El precio del petróleo Brent, de referencia en los mercados europeos, ha repuntado cerca de un 3% en las primeras horas de la jornada y se sitúa por encima de los 98 dólares por barril, después de que las autoridades iraníes desmintieran las declaraciones del presidente de los Estados Unidos sobre unas supuestas negociaciones para poner fin al conflicto. Este incremento se produce en un contexto de gran volatilidad, donde las noticias geopolíticas continúan marcando el compás de los mercados energéticos.
El barril de crudo West Texas Intermediate, de referencia en los Estados Unidos, también ha registrado una subida del 3,2% hasta los 91 dólares. Estas alzas suponen un nuevo capítulo en las oscilaciones que han caracterizado el mercado del petróleo desde el inicio de las hostilidades en Oriente Medio, y sitúan el crudo nuevamente en niveles muy por encima de los 72 dólares que marcaba antes de los ataques conjuntos de los Estados Unidos e Israel contra Irán.
La jornada previa había registrado un importante descenso de los precios después de que Donald Trump ordenara posponer durante cinco días los ataques contra centrales eléctricas iraníes y afirmara haber mantenido conversaciones sólidas con el país para explorar una posible salida negociada al conflicto. Las declaraciones del mandatario estadounidense generaron expectativas entre los inversores de una posible desescalada. No obstante, el presidente del Parlamento iraní ha salido al paso de estas afirmaciones negando rotundamente que exista ninguna negociación con la administración estadounidense.
En un mensaje difundido a través de las redes sociales, la máxima autoridad legislativa iraní ha calificado las declaraciones de Trump como un intento de manipular los mercados financieros y petroleros para salir del atasco en el que considera que se encuentran los Estados Unidos e Israel. Este desmentido ha revertido la tendencia a la baja de los precios y ha devuelto la tensión a los mercados, que ahora vuelven a descontar un escenario de conflicto prolongado sin perspectivas inmediatas de una solución negociada.
Un conflicto que se alarga y mantiene la presión
Las tensiones en el mercado del crudo viven ya su tercera semana desde el inicio de las hostilidades, un período durante el cual los precios han experimentado oscilaciones bruscas en función de las noticias sobre ataques a infraestructuras energéticas y sobre los intentos de mediación. La semana pasada, el Brent llegó a superar los 119 dólares después de que Irán atacara un complejo de gas natural licuado en Catar en respuesta a un bombardeo israelí sobre uno de los principales yacimientos de gas iraní. A estos ataques directos sobre instalaciones energéticas se suma la persistente crisis en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos del suministro energético mundial. Por este enclave estratégico circula aproximadamente una quinta parte del comercio marítimo global de petróleo, además de volúmenes significativos de gas natural licuado y fertilizantes.
La casi paralización del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha obligado a los países productores del Golfo a reducir su producción de crudo, una circunstancia que contribuye de manera directa a mantener la presión alcista sobre los precios. La incertidumbre sobre cuándo se podrá reanudar la normalidad en esta vía estratégica añade un elemento adicional de volatilidad a los mercados energéticos.
El enclave, situado entre Irán y Omán, es un paso obligado para las exportaciones de petróleo de países como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak, lo cual lo convierte en un punto crítico para la estabilidad de los suministros energéticos globales. Su situación actual de bloqueo parcial mantiene en alerta a los inversores, que temen que cualquier escalada pueda afectar aún más el flujo de crudo hacia los mercados internacionales.