Catalunya ha perdido terreno respecto a Madrid en PIB per cápita durante el último cuarto de siglo, hasta el punto de que el indicador catalán se sitúa actualmente en el 83% del madrileño. La diferencia, sin embargo, no se explica por una productividad inferior, sino principalmente por el elevado número de personas que trabajan en Madrid y residen fuera de la comunidad. Esta es la conclusión de un análisis de la Cambra de Comerç de Barcelona, que señala las limitaciones del PIB per cápita para comparar el rendimiento económico de territorios con mercados laborales que sobrepasan sus límites administrativos.
En el año 2000, el PIB per cápita catalán equivalía al 94% del madrileño. En 2025, esta proporción había bajado hasta el 83%, una reducción de once puntos porcentuales. En cambio, la productividad relativa de Catalunya se ha mantenido bastante estable en comparación con Madrid, según el estudio de la Cambra.
La principal diferencia se encuentra en la relación entre el número de personas ocupadas y la población residente. Hace 25 años, las dos comunidades presentaban tasas prácticamente idénticas: el 48,5% en Catalunya y el 48,6% en Madrid. En 2025, en cambio, la ratio catalana era del 49,5%, frente al 57,7% de Madrid. La distancia había aumentado hasta los 8,2 puntos porcentuales.
Según la Cambra, ni las diferencias en la tasa de paro ni la proporción de población activa sobre el total de habitantes explican esta divergencia. El factor determinante es la extensión del mercado laboral madrileño más allá de las fronteras autonómicas. El fenómeno se produce cuando una persona reside en una comunidad autónoma, pero trabaja en otra. Su actividad contribuye al producto interior bruto del territorio donde trabaja, mientras que, al calcular el PIB per cápita, esta persona no se incorpora a la población residente de esa comunidad.
Este efecto es especialmente relevante en Madrid, que concentra puestos de trabajo ocupados por personas que viven en territorios vecinos. De esta manera, una parte de la riqueza generada en la comunidad se divide entre una población residente que no incluye a todos los trabajadores que han contribuido a producirla.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) recogidos por la Cambra ilustran esta diferencia. En 2021, Madrid tenía 348.882 personas que trabajaban en la comunidad a pesar de residir fuera, mientras que 127.566 residentes madrileños trabajaban en otros territorios. El saldo neto era favorable a Madrid en 221.316 trabajadores.
En Catalunya, el mismo saldo era muy inferior: 104.628 personas residentes fuera trabajaban en el territorio catalán, mientras que 62.280 residentes catalanes tenían el trabajo fuera de la comunidad. La diferencia neta era de 42.348 trabajadores.
La Cambra considera que este desequilibrio ayuda a entender por qué el PIB per cápita madrileño se ha alejado del catalán sin que se haya producido una divergencia equivalente en productividad. Por lo tanto, la evolución del indicador no se debería interpretar automáticamente como una pérdida de competitividad de la economía catalana.
Por encima de la media
La pérdida relativa de posiciones también se ha producido en comparación con el conjunto del Estado, a pesar de que Catalunya mantiene un nivel de PIB per cápita superior a la media española. Según el análisis de la Cámara, el PIB per cápita catalán ha pasado de equivaler al 121% de la media española en el año 2000 al 114% en 2025. En cambio, la productividad catalana continúa alrededor del 106% de la media estatal.
En este caso, la entidad atribuye la convergencia parcial a la evolución de la proporción de población activa sobre el total de habitantes en el resto de España, que se ha ido aproximando a la catalana. La diferencia entre las dos ratios ha pasado de 3,7 puntos porcentuales en 2006 a 2,2 puntos en 2025.
Así, tanto en la comparación con Madrid como en la que se hace con el conjunto del Estado, la Cambra pone el foco en los factores demográficos y laborales que intervienen en el cálculo del PIB per cápita, más allá de la evolución estricta de la productividad.
Previsión de crecimiento
Más allá de la comparación territorial, la Cambra ha revisado al alza sus previsiones para la economía catalana. La entidad calcula que el PIB crecerá un 2,8% en 2026, tres décimas más que en la estimación anterior, y un 2% en 2027, dos décimas más de lo previsto.
La revisión responde principalmente al buen comportamiento de la actividad durante el primer semestre del año y al impulso del turismo, que ha registrado máximos de llegadas y de gasto. Según la Cambra, una parte de este dinamismo se explica por la inestabilidad geopolítica en destinos competidores.
El turismo internacional se ha convertido en uno de los principales motores de la economía catalana, en un contexto en que las exportaciones no turísticas prácticamente se han estancado. A precios constantes, el gasto de los visitantes extranjeros aumentó un 5,2% interanual en agosto, según los datos citados por la entidad.
La demanda interna seguirá siendo el principal soporte del crecimiento, aunque la Cambra prevé que pierda fuerza durante los próximos trimestres. El consumo privado podría moderarse por la persistencia de la inflación, el coste de la financiación y la evolución del mercado laboral. La inversión, por su parte, mantendría el dinamismo en 2026, favorecida por la vivienda y la fase final de ejecución de los fondos europeos Next Generation, antes de moderarse en 2027.
Inflación y vivienda
Las perspectivas de precios también han empeorado. La Cambra ha elevado la previsión de inflación hasta el 3,7% para 2026 y al 3,4% para 2027, unas tasas todavía alejadas del objetivo del 2% del Banco Central Europeo. El organismo vincula parte de esta presión a las consecuencias del conflicto en Oriente Medio, especialmente sobre los precios energéticos.
La vivienda es otro de los factores que condicionan las perspectivas económicas. La Cambra observa una evolución positiva en el ritmo de finalización de viviendas nuevas, pero alerta de que los inicios de obra siguen estancados. Esta situación limita la capacidad del sector para responder a la creación de nuevos hogares y absorber el déficit acumulado.
