La plataforma de moda ultrarrápida Shein prepara su esperado debut en la Bolsa de Hong Kong, que podría producirse el 1 de septiembre, según publica este viernes el diario hongkonés South China Morning Post. Aunque la empresa no ha confirmado oficialmente el calendario, el movimiento supondría el desenlace de un proceso que se ha prolongado durante años y que ha estado marcado por obstáculos regulatorios, cambios de estrategia y una creciente presión sobre su modelo de negocio.

Según la información publicada por el rotativo, la fecha prevista supone un ligero retraso respecto al 28 de agosto, que era el plazo manejado inicialmente. La apertura del periodo de reserva de acciones podría comenzar el próximo lunes, 24 de agosto, si bien tanto el calendario como otros aspectos de la operación continúan sujetos a negociación.

Entre las incógnitas pendientes figuran el tamaño definitivo de la oferta pública de venta (OPV), la valoración de la compañía y el volumen de títulos que saldrán al mercado. La documentación presentada por Shein ante la Bolsa de Hong Kong eliminó las referencias temporales habituales del folleto, ya que la empresa solicitó que parte del proceso se tramitara de forma confidencial.

Las estimaciones del mercado sitúan la valoración de la firma por debajo de los 30.000 millones de dólares, una cifra que contrasta con los 98.000 millones que alcanzó tras una ronda de financiación en 2022, cuando era considerada una de las empresas privadas más valiosas del mundo.

Según diversas informaciones publicadas por la prensa económica, la operación podría permitir a la compañía captar entre 2.000 y 3.000 millones de dólares mediante la colocación de alrededor de 342 millones de acciones.

Cambio de sede

Fundada en 2012 en la ciudad china de Nankín, Shein experimentó un crecimiento extraordinario durante la pandemia gracias al auge del comercio electrónico y a un modelo basado en producir pequeñas tiradas de prendas que se renuevan constantemente según las tendencias detectadas en internet.

En 2022, la empresa trasladó su sede a Singapur, un movimiento interpretado como un intento de reforzar su perfil internacional y facilitar una futura cotización fuera de China continental. Sin embargo, sus planes para estrenarse primero en Nueva York y posteriormente en Londres acabaron frustrándose por las exigencias regulatorias, especialmente por la necesidad de obtener la aprobación de las autoridades chinas para una empresa con una cadena de suministro profundamente vinculada a su país.

La elección de Hong Kong busca equilibrar el acceso a inversores internacionales con las exigencias de Pekín. Actualmente, Shein comercializa sus productos en alrededor de 160 mercados y fabrica la mayor parte de su producción en la provincia china de Guangdong, uno de los principales polos textiles del país.

Según datos del mercado correspondientes a 2024, Shein se situó entre los mayores minoristas de moda del mundo por volumen de ventas, compitiendo con gigantes como Nike y Adidas.

Ese crecimiento, sin embargo, ha ido acompañado de controversias. Organizaciones de derechos laborales y grupos ecologistas han cuestionado las condiciones de trabajo en parte de su cadena de suministro, el elevado impacto ambiental del modelo de moda ultrarrápida y la comercialización de productos que en algunos mercados han incumplido requisitos de seguridad.

Presión regulatoria

Además, el modelo logístico de Shein se ha encontrado con dificultades. Estados Unidos eliminó en 2025 la exención conocida como de minimis para numerosos envíos procedentes de China, una medida que permitía importar paquetes de bajo valor sin pagar determinados aranceles. La Unión Europea también ha endurecido el control sobre estas importaciones y ha planteado nuevas tasas para los pequeños paquetes llegados desde plataformas como Shein, Temu o AliExpress.

Estos cambios amenazan una de las principales ventajas competitivas de la empresa: el envío directo de productos de bajo coste desde China a los consumidores, un sistema que ha impulsado su expansión internacional, pero que ahora deberá adaptarse a un entorno regulatorio más estricto.