El polígono industrial el Bruguer, en Vic, está a punto de convertirse en el emplazamiento de una infraestructura clave para la transición energética de Osona. La empresa Catalana de Biogàs ha superado un escollo administrativo fundamental con la obtención de la licencia ambiental por parte de la Generalitat, un documento que avala la viabilidad y la sostenibilidad de su proyecto para construir una planta de digestión anaeróbica de última generación.

Este permiso abre la puerta a la fase final del itinerario burocrático, que pasa ahora por el ámbito municipal, donde el Ayuntamiento de Vic deberá emitir la licencia urbanística que autorice definitivamente la construcción de las instalaciones en el suelo industrial destinado a este uso. La capacidad prevista de la planta la sitúa como una de las instalaciones más significativas de su tipo en la zona.

Está diseñada para gestionar casi 120.000 toneladas de materia orgánica anualmente, una cifra que se desglosa en aproximadamente 100.000 toneladas de purines de origen ganadero y unas 20.000 toneladas adicionales de residuos orgánicos procedentes de la industria agroalimentaria, la restauración colectiva o la recogida selectiva municipal. Este proceso tecnológico no solo ataca un reto ambiental histórico en una comarca con una fuerte presencia agropecuaria, sino que lo convierte en una oportunidad.

Mediante la digestión controlada, estos residuos se transformarán en biogás, que después será refinado hasta alcanzar las especificaciones del gas natural, convirtiéndose así en biometano. Este combustible renovable tendrá como destino final la inyección directa a la red de gasoductos, alimentando hogares, industrias y posiblemente incluso el transporte, con una energía autóctona y limpia, contribuyendo a la independencia energética y a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

El proyecto ha sido concebido desde el principio con un compromiso explícito de mínimo impacto y máxima integración. Una de las decisiones arquitectónicas y ambientales más destacadas, resaltada tanto por la compañía como por el Ayuntamiento, es el soterramiento parcial de las estructuras principales. Esta solución innovadora no solo mejora sustancialmente el perfil paisajístico de la instalación, sino que también puede comportar beneficios acústicos y térmicos, reduciendo su huella visual en el contexto del polígono industrial y facilitando su aceptación social.

Por otro lado, la ubicación estratégica ha sido meticulosamente escogida para optimizar la logística y minimizar las molestias derivadas del transporte. La proximidad a ejes viarios de alta capacidad como el Eix Transversal (C-25) y la C-17 permitirá canalizar el tráfico de camiones que suministrarán los residuos y recogerán los subproductos por vías rápidas y alejadas de los núcleos urbanos densos. Esto reduce la congestión local, los niveles de ruido, las emisiones de partículas y los riesgos de seguridad vial dentro de la ciudad.

Más allá de su función inmediata, la planta de biogás del Bruguer representa un modelo de economía circular aplicada al territorio. Cierra el ciclo de los nutrientes, transforma un problema de gestión en un recurso energético y establece un vínculo simbiótico entre el sector primario y el sector energético.

El proyecto se alinea con los objetivos de la Unión Europea en materia de energías renovables y gestión de residuos, y sitúa Vic y la comarca de Osona en una posición de liderazgo en la implantación de soluciones prácticas para la descarbonización de la economía. La inversión supone, además, un reto tecnológico y un motor de desarrollo local, pudiendo generar actividad económica y empleo especializado, mientras contribuye a dar una respuesta sostenible y moderna a uno de los retos ambientales estructurales del territorio.