El petróleo vuelve a situarse en el centro de las tensiones geopolíticas y económicas. El barril de Brent, referencia para Europa, ha superado los 114 dólares en las operaciones previas a la apertura de las bolsas europeas, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), indicador estadounidense, ha rebasado los 100 dólares. La escalada responde al recrudecimiento de los ataques de los insurgentes hutíes de Yemen contra objetivos estratégicos de Arabia Saudí, incluidas instalaciones petroleras y aeropuertos.
La subida consolida la tendencia alcista de las últimas sesiones y sitúa al crudo en máximos de más de cinco meses. Según Reuters, el Brent cerró el jueves 22 de octubre con un avance del 4%, hasta los 113,17 dólares por barril, después de que la intensificación de las hostilidades reavivara los temores a una interrupción de los flujos energéticos desde Oriente Medio. En la sesión siguiente, la agencia situó su cotización en torno a los 113,75 dólares, con el WTI en 100,13 dólares.
El movimiento refleja, sobre todo, el aumento de la prima de riesgo geopolítico: los operadores incorporan al precio del petróleo la posibilidad de que nuevos ataques reduzcan la producción, dañen las instalaciones de exportación o dificulten el transporte marítimo.
Los hutíes han reivindicado varias operaciones militares con misiles balísticos y drones contra objetivos saudíes, entre ellos el Ministerio de Defensa en Riad, los aeropuertos de Dammam y Abha y una refinería en Yanbu, en la costa del mar Rojo. Por su parte, la coalición liderada por Arabia Saudí ha informado de la interceptación de drones y un misil atribuidos a los rebeldes.
La preocupación de los mercados va más allá de los incidentes aislados. Arabia Saudí es uno de los principales exportadores mundiales de crudo y cualquier amenaza sobre sus instalaciones puede afectar tanto al suministro disponible como a las expectativas de las compañías petroleras, las refinerías y los operadores de materias primas.
Medios como Reuters ya habían advertido esta semana de que los ataques contra instalaciones energéticas saudíes y los incidentes en rutas marítimas estaban impulsando las cotizaciones. La evacuación de personal de la sede de Saudi Aramco en Dhahran, recogida por la agencia, constituye otro indicio de la gravedad que las empresas atribuyen al deterioro de la seguridad.
El estrecho de Ormuz
A la crisis saudí se suma la tensión en torno al estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el comercio mundial de hidrocarburos. La combinación de amenazas militares, dificultades logísticas y riesgos para los buques petroleros aumenta la incertidumbre sobre cuánto crudo puede llegar efectivamente a los mercados internacionales y a qué coste.
Associated Press ha informado de nuevos incidentes con petroleros en la zona y de amenazas contra la navegación comercial, en un contexto de creciente confrontación entre Irán, Estados Unidos e Israel. Aunque los flujos de exportación pueden recuperarse puntualmente, el transporte continúa expuesto a interrupciones y sobrecostes relacionados con la seguridad. En septiembre, Euronews explicó que las perturbaciones en el sistema saudí de transporte de crudo habían obligado a refinerías europeas a buscar suministros alternativos.
El encarecimiento del crudo amenaza con trasladarse a los precios de la gasolina, el diésel, el transporte y numerosos bienes y servicios. Para Europa, importadora neta de energía, un petróleo más caro puede elevar los costes empresariales, reducir el poder adquisitivo de los hogares y complicar la tarea de los bancos centrales.
En Estados Unidos, el encarecimiento de la energía tiene además una dimensión política. Donald Trump ha acusado a Irán de contribuir a la subida del petróleo en vísperas de las elecciones legislativas de mitad de mandato, previstas para el 3 de noviembre.
