Encender el aire acondicionado durante horas no tiene por qué disparar la factura de la luz. De hecho, el coste real depende mucho más de las características de cada vivienda y del propio aparato, que del tiempo en uso. Hay varios factores que determinan cuánto consume un equipo de climatización. El primero es el tipo de aire acondicionado y su eficiencia energética. Pero no es el único. También influyen la orientación de la vivienda, las horas de exposición directa al sol, la temperatura exterior y, especialmente, el aislamiento del inmueble.

Y aquí puede estar una de las grandes diferencias. Dos viviendas de dimensiones similares pueden tener consumos muy distintos si una está bien aislada y la otra recibe sol durante buena parte del día o pierde con facilidad el frío generado por el aparato. En una casa con malas condiciones térmicas, el aire acondicionado tendrá que trabajar durante más tiempo y con mayor intensidad para mantener la temperatura deseada.

Así lo explica el asesor de climatización Pablo García en un video donde pone como referencia un equipo con una potencia de unos 2.500 W funcionando entre 7 y 8 horas seguidas. En esas condiciones, el consumo podría situarse aproximadamente entre 5 y 7 kWh al día.

¿Y cuánto dinero supone eso? Dependiendo de la tarifa eléctrica contratada, el gasto puede quedarse en menos de un euro al día. Eso sí, se trata únicamente de una estimación. No todos los aparatos consumen lo mismo ni funcionan de manera constante a su máxima potencia. Tampoco todas las viviendas necesitan el mismo esfuerzo de refrigeración. 

La forma más precisa de calcular el coste consiste en tener en cuenta la potencia real del equipo, las horas de funcionamiento y el precio que se paga por cada kWh. A partir de ahí, cada usuario puede obtener una estimación mucho más ajustada a su situación.

El aire acondicionado no siempre funciona a máxima potencia

Una de las claves para entender el consumo actual de estos equipos está en la tecnología. A diferencia de los sistemas más antiguos, que básicamente funcionan a máxima potencia o se apagan, los equipos inverter pueden adaptar el funcionamiento del compresor a las necesidades de cada momento. Esto significa que, una vez alcanzada la temperatura seleccionada, el aparato puede reducir su esfuerzo para mantenerla sin necesidad de trabajar continuamente al máximo. En determinadas circunstancias, esta tecnología permite reducir de forma considerable el consumo.

También pueden ayudar los llamados modos inteligentes. Algunos aparatos incorporan sensores de presencia capaces de detectar si hay personas en la habitación, mientras que otros cuentan con funciones específicas de ahorro o modo económico.

Según García, estas funciones pueden llegar a reducir el consumo eléctrico entre un 30% y un 40%, especialmente cuando el aire acondicionado permanece encendido durante muchas horas en estancias que no están ocupadas de forma continua.

A la hora de comprar un equipo nuevo, no basta con fijarse en su precio. La etiqueta de eficiencia energética puede marcar una diferencia importante a largo plazo, ya que indica cómo de eficiente es el aparato a la hora de generar frío. Un equipo más eficiente puede requerir menos electricidad para proporcionar un nivel de refrigeración similar. Por eso, el ahorro no debería calcularse únicamente comparando cuánto cuesta comprar cada aparato, sino también cuánto puede costar utilizarlo durante los próximos años.

En definitiva, tener el aire acondicionado encendido durante todo el día no significa automáticamente pagar una factura desorbitada. El consumo dependerá del equipo, pero también de la vivienda y de cómo se utilice. Un aparato eficiente, una temperatura razonable y una casa bien aislada pueden marcar la diferencia entre un consumo controlado y una factura mucho más elevada.