El 1 de septiembre de 2021 marcó un antes y un después para muchos catalanes y catalanas. Aquel día se completó el levantamiento total de las barreras del peaje de la AP-7 (el tramo sur de la AP-7 que va de Tarragona hasta Alicante ya se había liberado un poco antes, el 1 de enero de 2020). Pero lo que se celebró como una victoria histórica para los bolsillos de los ciudadanos se ha acabado convirtiendo en un quebradero de cabeza diario. Y es que lo que antes era una vía rápida, fluida y de alta calidad se ha transformado en un auténtico corredor saturado, donde los atascos diarios, la alta siniestralidad y el deterioro del asfalto cuestionan su sostenibilidad a largo plazo.

La radiografía del colapso: ¿qué dicen los datos?

Los datos oficiales del Servei Català de Trànsit (SCT) confirman lo que miles de conductores viven día tras día. Desde la gratuidad de la AP-7, la Intensidad Media Diaria (IMD) de vehículos se ha disparado, superando en muchos tramos los 100.000 vehículos viarios al día, especialmente en el eje de la demarcación de Barcelona y Girona. Pero lo más grave es que la duración de las retenciones se ha incrementado en más de un 70% a causa, principalmente, de la elevada concentración de camiones en el carril derecho.

  • El efecto llamada. El tráfico ha aumentado entre un 20% y un 30% de media según el tramo, ya que miles de conductores han abandonado vías secundarias como la N-II, la N-340 o la C-32 para utilizar la autopista gratuita.
     

  • El factor camiones. La circulación de vehículos pesados se ha incrementado un 30%, con zonas donde circulan más de 15.000 camiones diarios. Esto ha saturado el carril derecho y ha obligado a aplicar restricciones de velocidad (como el límite a 100 km/h) y prohibiciones de adelantamiento para los camiones en fines de semana.
     

  • Más accidentes y más retenciones. El número total de accidentes y colisiones en la AP-7 se ha multiplicado. Cualquier pequeño incidente bloquea tres carriles durante horas, generando un efecto dominó que paraliza el país. En cifras: la AP-7 registra de media entre 15 y 20 incidencias diarias (que incluyen desde pequeños alcances, especialmente en las frenadas de las retenciones, hasta averías de camiones o pérdidas de carga). Y cerró el año pasado con un total de 24 accidentes mortales, consolidándose una vez más como la carretera con más mortalidad y siniestralidad de toda Catalunya.

Saturación y desgaste: el precio de la gratuidad

La gratuidad total de la AP-7 ha provocado el trasvase inmediato de miles de vehículos que antes circulaban por el Eix Transversal (C-25) o por las nacionales sin peaje (como la N-340 o la N-II). Como consecuencia, el flujo de vehículos ha crecido entre un 30% y un 40% en determinados tramos, un volumen que supera con creces el límite de coches que la autopista está preparada para absorber. Y, claro, el mantenimiento de una autopista de alta capacidad no es barato. Cuando era de peaje, las empresas concesionarias reinvertían parte de los beneficios en preservarla en buen estado. Hoy, con la gratuidad, el Estado ha asumido su gestión, poniendo de manifiesto que se ha deteriorado considerablemente y que falta inversión. 

La AP-7 acumula ella sola más de una cuarta parte (el 26%) de todas las retenciones y colas de la red viaria de Catalunya

Este nivel de circulación, claro, ha desgastado el asfalto, provocando un deterioro estructural visible en forma de baches, pérdida de adherencia y degradación de las pinturas viarias. Además, las áreas de servicio y de descanso se encuentran a menudo desbordadas y degradadas por la falta de capacidad ante la avalancha de usuarios.

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Circulación de vehículos con bastante densidad en la AP-7 a la altura de la Granada (Alt Penedès) durante la operación retorno de la Segunda Pascua. Foto: ACN

Tiempo perdido en la carretera 

Una de las estadísticas más demoledoras del SCT es el tiempo que pasamos atrapados en el asfalto de la AP-7: la duración de las retenciones se ha disparado más de un 70% desde la liberación de los peajes. La autopista se ha convertido en un auténtico embudo donde los kilómetros de cola ya no son una excepción del fin de semana, sino una rutina diaria. 

En sectores estratégicos como el tramo metropolitano que conecta el Baix Llobregat con el Vallès Occidental y el Oriental, abarcando Martorell, Sant Cugat, Barberà y Granollers, la AP-7 recibe una enorme intensidad de tráfico que se cruza con la B-30 y la C-58. La sucesión constante de entradas y salidas genera un efecto embudo diario durante las horas punta, sin que sea necesario ningún accidente para provocar la retención. Para el conductor medio, esto se traduce en una pérdida constante de tiempo libre y un estrés crónico al volante, donde las retenciones se han extendido a cualquier hora punta de un martes o un miércoles.

Un corredor estratégico al límite de su capacidad

No podemos olvidar que la AP-7 es la vértebra del eje mediterráneo. No es solo una vía para ir a la playa el fin de semana; es un corredor estratégico vital para la conexión de España con Europa, clave para la exportación de mercancías y el turismo internacional. Como gran eje de conexión con Europa, la AP-7 se ha convertido en la ruta preferida por los transportistas internacionales. Al no tener peajes, la Jonquera absorbe un volumen de camiones muy superior al de otros puntos fronterizos como Irún, donde las vías similares sí que son de pago. El resultado de este trasvase ha sido un crecimiento desmesurado del tráfico pesado: en varios tramos de Tarragona y Girona, los camiones ya representan el 25% del total de vehículos, formando largas columnas que bloquean el carril derecho.

Con todo, se hace evidente que la saturación de la AP-7 no es solo un problema de confort para el conductor particular; es una amenaza directa para la competitividad económica de las empresas catalanas, que ven cómo sus camiones pierden miles de horas anuales atrapados en colas interminables.

 

 

Imagen principal: Retenciones en la AP-7 en la operación salida del fin de semana del 1 de mayo a la altura de Castellví de Rosanes.