El sector agrario es heterogéneo. Una parte importante la forman pequeños agricultores y ganaderos que en los últimos meses se han hecho notar: el año pasado, para denunciar la precariedad; este enero, contra el acuerdo de libre comercio con Latinoamérica del Mercosur. Las empresas agrarias sufren algunos de los mismos males que los agricultores que han cortado las carreteras, pero ven ventajas en el acuerdo. Así lo detalla Baldiri Ros (Sant Boi de Llobregat, 1950), presidente del Institut Agrícola Català de Sant Isidre, la asociación del sector más antigua de España –este año celebra su 175 aniversario–, que agrupa empresas agrarias y agroalimentarias, y que también es vicepresidente de Foment del Treball y, desde hace dos semanas, patrono de la Fundación La Caixa, ya que el instituto es una de sus entidades fundadoras.

El pasado fin de semana, la presidenta la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firmó el acuerdo con Mercosur, y después el Parlamento Europeo lo envió al TJUE. ¿Cómo valora este acuerdo?
Es un buen acuerdo. Lo que pasa es que la expresión de impotencia del sector agrario catalán, español y europeo se manifiesta contra este acuerdo cuando en realidad, el gran problema lo tenemos en el Pacto Verde de la Unión Europea. No podemos confundir un acuerdo comercial, que tiene ventajas para el sector español, con las incongruencias del Pacto Verde Europeo, en el cual la burocracia es excesiva. Políticamente, es fácil canalizar el desencanto de muchos empresarios agrarios cogiendo como bandera el Mercosur. Después, cuando hablas con ellos, con los que están en las carreteras, te explican 50 problemas más. Y de Mercosur lo único que te dicen es que nos invadirán de productos.


¿No es así?
Solo entrarán 90.000 toneladas de carne de vacuno, que es un 2% de la producción europea, o 180.000 toneladas de pollo, un 1,6% del consumo de pollo en Europa. Y, en cambio, el Mercosur nos da muchas oportunidades, especialmente en sectores que en nuestro país son importantes, como el vino, el cava, el aceite, el porcino... Después, la afectación no es homogénea en toda Europa: a Francia la perjudica mucho porque produce soja y uno de los productos que puede que nos lleguen es la soja. En cambio en Catalunya, como que la industria de piensos para el ganado es importante, si la soja llega en mejores condiciones, será beneficiosa. El Mercosur, si se lee con seriedad y con profesionalidad, no es un enemigo, es una oportunidad de mejorar.

Habla de oportunidad, dice que tiene ventajas... ¿Cuáles?
La cantidad de producto que nos entrará está pautada en el tiempo, no será de hoy para mañana. Además, hay medidas de protección, porque si cualquier importación que venga de estos países afecta gravemente al mercado, la Unión Europea puede actuar. La Unión Europea ha hecho una dotación económica de 1.000 millones de euros, porque habrá sectores que estarán muy afectados. Pero si el enemigo tiene que ser Mercosur, estamos confundiendo economía con nostalgia. El proteccionismo nos cierra puertas, no nos abre. Por lo tanto, tenemos que tener la visión abierta, mirar exactamente en qué productos nos afecta negativamente, que no son demasiados, y cuáles nos afectan positivamente. El vino, el aceite o el porcino son productos que realmente saldrán beneficiados de este acuerdo.

¿Cómo?
Si quitan aranceles del 10% al aceite y del 35% al vino, la competitividad que adquirirán estos sectores en estos países es brutal. Estamos aumentando un mercado de 300 millones de ciudadanos. Y más con las dificultades que tenemos con los Estados Unidos, aunque no todo es negativo. Por ejemplo el cava, con los aranceles sale beneficiado porque son más caros el champán que el cava y en los Estados Unidos hay una tendencia a sustituir el champán por el cava. Yo soy de los que cree que de las dificultades debemos buscar las ventajas.


Dice que el problema real es el Pacto Verde de la Unión Europea. ¿Por qué?
Absolutamente, porque Europa ha legislado sobre este mundo pensando que el territorio es un jardín, y no, el territorio es un elemento que debe formar parte del paisaje, pero debe ser competitivo y económicamente viable. Si perdemos la autonomía productiva estamos perdidos.

El problema con las importaciones, vengan de donde vengan, es que entran a precios más bajos porque las exigencias son inferiores. ¿Qué hay que hacer para resolverlo? ¿Hay que exigir lo mismo o relajar requisitos aquí?
Lo mismo que tenemos nosotros es imposible. Lo que sí hay que exigir son las condiciones fitosanitarias, las condiciones laborales –evidentemente los sueldos son más baratos, pero deben tener condiciones laborales dignas–, y poco más. Y nosotros, ser competitivos.

