La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento para España a consecuencia del conflicto desencadenado en Oriente Medio después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta del país persa. Según las nuevas proyecciones del organismo, la economía española crecerá un 2,1% este año, una décima menos de lo que se anticipaba el pasado mes de diciembre, mientras que para 2027 la expansión prevista es del 1,7%, también una décima por debajo de la anterior previsión.

A pesar de esta corrección a la baja, el recorte aplicado a España es el menos intenso entre las principales economías europeas. El PIB español continuará creciendo este año a un ritmo sustancialmente superior al de la zona euro, que ha visto recortada su previsión de expansión hasta el 0,8% en 2026 y al 1,2% en 2027. Alemania crecerá un 0,8% este año, dos décimas menos de lo previsto, mientras que Francia también lo hará al mismo ritmo, con un recorte de dos décimas. Italia, por su parte, avanzará solo un 0,4% en 2026 y un 0,6% en 2027.

El organismo señala que el conflicto en Oriente Medio pondrá a prueba la resiliencia de la economía global. Un período prolongado de precios elevados de la energía aumentará considerablemente los costes empresariales e incrementará la inflación, con consecuencias negativas para el crecimiento que contrarrestarán los efectos positivos de la inversión en tecnología y la reducción de aranceles. Las nuevas previsiones de inflación para España anticipan una subida de precios del 3% este año y del 2,2% el que viene, cifras superiores al 2,3% y el 1,8% previstos en diciembre. La inflación subyacente, que excluye el efecto de la energía y los alimentos frescos, también ha sido revisada al alza hasta el 2,7% este año y el 2,1% en 2027. A escala mundial, el organismo espera una tasa de inflación del 4% este año, muy por encima del 2,8% previsto en diciembre, mientras que para la zona euro anticipa una subida de precios del 2,6% en 2026, siete décimas más, y del 2,1% el año siguiente.

La recomendación a los bancos centrales

Ante este escenario, la OCDE recomienda a los bancos centrales mantenerse vigilantes y atentos a los cambios en el equilibrio de riesgos relacionados con la evolución económica y financiera para garantizar que las presiones inflacionistas subyacentes se contengan de manera sostenible. El organismo considera que el actual aumento de los precios mundiales de la energía, impulsado por la oferta, puede obviarse siempre que las expectativas de inflación se mantengan estables. No obstante, advierte que podría ser necesario un ajuste de la política monetaria si se observan indicios de presiones inflacionistas más generalizadas o un debilitamiento del mercado laboral. Para la zona euro, la OCDE prevé un modesto aumento de los tipos de interés oficiales en el segundo trimestre de este año para contribuir a que las expectativas de inflación se mantengan estables.

El organismo señala que las interrupciones prolongadas en el suministro energético o los rendimientos inferiores a los esperados de la inversión en inteligencia artificial podrían desencadenar una reevaluación más generalizada del riesgo en los mercados financieros, con consecuencias adversas para la demanda privada. En cuanto a las medidas de apoyo fiscal desplegadas por los gobiernos en respuesta al aumento del coste de la energía, la OCDE defiende que cualquier nueva medida discrecional debe estar bien dirigida a los hogares más necesitados y a las empresas viables, preservando los incentivos para reducir el consumo energético. Advierte que los subsidios y transferencias generalizados, las reducciones de impuestos y los topes de precios, aunque son fáciles de implementar, tendrán más gastos fiscales y debilitarán los incentivos para ahorrar energía.