondos de inversión.

Pero esta comisión de éxito también puede ser abusiva. Si un año el ahorrador gana, al otro pierde y al siguiente vuelves a ganar con su cartera, la gestora puede cobrar dos veces por el supuesto éxito de la cartera, aunque no sea tal. De ahí nada el concepto de Marca de Agua (High-Watermark en su término anglosajón). Marca de Agua sirve para impedir que un inversor pague dos veces por la misma rentabilidad obtenida, y por tanto establece que la comisión sobre rentabilidad solo pueda aplicarse cuando el fondo está por encima de un nivel previamente alcanzado.