Entrevista Baldiri Ros, President Institut Agrícola Català de Sant Isidre / Foto: Carlos Baglietto

¿Y esto se puede controlar?
Se debe poder controlar. Seguramente no se ponen suficientes medios. Un acuerdo comercial significa cumplimiento de normas, porque las normas sanitarias y fitosanitarias que tenemos nosotros las deben tener ellos. Las cláusulas espejo, es decir, convertir la manera de producir de estos países exactamente en lo que tenemos en Europa, eso es imposible. Europa ha adoptado una política de bienestar animal, de medio ambiente, de producción, que ha sido la que políticamente han querido. No siempre han acertado, porque con la política de bienestar animal, aunque se deba respetar, a veces nos pasamos en condiciones. Yo diría que hay animales que viven mejor que personas. Entonces debemos ser conscientes y racionales a la hora de tomar decisiones.

¿Cómo se puede controlar?
Teóricamente hay un organismo, por el que todos los productos que entran deben pasar. Pero para que se pueda hacer un control serio, debe estar dotado económicamente y en personas. Esto es fundamental, porque no debemos estar cerrados, pero tampoco debemos estar pacientemente soportando que pueda entrar lo que quieran y de la manera que quieran, porque es peligroso, porque nos pueden entrar enfermedades.


Se ha referido varias veces a la estricta normativa europea. ¿Qué se debería cambiar?
Simplificarla. Hay tantas normas que necesitas un gestor al lado para rellenar documentación. En la era de la digitalización, todo esto se puede simplificar, y no se simplifica. Pongo el ejemplo de una norma que es muy pequeña pero es absurda: antes, cuando se acababa de cosechar el cereal, se trabajaba la tierra para evitar incendios. Ahora no se puede trabajar la tierra porque, si no, pierdes unas ayudas ecoambientales. Por lo tanto, si hay un incendio, atraviesa el campo. Hemos tenido el incendio de la Segarra, que nadie habla de él pero hubo dos muertos. Hay muchas trabas para hacer talas en el bosque, para generar un mosaico que impida que el fuego se extienda sin control de norte a sur, pastos... Todas estas cosas tan sencillas y de sentido común, no se hacen. O el problema de las ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) en el Baix Llobregat. No tiene sentido. Hay una serie de personas que, en un lugar donde hay un gran aeropuerto, quieren hacer un paraíso de las aves, que es el enemigo número 1 del avión.

Presentaron un contencioso administrativo contra la ZEPA del Delta del Llobregat. ¿Por qué?
Nosotros consideramos que no es bueno, y hay dos defectos de forma. Uno es que superaron el período administrativo para tramitar el proyecto y el otro es que añadieron zonas que no estuvieron expuestas a exposición pública. Trabajar en una zona protegida por una ZEPA, sobre todo con huerta, es prácticamente imposible.

“A veces las medidas que se toman desde Europa o los propios gobiernos están basadas en una visión urbana. Han legislado pensando que el territorio es un jardín”

¿Por qué dificulta el trabajo de los agricultores?
¡No lo dificulta, lo impide! El regadío no es compatible con una ZEPA. Dificulta que se hagan invernaderos, sobre todo de alta tecnología, que son invernaderos mucho más altos que permiten ahorrar energía. Es decir, es una zona muerta, como está muerta la zona del canal del Segarra Garrigues. Las 40.000 hectáreas que se declararon como zona ZEPA, económicamente están muertas.

Sufrimos dos crisis a nivel ganadero: la gripe aviar y la peste porcina. ¿Por qué ha sucedido esto?
Con la peste porcina se ha hecho un buen trabajo desde el Departament d'Agricultura. Aprendimos mucho de la peste de 2008 y se ha controlado muy bien, y la protección de las granjas ha funcionado y afortunadamente no ha traspasado la peste a ninguna granja. Es una consecuencia de medidas, como que no se puede cazar. Que tenga que venir la UME a cazar... La invasión del jabalí es brutal. Después está la gente que tiene el cerdo vietnamita como mascota, que lo suelta y se mezcla también con el jabalí. Ahora estamos trabajando en una política de caza, porque la tenemos que recuperar. Catalunya ha sido una zona donde la caza ha estado un poco mal vista, y es un elemento fundamental para el equilibrio del territorio. La crisis de la gripe aviar es una consecuencia de que las gallinas tienen que ser felices, tienen que vivir al aire libre y, por lo tanto, están sujetas a cualquier contaminación por un ave que venga contaminada de otra zona y se ponga en contacto. Bueno, ahora las hemos tenido que confinar. A veces las medidas que se toman desde Europa o de los propios gobiernos están más basadas en visión urbana que en visión rural.


