El Ibex-35 ha empezado la sesión de este viernes con un retroceso del 0,7%, que le ha llevado a perder la cota de los 18.800 enteros y a situarse en los 18.730 puntos. Este descenso inicial indica que el mercado estatal ha comenzado la jornada con un tono negativo, en línea con el contexto de prudencia que se respira en los mercados financieros. La pérdida de esta referencia redonda tiene un valor simbólico para los inversores, que a menudo fijan la atención en estos niveles para valorar la fortaleza o la debilidad del mercado, y el hecho de dejarlos atrás en la apertura marca el tono de la sesión desde los primeros minutos.
Pasados los primeros instantes de la apertura, alrededor de las 9:18 horas de la mañana, el selectivo ha ampliado sus pérdidas hasta el 1,02%, y se ha colocado en los 18.662 enteros. Esta evolución muestra que el descenso no se ha limitado al momento inicial de la jornada, sino que se ha ido profundizando durante los primeros minutos de la sesión, lo que refleja la presión vendedora que ha habido en el arranque. El hecho de que las pérdidas se amplíen después de la apertura suele indicar que los inversores han aprovechado los primeros compases para reducir posiciones, y que el mal tono inicial no se ha podido revertir con el paso de los minutos.
El contexto de los mercados
La coyuntura de las bolsas sigue marcada por los acontecimientos en Oriente Próximo y por la incertidumbre en torno al conflicto y al suministro del crudo, lo que ha llevado al petróleo a situarse por encima de los 117 dólares por barril. Estos dos factores influyen en el comportamiento de los inversores, que optan por la prudencia ante la posibilidad de que la situación empeore y acabe afectando a los precios de la energía y, por extensión, a la actividad económica.
El precio del petróleo es especialmente relevante porque incide en los costes de producción y de transporte de buena parte de las empresas, y su evolución al alza acostumbra a generar preocupación entre los operadores. En los primeros compases de negociación en la Bolsa de Madrid, los mayores ascensos entre los componentes del Ibex-35 los protagonizaban Repsol, con una subida del 0,95%; Telefónica, con un 0,9%, y Logista, con un 0,8%. En el extremo opuesto, las mayores caídas en los primeros instantes de la sesión correspondían a Acerinox, con un descenso del 2,7%; CaixaBank, con un 2,1%, y ACS, con un 1,7%. La presencia de Repsol entre los valores más alcistas es coherente con el encarecimiento del crudo, que favorece a las compañías petroleras, mientras que las caídas de Acerinox, CaixaBank y ACS muestran que el tono negativo afecta también a valores industriales y financieros.
En cuanto al resto de plazas europeas, las principales bolsas cotizaban con signo mixto en los compases iniciales de la jornada. Milán abría perdiendo un 1,2%, mientras que París bajaba un 0,1% y Londres subía un 0,3%. Por su parte, Fráncfort perdía un 0,4%. Esta diversidad de comportamientos indica que la apertura no ha seguido una dirección única en Europa, y que cada mercado ha reaccionado de forma diferente según sus características y los valores que tienen más peso. El caso de Milán es el más destacado en negativo, con una caída superior al punto porcentual, mientras que Londres es la única de las grandes plazas que consigue mantenerse en positivo.
En el mercado de divisas, el euro recuperaba posiciones en su batalla frente al dólar, hasta negociarse a un tipo de cambio de 1,1196 dólares. En el mercado de deuda, el rendimiento del bono español a diez años escalaba hasta el 3,988%. Este aumento del rendimiento indica que los inversores exigen una compensación ligeramente más alta por prestar dinero al Estado español en este vencimiento, en una jornada en la que los principales indicadores han comenzado con un tono de prudencia. La combinación de un euro más fuerte y de un rendimiento de la deuda al alza dibuja un panorama en el que los inversores ajustan sus posiciones ante la incertidumbre que planea sobre los mercados.