El informe anual del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC) sobre el visado de proyectos deja una fotografía clara de cómo se mueve el territorio. Si algo destaca de las cifras del 2025 es la división cada vez más acentuada entre el área metropolitana de Barcelona y el resto de comarcas. Mientras la capital y su zona de influencia viven una frenada brusca en la construcción de nuevas viviendas, el resto del país enciende los motores y muestra signos de vitalidad que no se veían desde hacía casi veinte años.
La ciudad de Barcelona ha registrado la peor cifra de la última década en construcción de nueva planta. El año pasado se visaron solo 1.195 nuevas viviendas dentro de los límites municipales. Es una cifra que hace saltar todas las alarmas si se tiene en cuenta la emergencia residencial que se vive. La mitad de estas nuevas casas, exactamente 597, serán de vivienda protegida. Esto, que en teoría es una buena noticia, también tiene un trasfondo complejo: muchos de estos proyectos se concentraron en 2024 y la ausencia de este tipo de promociones públicas en 2025 explica parte de la caída. Pero no toda. La sensación general es que el motor de la construcción en la capital se ha parado, con un descenso casi del 40% en el número de viviendas nuevas visadas respecto al año anterior.
La cosa no mejora si se tiene en cuenta el conjunto de la demarcación de Barcelona, donde la actividad ha caído más de un 20%. Esta bajada es, de hecho, la principal responsable de que los datos totales de Catalunya acabaran en negativo, con un descenso global del 4,3% en la superficie visada. Es como si todo el país fuera a remolque de lo que pasa en su área más poblada, y allí el panorama es de desaceleración. Desde el COAC se apunta que habría que remontarse al 2020, en plena pandemia, para encontrar valores tan bajos en Barcelona.
Cambio radical en el resto de Catalunya
Pero el relato cambia radicalmente cuando salimos del área de influencia de Barcelona. Aquí el informe del Col·legi d'Arquitectes se convierte en una historia de recuperación. Lleida es el gran ejemplo, con un incremento espectacular del 32,9% en superficie visada, gracias en gran parte al permiso de un gran centro comercial en el Segrià. Girona también se apunta a la tendencia positiva, con un crecimiento del casi 15% que le da la segunda mejor cifra de la última década. Tarragona y la Catalunya Central también van por buen camino, con incrementos sostenidos que hacen pensar en una reactivación real fuera de los núcleos tradicionales.
Esta divergencia es aún más evidente cuando hablamos de vivienda. La caída del 20% en toda la demarcación de Barcelona contrasta con los crecimientos que se ven en otras partes. El Ebro, por ejemplo, ha visto cómo la construcción de casas nuevas se ha disparado un 62%, motivada por un solo proyecto con casi sesenta viviendas. Girona crece un 34% y Lleida un 13%. En definitiva, todas las demás demarcaciones registran su mejor dato desde la gran crisis de 2006. Parece que, mientras Barcelona se hunde, el territorio toma el relevo.
Donde sí hay un estancamiento generalizado es en la apuesta por la rehabilitación. Las cifras son planas, incluso un poco negativas por segundo año consecutivo, y esto a pesar del influjo de los fondos europeos Next Generation. Desde que se pusieron en marcha estas ayudas, en el COAC han tramitado expedientes para unas 9.600 viviendas, la mitad de ellas en la demarcación de Barcelona. Pero los arquitectos reconocen que esto es solo una parte de la realidad, ya que muchas obras de rehabilitación no requieren visado obligatorio y, por tanto, quedan fuera del radar oficial.
El mensaje final del COAC es de cierta precaución, pero también de alerta. La previsión a escala estatal hablaba de un crecimiento de la construcción para 2025, impulsado por la bajada de los tipos de interés y la inyección de fondos europeos. Catalunya, sin embargo, ha ido a contracorriente, y todo apunta a que 2026 será clave para ver si este aumento previsto llega finalmente.
Mientras tanto, el gran reto todavía es la rehabilitación de un parque de viviendas antiguo y poco eficiente. El camino para transformar nuestro patrimonio construido y hacerlo más sostenible todavía es largo, y los datos de este año demuestran que no se está avanzando a la velocidad necesaria. La crisis de la vivienda pide más oferta, y las cifras del visado indican que, como mínimo en Barcelona, esta oferta se está estrangulando
