La familia Sanahuja, uno de los apellidos más destacados del sector inmobiliario en Catalunya y el resto del Estado, acaba de materializar una nueva operación. Lo ha hecho a través de la sociedad Infinite Eight SL, el vehículo con el que ha desembarcado en Montgat (Maresme), para adjudicarse un terreno calificado para uso hotelero por un importe de 4,3 millones de euros. La transacción se ha cerrado en el marco de una subasta pública impulsada por el Institut Metropolità de Promoció de Sòl i Gestió Patrimonial, un organismo que forma parte del ecosistema del Área Metropolitana de Barcelona.
La oferta presentada por Infinite Eight, que ascendía a 3,6 millones de euros sin IVA, resultó suficiente para desbancar a la única competidora que llegó a la puja final: Prohabit Edison, una compañía con sede en Sabadell que plantó batalla con una propuesta que rondaba los tres millones de euros. La diferencia decantó la balanza a favor de los Sanahuja, que a partir de ahora disponen de un suelo de 5.335 metros cuadrados de superficie, sobre el cual se pueden edificar un total de 8.820 metros cuadrados por encima del nivel de la calle. Este terreno representa una oportunidad estratégica en uno de los municipios del litoral barcelonés con más escasez de nuevas parcelas disponibles para este segmento de negocio.
De la cúspide a la crisis
Para entender el alcance de esta adquisición, hay que retroceder dos décadas, cuando la familia Sanahuja llegó a escalar las primeras posiciones de los rankings de las fortunas más grandes del Estado, empujada por la vorágine especulativa de la burbuja inmobiliaria. Aquellos años dorados, sin embargo, tuvieron un final brusco con el estallido de la crisis financiera de 2008, que dio un vuelco completo a su imperio y llevó a varias de sus empresas a acogerse a concurso de acreedores.
Aquel trance no significó, sin embargo, la desaparición de su nombre del sector, sino una transformación: los Sanahuja han aprendido a moverse con más prudencia, pero sin perder nunca de vista el negocio del suelo, y lo han hecho a menudo no en solitario, sino asociándose con grandes grupos empresariales para compartir riesgos y aumentar el margen de maniobra en proyectos de gran envergadura.
La historia inversora de los Sanahuja está salpicada de operaciones que han transformado el paisaje de varias ciudades catalanas. Uno de sus proyectos más visibles es la construcción de la Illa Diagonal, el complejo de la zona alta de Barcelona que se inauguró a finales de 1993, concebido como un centro comercial que integraba también un hotel, un espacio para convenciones y oficinas. Aquel edificio, firmado por los arquitectos Rafael Moneo y Manuel de Solà-Morales, se convirtió en un referente arquitectónico y comercial de la ciudad, impulsado por la empresa Indicesa L’Illa, donde los Sanahuja tuvieron un papel decisivo.
Otro de sus grandes emblemas fue el centro comercial Las Arenas, en la plaza Espanya de Barcelona, un proyecto que abrió sus puertas en 2011 después de una rehabilitación que respetó la icónica fachada redonda de la antigua plaza de toros. Aquella operación, sin embargo, se convirtió también en un símbolo de las dificultades del sector durante la crisis: las obras se alargaron durante ocho años a causa de los tropiezos económicos del promotor, que vio cómo los plazos y los presupuestos se incrementaban mientras el entorno financiero se derrumbaba.
Además de estos dos pesos pesados, la cartera histórica de los Sanahuja incluye intervenciones tan diversas como el derribo del antiguo estadio del RCD Espanyol en Sarrià; la urbanización del antiguo hospital de Sant Joan de Déu en Les Corts, que liberó un espacio céntrico para nuevos usos; o la construcción de la Torre Millennium en Sabadell, un edificio de oficinas que marcó la silueta urbana de esta ciudad. Todas estas actuaciones dibujan un perfil de un grupo familiar que, a pesar de los tropiezos del pasado, ha mantenido la capacidad de detectar oportunidades en solares estratégicos y de tejer alianzas para hacerlas rentables.
