El panorama económico catalán se encamina hacia una etapa de transición, definida por un crecimiento sostenido, pero progresivamente más moderado, según los análisis y proyecciones más recientes elaborados por el centro de estudios del BBVA. La entidad bancaria ha procedido a una revisión a la baja de su previsión de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) para el balance del año 2025, situándolo en un 2,9%. Esta cifra, aún considerada robusta dentro del contexto europeo actual, refleja con claridad el impacto creciente de un entorno global menos dinámico y más incierto, un factor que se hace patente de manera especialmente aguda en la evolución del sector exterior y que actúa como un lastre para las ambiciones de una expansión más vigorosa.

Esta verificación específica para Catalunya se enmarca dentro de un ajuste más amplio y detallado en las previsiones para la totalidad de las comunidades autónomas españolas. En este ejercicio de reevaluación, BBVA Research adopta una visión bifásica: por un lado, mejora ligeramente el pronóstico estatal para el año 2026, detectando indicios de cierta recuperación; por otro, y de manera consistente, anticipa una “desaceleración” notable para el año 2027, a raíz de la maduración del ciclo económico y de los efectos esperados de la política monetaria.

En el caso específico del tejido productivo catalán, el ritmo de expansión se moderaría aún más a lo largo de los dos años siguientes, trazando una trayectoria descendente que lo situaría en un avance del 2,4% en 2026 y del 2,1% en 2027. Esta senda mantendría la economía catalana estrechamente alineada con la media estatal, pero claramente alejada de los ritmos de crecimiento más intensos y eufóricos que caracterizaron las fases inmediatamente posteriores a la recuperación pospandemia.

El motor principal que, según el informe, continuará impulsando la actividad económica en los próximos años será, sin duda, el gasto de los hogares y la inversión privada vinculada al consumo. El consumo privado se mantendría así como el pilar fundamental y más estable del crecimiento, sostenido por dos factores clave: la evolución positiva y persistente del mercado laboral y una cierta, aunque lenta, recuperación del poder adquisitivo de los ciudadanos tras los embates inflacionistas de los años precedentes. Sin embargo, esta demanda interna, por sólida que sea, no será suficiente para compensar plenamente la debilidad estructural que emana del exterior. Es precisamente en el terreno de la demanda externa donde radica el principal y más significativo freno a un crecimiento económico más vigoroso.

Tanto las exportaciones de bienes industriales y manufacturados como, especialmente y de forma más preocupante, las de servicios, mostrarán un avance calificado de “limitado” en los próximos trimestres. Esta contracción se debe a la combinación de un menor dinamismo en las economías de los principales socios comerciales dentro y fuera de la Unión Europea y a las incertidumbres geopolíticas y comerciales que aún planean sobre la arquitectura económica global, creando un entorno de negocio reticente a las grandes inversiones y al comercio fluido. Esta constricción externa es, en definitiva, el factor clave que explica no solo la revisión a la baja para 2025, sino también el perfil de desaceleración suave pero persistente trazado para los años posteriores.

El mercado laboral catalán continuaría mostrando una notable resistencia y capacidad de generación de empleo, con un crecimiento sostenido que, a su vez, alimentaría la confianza de los consumidores, daría solidez a la demanda interna y proporcionaría una base estable a los ingresos de las administraciones públicas. Esta solidez laboral se convierte así en el elemento clave que permitirá a la economía catalana navegar por una fase de crecimiento más modesto sin llegar a entrar en terrenos de contracción o estancamiento, sosteniendo una trayectoria de expansión que, si bien pierde empuje año tras año, no se rompe y mantiene los fundamentales relativamente sanos.

En definitiva, la previsión del BBVA Research dibuja para Catalunya un escenario económico de transición hacia una nueva normalidad de crecimiento más maduro, menos intenso y potencialmente más vulnerable a los vientos en contra globales. En esta etapa, la robustez de la demanda interna, encarnada en el consumo y el empleo, actúa como el elemento de seguridad que evita turbulencias mayores. Pero, de manera paralela, la falta de tracción decisiva en las exportaciones y la inversión exterior impone un techo a las posibilidades de expansión, configurando un horizonte próximo caracterizado por la moderación, la solvencia y la necesidad de políticas económicas que afronten tanto los desequilibrios externos como la preservación del poder adquisitivo y la competitividad empresarial a medio plazo.