La Unión Europea atraviesa un momento crítico en materia de suministro energético a causa de las consecuencias derivadas de la guerra en Oriente Medio. Así lo ha advertido este miércoles el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, en declaraciones a los periodistas a su llegada a la reunión de ministros del sector que se celebra en Nicosia, la capital chipriota. El danés ha calificado la situación como "muy grave" y ha subrayado que la crisis que afecta a Europa es esencialmente una crisis de los combustibles de origen fósil. Esta circunstancia, ha explicado, debería servir como incentivo para acelerar la transición energética y sustituir definitivamente el petróleo, el gas y el carbón por fuentes renovables.
Jørgensen ha señalado que la escalada del conflicto en Oriente Medio ha sometido al continente a una presión sin precedentes en las últimas décadas. El cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del petróleo mundial, ha disparado los precios de la energía y ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de una economía europea todavía muy dependiente de los hidrocarburos importados. Ante este panorama, el comisario ha pedido a los Veintisiete que "redoblen los esfuerzos" para acelerar el despliegue de energías limpias y reducir la dependencia estructural de los mercados fósiles, especialmente aquellos situados en regiones inestables.
Un catálogo de buenas prácticas para reducir la demanda
Durante la reunión de Nicosia, el comisario tiene previsto presentar a los ministros un documento que recoge un conjunto de buenas prácticas e ideas destinadas a reducir tanto el consumo como la demanda de combustibles fósiles en el conjunto de la Unión. El texto, que no tiene carácter vinculante, pretende servir como hoja de ruta para que los gobiernos nacionales adopten medidas efectivas a corto plazo sin necesidad de esperar una nueva legislación europea. Entre las propuestas, según ha avanzado el mismo Jørgensen, figuran incentivos económicos para que ciudadanos y empresarios abandonen los combustibles contaminantes y se decanten por opciones renovables, así como campañas de concienciación ciudadana para reducir el derroche energético.
Preguntado por las medidas que algunos Estados miembros ya han puesto en marcha para hacer frente al encarecimiento de la energía, como las subvenciones a las facturas de la industria o las ayudas directas a los sectores más vulnerables de la población, Jørgensen ha considerado que estas políticas son "legítimas" a corto plazo. No obstante, ha añadido un matiz importante: estas intervenciones públicas deben ser "específicas y temporales". El comisario teme que el alargamiento indefinido de las ayudas pueda distorsionar el mercado interior y retrasar el imprescindible proceso de transformación del modelo energético europeo. Las subvenciones generalizadas al consumo de combustibles fósiles, ha advertido implícitamente, van en la dirección contraria a la transición ecológica que Bruselas promueve.
En su intervención ante los medios, Jørgensen ha insistido en una idea fuerza: "Lo mejor que podemos hacer por nuestros ciudadanos y nuestras industrias es hacer que los incentivos para que abandonen los combustibles fósiles y pasen a las energías renovables sean tan atractivos como sea posible". Esta declaración de intenciones refleja un cambio de estrategia respecto a las crisis energéticas anteriores.
En lugar de reaccionar con subsidios generalizados al consumo, la Comisión Europea apuesta por acelerar la sustitución de fuentes contaminantes por alternativas limpias, de manera que la misma transición ecológica se convierta en la principal herramienta para fortalecer la resiliencia comunitaria ante futuras crisis geopolíticas. La reunión de Nicosia servirá para que los ministros debatan sobre estas propuestas y comiencen a perfilar una respuesta común a una crisis que, según todas las indicaciones, no tiene apariencia de resolverse a corto plazo.