¿Cómo están los sectores? ¿Han quedado tocados?
Evidentemente esto ha perjudicado, pero no con mucha intensidad porque, repito, y no es que sea un defensor a ultranza de la administración, pero en este caso el conseller Ordeig ha trabajado muy bien en este tema, y el Gobierno también, procurando que haya países que no nos cierren. Yo he hablado con los principales productores, como Costa Brava, Vall Companys o BonÀrea, y sí, han tenido una bajada, pero no los he visto excesivamente preocupados.

¿Sale a cuenta hoy en día ser agricultor o ganadero?
Sí, y hay gente joven. Pero eso ha cambiado. Si yo quisiera hacer el mismo tipo de explotación que hacíamos con mi padre, sería una ruina. Cuando plantas una cosa, ya la tienes que tener vendida antes de plantar. Eso significa tener relaciones con el sector distribuidor, transformador, etc. Hay que buscar soluciones para que el mundo rural no quede abandonado.

“Hay animales que viven mejor que personas. La crisis de la gripe aviar es una consecuencia de que las gallinas tienen que ser felices”

¿Hay suficientes ayudas para que la juventud tome el relevo?
Se hacen ayudas para los jóvenes, pero no de la manera adecuada. Un joven cobra las ayudas y al cabo de cinco años lo deja. Hay una serie de incongruencias: ¿por qué yo le tengo que hacer un contrato de arrendamiento a mi hijo? No tiene sentido. Si ya está incorporado dentro de la empresa de su padre, no tiene ningún sentido que yo le tenga que arrendar un trozo de mi finca para que él se pueda incorporar.

Volvemos a la burocracia.
Sí. Y, después, no hay ayudas para comprar tierras.

Entrevista Baldiri Ros, President Institut Agrícola Català de Sant Isidre / Foto: Carlos Baglietto

Las ayudas, como las de la PAC, van a menos, y son vitales para la rentabilidad de muchas explotaciones. ¿Es sostenible?
No es positivo que entre un 30 y un 40% de los ingresos de una empresa agraria provengan de la PAC, pero tampoco se toman las medidas adecuadas para evitarlo, como aumentar la dimensión de la explotación, reducir burocracia, que no sea complicado hacer según qué... Te pueden subvencionar por arrancar una cosa y subvencionar por volver a plantarla, no tiene mucho sentido, no tenemos criterios. Recuerdo cuando se quiso subvencionar la retirada de vacas de leche, porque había la montaña de mantequilla, pero, por otra parte, se subvencionaba a quien ponía granjas de vacas de leche. Yo conozco casos de unos que cobraron por retirar y con el mismo dinero volvieron a montar. El problema del sector agrario o el mundo rural es estructural, no coyuntural. A veces las reclamaciones que hacemos, las hacemos a corto plazo, y no se piensa en el medio y largo plazo. Una granja con 100 vacas de leche hoy no es viable, y en cambio, mi abuelo tenía 40 vacas de leche en el Baix Llobregat y casi te diría que era millonario. Ahora la situación es diferente y nos tenemos que adaptar.

¿Cómo?
Hoy, el poder del consumidor es muy importante y los que producimos debemos ser capaces de interpretar muy bien qué nos pide el consumidor. La Unión Europea hizo una encuesta y la última pregunta era “¿Usted está dispuesto a pagar más por un producto ecológico?”. Y decían que no. El 90% del consumidor compra en los lineales de las grandes superficies. Por lo tanto, nosotros debemos pensar en producir para este 90%. ¿Que hay agricultores que ganándose la vida produciendo para el 10% restante? Por supuesto, pero no es la solución del sector.

"La gente, antes que la etiqueta con el origen, mira el precio. Va con la calculadora y cuando llega a una cantidad, acaba de comprar"

¿Y el consumidor quiere producto local?
Se tiene que hacer un estudio de porcentajes. Hay gente que sí, que está encantada de ir cada semana o cada día al mercado a comprar producto fresco, pero habitualmente, la compra se hace en el supermercado.

Pero en el supermercado también se puede mirar la etiqueta y comprar local.
Sí, pero la gente, antes que la etiqueta mira el precio. Yo siempre lo digo y la gente me riñe, pero de vez en cuando hago el ejercicio de acompañar a mi señora a comprar, no porque me entusiasme, pero yo observo lo que hace la gente. La gente muchas veces va con la calculadora en el móvil y cada vez que cogen algo, apuntan, porque cuando llega una cantidad, acaban de comprar. Yo también miro precio, ahora bien, tengo la curiosidad de mirar siempre de dónde vienen las cosas, pero no es la mayoría. Hay un perfil de consumidor al que realmente le gusta este tipo de compra, pero no es la mayoría. Ojalá fuera la mayoría, tendríamos muchos problemas resueltos. Pero no es así.

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