Un año después del corte de luz masivo que afectó al Estado el 28 de abril del año pasado, el sector de los grupos electrógenos vive un momento de expansión sin precedentes. Varias empresas del sector aseguran que desde entonces han notado un interés creciente por parte de los particulares, que ahora piden información y plantean cuestiones que antes no eran habituales.

Tanto el sector privado como el público han detectado carencias en sus sistemas a raíz del apagón y han reforzado sus instalaciones para garantizar el suministro en caso de un episodio similar. La compañía Agresa, especializada en la venta de grupos electrógenos, ha registrado un incremento de la facturación del 20%, una parte del cual es atribuible directamente al efecto del apagón.

El gerente de Agresa, con sede en Manresa, Ramon Mesas, constata a la Agència Catalana de Notícies que el sector de los grupos electrógenos va al alza y asegura que el 28 de abril del año pasado actuó como un auténtico punto de inflexión. Muchas empresas han cambiado su manera de pensar y ahora consideran que estos equipos son un elemento necesario para garantizar la continuidad de su actividad.

En el caso de Agresa, el aumento de la facturación ha elevado los ingresos hasta los ocho millones de euros. Aunque parte de este crecimiento ya venía de estrategias comerciales previas, el gerente estima que entre un 5% y un 8% es atribuible directamente al efecto del apagón. De cara a 2026, las perspectivas son aún más optimistas, ya que muchas de las decisiones que se empezaron a gestar después del corte de luz ahora se materializarán.

Los particulares muestran más interés, pero con limitaciones técnicas 

El incremento de consultas ha sido generalizado, pero con diferencias según el tipo de cliente. En el caso de los particulares, el interés se ha traducido sobre todo en demandas de información. Sin embargo, las limitaciones técnicas, como el ruido o el espacio necesario, dificultan la instalación de estos equipos en viviendas. La implantación de grupos electrógenos no es inmediata ni económica. El coste puede oscilar entre los 10.000 y los 200.000 euros, a los que hay que sumar la instalación, que requiere espacios adecuados, ventilación y una infraestructura eléctrica compleja.

Para ahorrar estos costes, existe la opción del alquiler de generadores. Una de las empresas que lo ofrece es Maquinas y Maquinas, ubicada cerca del Hospital Clínic de Barcelona. Su responsable, Jonatan García, explica que, aunque la mayor parte de los clientes que tienen son industriales, han detectado que desde el apagón hay particulares que se han interesado por sus servicios. García destaca que la gente conoce más qué es un generador y qué hace, pero aún queda mucho camino por recorrer. También señala que cada vez más les piden generadores eléctricos que no dependan de la gasolina, sobre todo en un contexto en que el combustible se ha encarecido por el impacto de la guerra en el Orient Mitjà.

Entre las diferencias observadas por tipo de cliente, Agresa asegura que el mundo empresarial y, especialmente, el sector público han dado un paso más. Uno de los ámbitos más sensibles es el sanitario. Algunos centros de atención primaria han detectado carencias en sus sistemas de emergencia y ya han empezado a reforzarlos.

Según Mesas, se han dado cuenta de que necesitan garantizar el suministro eléctrico en todo momento. El sector público se ha movido más deprisa que el privado, y hay un buen número de inversiones en marcha en esta materia. Agresa también constata un aumento de la autonomía contratada. Mientras que antes del apagón lo habitual era tener reserva para entre ocho y quince horas, ahora hay clientes que solicitan depósitos adicionales para llegar a las treinta o cuarenta horas de autonomía.

Se disparan las ventas de baterías

Más allá de los generadores, también se ha disparado el interés por incorporar baterías y sistemas de almacenamiento de energía, conocidos como backups, a las redes fotovoltaicas autónomas. Así lo asegura el socio director de Sud Renovables, Manel Romero, una empresa fundada hace veinte años en el Bages que cuenta con cerca de un centenar de trabajadores. La empresa ha multiplicado por ocho la venta de backups y por tres el número de baterías. Actualmente, el número de instalaciones con baterías es muy grande y la mayoría incorporan el sistema de backup. El detonante, según Romero, fue la impotencia de verse desconectados y no tener electricidad durante un día de sol. Aunque lo explicaban cuando lo vendían, la gente no era realmente consciente de que, en caso de quedarse sin red eléctrica, no habría suministro.

En cuanto a la facturación de Sud Renovables, antes del apagón el sector residencial representaba solo un 10% del total. Desde entonces, este porcentaje ha pasado a ser del 20%. En el sector empresarial, el interés también ha crecido, especialmente entre las pequeñas empresas que disponen de cámaras frigoríficas y que se enfrentaban a pérdidas económicas importantes si el corte se hubiera alargado en el tiempo.

Romero subraya que hay más concienciación que antes. Además, destaca un cambio normativo importante: semanas después del apagón, se habilitaron las renovables para que pudieran hacer un control de tensión y ayudar a estabilizar la red a escala general. No es que técnicamente no fuera posible, sino que la normativa hasta entonces no lo permitía. Este cambio, junto con el encarecimiento de los combustibles fósiles por el conflicto en el Oriente Medio, está empujando aún más la implantación de las energías renovables como una apuesta de futuro segura y previsible.