El año 2025 supuso un punto de inflexión para la movilidad eléctrica en España. Según el último Barómetro de la Electromovilidad elaborado por la Asociación de Empresas Constructoras y Vendedoras de Automóviles (ANFAC), el Estado experimentó el despliegue más intensivo de infraestructuras de recarga de carácter público desde que existe esta medida.

La red cerró el ejercicio con un registro total de 53.072 puntos de acceso, una cifra que refleja un incremento extraordinario del 37% respecto al año anterior, con la adición de 14.347 nuevos puntos. Esta aceleración, sin embargo, no está exenta de sombras significativas que dibujan un panorama complejo y asimétrico. La lectura de los números trimestrales ofrece una perspectiva más matizada. El informe también documenta que, en el momento de realizar el estudio, un total de 16.340 puntos de recarga, el 24% de toda la infraestructura pública instalada, no estaban a disposición de los conductores.

Esta cifra engloba puntos de acceso que se encuentran en mal estado, claramente fuera de servicio, o que, habiendo sido instalados, aún no han podido ser conectados a la red de distribución eléctrica por problemas burocráticos o técnicos. La consecuencia es directa: la red efectiva y utilizable por los ciudadanos queda severamente mermada. Los cálculos de la asociación son claros: si todos estos puntos funcionaran a plena capacidad, España contaría con 69.412 puntos de recarga accesibles, una cifra que cambiaría radicalmente la percepción sobre la madurez de la infraestructura.

La apuesta por la recarga ultrarrápida

En medio de este escenario mixto, destaca con fuerza positiva la evolución de los puntos de recarga rápida y ultrarrápida, considerados el verdadero motor para una transición masiva hacia el vehículo eléctrico, ya que igualan la experiencia de tiempo del repostaje tradicional. Los puntos de potencia igual o superior a 150 kW ya representan cerca del 10% del total de la red, con 5.151 unidades. Este segmento creció un formidable 58% durante 2025, con la adición de 1.896 nuevos puntos.

Dentro de esta categoría, los más potentes, los de 250 kW o más, capaces de cargar una batería en intervalos de entre diez y quince minutos, experimentaron una expansión notable. Su número aumentó en 723 unidades durante el año, alcanzando los 2.160 puntos operativos. ANFAC insiste en que el despliegue de esta infraestructura de alta potencia es esencial para convencer a los conductores acostumbrados a los vehículos de combustión, ya que elimina la llamada "angustia de autonomía" y convierte los viajes de larga distancia en una opción práctica y cómoda.

Para evaluar el progreso global, ANFAC utiliza un índice de electromovilidad que combina la penetración del vehículo electrificado y la disponibilidad de infraestructura de recarga. En el cuarto trimestre de 2025, España alcanzó una puntuación de 22,9 sobre 100. Esta cifra representa un avance significativo de 7,4 puntos respecto al mismo periodo de 2024, un progreso que permite al país acercarse, aunque lentamente, a la media europea.

La mejora se debe, en gran parte, al excelente comportamiento del indicador de penetración de vehículos electrificados (eléctricos puros e híbridos enchufables), que creció 11,2 puntos durante el año hasta situarse en 36,11 sobre 100. Según la asociación, el anuncio y la implementación del plan de ayudas a la compra Moves III durante la primavera de 2025 actuaron como un catalizador decisivo, manteniendo la cuota de mercado de estos vehículos por encima del 20% desde el mes de junio.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es el indicador de infraestructura de recarga. A pesar de avanzar 3,6 puntos hasta 13,2, su crecimiento es mucho más moderado que el de los vehículos. Esta descompensación evidencia que, si bien se están poniendo más coches eléctricos en las carreteras, el desarrollo de la red para atenderlos avanza a un ritmo inferior, un desequilibrio que puede convertirse en un cuello de botella a medio plazo.

A escala europea, la media avanzó 7,2 puntos hasta 45,8 sobre 100. Gracias a su progreso, España ha logrado recortar en cuatro puntos la distancia que la separa de esta media, alejándose así de las últimas posiciones de la clasificación. El camino, sin embargo, continúa siendo largo. El país líder, Noruega, registró el avance más espectacular, con un incremento de 23,4 puntos en su índice, demostrando que la ambición y las políticas decididas continúan marcando una diferencia abismal dentro del continente.

En conclusión, 2025 deja para España un legado de progreso innegable pero frágil. La explosión en el número de puntos de recarga, especialmente los rápidos, y el aumento de las matriculaciones son datos positivos que confirman una tendencia irreversible. Pero el alto índice de puntos no operativos actúa como un síntoma alarmante de unos posibles problemas de mantenimiento, coordinación y calidad en el despliegue. Para la transición energética, no basta con instalar infraestructura; es imperativo que esta funcione de manera fiable y omnipresente. El reto para los próximos años ya no será solo sumar números al registro, sino garantizar que cada punto instalado esté listo para recibir a los conductores, convirtiendo las promesas en una realidad tangible en todo el territorio.