El mercado del crédito en España empieza a dar muestras de agotamiento. El presidente de CaixaBank, Tomás Muniesa, ha advertido este miércoles en un acto organizado por la Cambra de Comercio de Madrid que en las últimas semanas se ha empezado a notar una disminución de la demanda de préstamos, un fenómeno que atribuye directamente a la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Medio. Según Muniesa, "normalmente la incertidumbre hace que se ralentice el crecimiento", y ha situado el inicio de este cambio de tendencia en la escalada bélica que hace más de dos meses enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán.
Muniesa ha aprovechado su intervención para hacer una reflexión sobre el actual contexto geopolítico, que ha calificado de "paradoja". Tradicionalmente, ha explicado, la primera potencia mundial (Estados Unidos) siempre había querido mantener el statu quo, mientras que la potencia emergente (China) pretendía cambiarlo. En cambio, la situación actual es la inversa: Washington, bajo la administración de Donald Trump, está impulsando cambios en el orden internacional, mientras que Pekín parece querer preservar la estabilidad existente. Esta inversión de roles, según el directivo, añade una capa adicional de incertidumbre a un escenario ya de por sí complejo.
Los mercados prevén sentido común
A pesar de la gravedad de la situación, Muniesa se ha mostrado confiado en que la guerra tendrá una salida negociada en un plazo no excesivamente largo. Según su análisis, los mercados financieros, que son estructuralmente "miedosos", están descontando una resolución "rápida" del conflicto. "Cuando hay una mala noticia, los mercados lo notan un poco, pero cuando hay una buena, se lo toman muy bien y compensan hasta tres o cuatro noticias de golpe", ha razonado. Según su opinión, el comportamiento de los inversores refleja la convicción de que "el sentido común acabará imperando" y que las partes implicadas acabarán buscando una solución diplomática antes de que la escalada sea irreversible.
Sobre las consecuencias económicas de la guerra, el presidente de CaixaBank ha hecho un ejercicio de previsión. Suponiendo que el conflicto se resolviera en un plazo de tiempo "razonable", Muniesa cree que el precio del barril de petróleo se situaría alrededor de los 80 o 90 dólares, no en los 60 dólares en que cotizaba antes del estallido de las hostilidades. "Costará dos o tres años ver el petróleo por debajo de los 90 dólares", ha matizado. En otras palabras, aunque la paz vuelva a Oriente Medio, el mercado energético habrá cambiado estructuralmente, con unos precios más altos y una volatilidad mayor que en el pasado. Este escenario afectará especialmente a las economías más dependientes de la energía importada.
En este contexto, Muniesa ha señalado que España podría salir mejor parada que la media europea. El motivo es que las fuentes de suministro de petróleo y gas del Estado recurren poco por el estrecho de Ormuz, el punto neurálgico cuyo bloqueo ha disparado los precios. En cambio, países como Italia, Grecia o Turquía son mucho más vulnerables a una eventual interrupción del tráfico marítimo por el golfo Pérsico. Esta menor exposición relativa, sin embargo, no inmuniza la economía española contra los efectos globales de la crisis, especialmente los que se canalizan a través del comercio internacional y de la confianza inversora.
A pesar de que el diagnóstico de partida pueda ser menos malo para España que para otros países, Muniesa ha advertido que el riesgo mayor no está en el impacto directo del precio de la energía, sino en los llamados efectos de segunda ronda. Estos efectos son "muy difíciles de calcular porque dependen de muchas variables". Y precisamente aquí radica la gran dificultad para los bancos centrales y para las propias entidades financieras a la hora de diseñar políticas de contingencia. De momento, Muniesa ha constatado que los primeros síntomas de ralentización de la demanda de crédito ya son evidentes, y deberá vigilar de cerca su evolución en las próximas semanas.