El encarecimiento de la luz y el gas en los últimos meses, como consecuencia de las temperaturas récord, ha llevado a algunos de los socios del Gobierno, tanto de dentro de la coalición –Sumar– como externos –Podemos–, a pedir el retorno de la excepción ibérica, también conocida como el tope del gas, para que la subida de esta fuente de energía no repercuta en el precio de la electricidad. Sin embargo, sus beneficios no solo no son universales, sino que su balance es negativo tanto para los clientes como para España.
La excepción ibérica se aplicó por primera vez en 2022, para paliar la subida del precio del gas como consecuencia de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El Gobierno de Pedro Sánchez se vanaglorió de tener la luz más barata de Europa. Pero había una cara B: las eléctricas podían compensar parte del coste del gas por otras vías, lo que provocó que los clientes del mercado libre, más del 60% del mercado, terminaran pagando hasta 100 euros al mes más, según un informe de la consultora Nera.
El tope del gas beneficiaba directamente a los clientes de la tarifa regulada, menos del 40%, que se considera que tienen menos recursos, motivo por el cual los partidos de izquierda que conforman o dan apoyo al Gobierno les favorecerían, según fuentes del sector. Aunque también pagaban las compensaciones a las eléctricas, su balance era positivo, con un ahorro mensual de entre 40 y 70 euros.
Los clientes del mercado libre, en cambio, tuvieron un balance negativo. Los que tenían tarifa plana no lo pagaron inicialmente, pero sí al renovar el contrato, algo que habitualmente se hace una vez al año, y terminaron pagando entre 63 y 111 euros adicionales al mes, según los cálculos de Nera.
Este informe, que maneja el sector eléctrico, no es el único que habla de estos efectos de la excepción ibérica. De hecho, abundan: la Universidad de Columbia, investigadores de Cambridge, ESADE y The Oxford Institute for Energy Studies son algunas de las instituciones que también han constatado que el tope del gas tuvo costes para los consumidores y para el Estado.
España exportó energía barata
España tiene interconexión eléctrica con sus vecinos, no solo Portugal –ambos forman parte del sistema ibérico–, sino también con Francia y Marruecos. Con el país galo es habitual la importación y exportación de electricidad cuando hay necesidad de ello o cuando España, por su elevada producción renovable, produce más de lo que puede consumir.
En 2022, Francia duplicó la importación de electricidad de España y no fue por necesidad, sino por el bajo precio. De esta manera, se benefició de una rebaja que pagaban los consumidores españoles en su factura. Según los cálculos de Nera, el beneficio francés fue de 800 millones de euros, mientras que el de Marruecos fue de 575 millones. En total, España regaló más de 1.900 millones de euros a sus vecinos en energía barata entre 2022 y 2023.
La tercera de las consecuencias de la excepción ibérica de la que hablan los informes es respecto a las emisiones de CO₂. El tope al precio del gas provocó, por un lado, que se incrementara el consumo de electricidad y, por el otro, que el sistema se alimentara con más gas. Las emisiones de dicha producción dispararon las emisiones en cerca de un millón de toneladas de CO₂, un 2,5% más de las que se estima que se habrían producido sin la excepción ibérica.
Las energéticas, en contra de la excepción ibérica
El sector energético en bloque se opone a que se vuelva a aplicar de nuevo esta medida porque considera probado que fue perjudicial y teme que sea una medida electoral de Sánchez y los partidos a la izquierda del PSOE de cara a un 2027 en el que se celebrarán elecciones municipales, algunas autonómicas y, especialmente, generales.
“Hay que explicar bien qué significa recuperar la excepción ibérica: el mecanismo supone que una parte muy mayoritaria de los consumidores, los que están en el mercado libre y en gran medida a precio fijo, asuman un mayor coste para reducir el precio de los consumidores directamente expuestos al mercado”, ha asegurado recientemente la presidenta de la patronal de las eléctricas, Aelec, Marina Serrano.
También remarcan que la situación difiere mucho de la que se produjo hace cuatro años, cuando el impacto en el gas era directo por el fin del suministro por parte de Ucrania y Rusia, y porque el peso de las centrales de ciclo combinado en la producción en España era mayor que ahora, cuando las renovables ya superan el 50% de generación.
El precio del gas y de la luz tampoco ha llegado a los niveles de 2022, si bien se han disparado en los últimos meses. El del gas se mueve este mes alrededor de los 75 euros el megavatio/hora, 30 euros más que en abril y más del doble que hace un año, mientras que la electricidad cotiza en el mercado mayorista a unos 120 euros el megavatio/hora, el triple que en abril y casi el doble que hace un año. En 2022, la luz llegó a superar los 500 euros en un día y el mes más caro, marzo, se acercó a los 300 de media, mientras que el gas se llegó a pagar a más de 200 euros.