Catalunya mantiene una posición destacada en el ranking de competitividad del Estado, gracias a una apuesta decidida por la digitalización y la innovación. Lo recoge el Barómetro de Competitividad de la Asociación para el Progreso de la Dirección, que otorga al territorio una puntuación global de 44,95 puntos, cifra que supera la media estatal. Pero el informe, elaborado a partir de datos de organismos oficiales, también señala las asignaturas pendientes: la dimensión reducida de las empresas, la dificultad para transformar la investigación y la percepción de un entorno institucional que todavía puede mejorar.

Una de las conclusiones más contundentes del estudio es el grado de digitalización del tejido productivo catalán. El 71% de las empresas utilizan sistemas avanzados de gestión. Son cifras que dejan atrás la media estatal (60%) y que incluso superan la europea (49%). A la fotografía se añade el peso de la innovación. El gasto en I+D por parte de las empresas representa el 1% del PIB catalán, muy por encima del 0,7% del Estado y a tocar del 1,1% europeo. Y no se trata solo de dinero invertido: el 18% de las empresas declaran llevar a cabo actividades innovadoras, cuando en el Estado este porcentaje se queda en el 15%. Esto sitúa Catalunya como uno de los principales focos de innovación del país, un polo que atrae talento e inversión.

En el capítulo inversor, Catalunya también saca buena nota. La formación bruta de capital, que mide la inversión en bienes de equipo e infraestructuras, ha crecido a un ritmo del 7,6% de media, por delante del 5,4% en el Estado. Este dinamismo inversor es el reflejo de una economía que apuesta por crecer y mejorar su capacidad productiva. La productividad, visibilizada con el Valor Añadido Bruto por empresa, también es positiva: 371.220 euros, una cifra que supera la media estatal (331.419 euros) e incluso la europea (360.418 euros).

Pero el informe introduce un matiz. A pesar de este buen dato, el porcentaje de pequeñas y medianas empresas en Catalunya es inferior a la media europea. Y el peso de las empresas de alto crecimiento, aquellas que aumentan facturación y puestos de trabajo de manera sostenida, se sitúa en el 9,5%, un poco por debajo tanto del Estado como de la Unión Europea. Esto quiere decir que, aunque las empresas catalanas son productivas e invierten, les cuesta dar el salto y ganar dimensión.

La investigación no se convierte en patentes

Uno de los puntos más llamativos del informe es la escasa capacidad de transformar la investigación en patentes. A pesar del esfuerzo inversor en I+D y la intensidad innovadora, Catalunya registra solo 21 solicitudes de patentes por millón de habitantes, por debajo de la media estatal (28). Es una distancia significativa que evidencia que una parte importante de la innovación que se genera en los laboratorios y en los centros de investigación no acaba de materializarse en protección intelectual ni en productos comercializables. El problema no es nuevo, y no es exclusivo de Catalunya. En el conjunto de Europa hay una gran diferencia entre la investigación y el mercado. Pero en el caso catalán, la distancia entre la inversión y su explotación comercial se hace más evidente por el nivel de recursos destinados a I+D.

El informe sugiere que se necesitan mecanismos más eficientes para transferir el conocimiento de las universidades y los centros tecnológicos al tejido empresarial, una vía que podría desbloquear un potencial innovador que, hoy por hoy, queda latente. Más allá de los datos de empresa, el informe también pone el foco en la calidad del marco institucional. La percepción sobre la calidad de los servicios públicos, la imparcialidad administrativa y el marco regulador son aspectos en los que Catalunya tiene margen de mejora. Estos factores condicionan directamente la capacidad de las empresas para operar con agilidad y su disposición a invertir. Un entorno institucional eficiente, con una administración ágil y un marco legal estable, es un factor que las empresas valoran tanto como las infraestructuras o el capital humano.

El informe interpreta que una mejora en este ámbito podría ser un elemento clave para reducir la distancia con las regiones europeas más desarrolladas. En clave internacional, Catalunya mantiene indicadores favorables, especialmente en turismo. Con 4.829 pernoctaciones de turistas extranjeros por cada 1.000 habitantes, supera tanto la media estatal (4.464) como la europea (3.745). Una cifra que refleja la capacidad de atracción del destino catalán, pero que también recuerda la dependencia de un sector vulnerable a las crisis globales. En sostenibilidad, Catalunya presenta una intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero inferior a la media estatal y europea. Este es un activo estratégico en un contexto de creciente regulación ambiental, que puede convertirse en una ventaja competitiva en los próximos años.