El petróleo venezolano ya ha comenzado a llegar a Estados Unidos como resultado del acuerdo energético alcanzado entre Washington y North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía liderada por el empresario Alejandro Betancourt. El pasado 27 de octubre, dos buques cisterna con crudo venezolano desembarcaron en el puerto de Corpus Christi (Texas), en el primer envío de un pacto que abre una nueva etapa de cooperación energética entre ambos países. El Gobierno estadounidense destinará el petróleo a refinerías de Exxon Mobil y Citgo, en una operación que supone la primera prueba tangible de un acuerdo de gran alcance para recuperar la capacidad productiva de Venezuela.
La llegada del cargamento pone de manifiesto por qué la Administración de Donald Trump escogió a NABEP como socio operativo para desarrollar el potencial petrolero venezolano. La decisión no se basó únicamente en las reservas disponibles, sino también en la capacidad demostrada de una empresa que ha conseguido aumentar su producción mientras buena parte del sector internacional mantenía sus inversiones al margen del país.
El propio secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, defendió públicamente la elección. Durante la presentación del acuerdo, sostuvo que no basta con ofrecer buenas palabras o discursos, sino que hay que demostrar resultados. "La empresa que ha logrado mostrar resultados en Venezuela contundentes es esta", afirmó. Wright calificó el proyecto de monumental y respaldó la incorporación de NABEP por su trayectoria productiva. Por su parte, la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, destacó que la compañía había seguido produciendo incluso durante los periodos de sanciones más severas y la definió como el segundo mayor productor privado del país.
Diez veces más producción en dos años
Los argumentos de Washington encuentran respaldo en la evolución de la compañía. Según los datos difundidos por NABEP y recogidos por Bloomberg, la empresa pasó de producir unos 18.000 barriles diarios a superar los 200.000 en apenas dos años, gracias a una inversión propia cercana a los 1.000 millones de dólares. El 19 de octubre, su producción total alcanzó los 223.509 barriles equivalentes diarios.
El crecimiento contrasta con el deterioro experimentado por Petróleos de Venezuela (PDVSA), cuya capacidad productiva se ha visto lastrada durante años por la falta de inversiones, el deterioro de las instalaciones y la pérdida de personal técnico. Venezuela, que llegó a representar aproximadamente el 8% de la producción mundial de petróleo en los años setenta, aporta actualmente alrededor del 1%, según Capital Economics.
Detrás del avance de NABEP hay una estructura empresarial consolidada durante más de 15 años de actividad en el sector venezolano. La compañía cuenta con más de 5.000 empleados y una red de más de 10.000 contratistas, además de más de 30 acuerdos de aprovisionamiento local. Una implantación sobre el terreno que constituye una ventaja frente a operadores que tendrían que reconstruir desde cero sus equipos, relaciones comerciales y capacidades logísticas.
La compañía prepara, además, una nueva fase de expansión. Entre sus planes figura incorporar 60 equipos de perforación, 30 calderas de vapor y 70 máquinas pesadas. Petrozamora, su mayor proyecto activo, alcanzó el 23 de octubre un récord de producción de 115.000 barriles diarios.
Un acuerdo estratégico para ambos países
El pacto firmado el 31 de agosto contempla que NABEP asuma el control operativo de 17 campos petrolíferos, con reservas probadas estimadas en unos 65.000 millones de barriles. A cambio, Estados Unidos obtiene derechos sobre el 35% del capital de la sociedad matriz de NABEP y acceso preferente al 20% de su producción a precio de coste, además de prioridad para adquirir el resto en determinadas circunstancias.
Para Washington, la operación permite asegurar una fuente de suministro próxima geográficamente, reducir la dependencia de proveedores más alejados y reforzar la seguridad energética del hemisferio occidental. Para Venezuela, supone una vía para atraer capital, tecnología y actividad económica hacia una industria que necesita inversiones de gran magnitud.
El papel de Betancourt tampoco se limita a la gestión de los campos. Su conocimiento de la industria local y su red de contactos permiten identificar activos con potencial, detectar obstáculos operativos y acercar oportunidades de inversión a compañías independientes y de capital privado.
El primer cargamento, que llegó a Texas en poco más de una semana, frente a los más de treinta días que puede requerir el transporte desde Oriente Medio, representa así un primer resultado concreto de la colaboración. Betancourt ya ha anticipado que habrá muchos más envíos. El siguiente desafío será elevar la producción por encima del millón de barriles diarios.