El Hubble ha sido el telescopio más importante que hemos tenido en el espacio hasta la llegada del James Webb. Gracias a sus impresionantes logros, ha permitido medir con precisión la expansión del universo, capturar imágenes detalladas de galaxias lejanas y nebulosas, descubrir exoplanetas y estudiar sus atmósferas, observar la formación y muerte de estrellas y ofrecer datos cruciales sobre agujeros negros supermasivos. Su visión ha revolucionado nuestra comprensión del cosmos y ha inspirado a generaciones de científicos y aficionados a la astronomía. Pero su tiempo está terminando.
El veterano telescopio afrontará pronto un reingreso incontrolado a la atmósfera terrestre con un nivel de riesgo superior al de los estándares habituales de la NASA. Se espera que este reingreso se produzca a lo largo de la próxima década, fijando el año 2033 como el momento más probable.
El Hubble cae lentamente y no parece haber forma de rescatarlo
Como todo objeto que está en órbita terrestre, poco a poco el telescopio Hubble se va acercando a la Tierra hasta que su órbita ya no pueda mantenerse estable y termine reentrando en la atmósfera. Aunque la mayor parte del telescopio se quemará, existe un riesgo real de causar víctimas humanas cuando el telescopio se precipite sobre la Tierra.
Los modelos de riesgo actuales indican que existe una probabilidad de 1 entre 330 de que la caída del Hubble provoque daños personales. Hay que tener en cuenta que los estándares de la NASA suelen fijar el límite de peligro en 1 entre 10.000 para este tipo de maniobras orbitales. La lógica sugiere que el impacto ocurrirá en el océano, pero parece un riesgo demasiado alto si tenemos en cuenta que se estima que los fragmentos que sobrevivan al rozamiento atmosférico se dispersarán a lo largo de una franja de entre 350 y 800 kilómetros.
La NASA ha barajado la opción de poder “rescatar” el telescopio Hubble, y en este contexto surgió una propuesta de SpaceX que fue estudiada junto con la agencia. La idea consistía en evaluar si la nave Crew Dragon podría alcanzar el Hubble, acoplarse a él y elevar su órbita para prolongar su vida útil. Este estudio no implicaba financiación oficial de la NASA ni garantizaba que se fuera a realizar una misión real, pero permitió analizar la viabilidad técnica de la maniobra con un vehículo comercial.
Aunque el concepto pueda parecer sencillo, realizarlo sería extremadamente complicado. El Hubble no fue diseñado para ser remolcado ni acoplado por naves modernas, su estructura es delicada y cualquier contacto inadecuado podría dañarlo irreversiblemente. Además, la maniobra requeriría un control milimétrico de velocidad y orientación, ya que el telescopio viaja a más de 27.000 km/h en órbita terrestre, y cualquier error podría provocar un accidente grave.
Por estas razones, extender la vida del Hubble sigue siendo un gran desafío. Los riesgos incluyen colisiones, daño a sus instrumentos y dificultades técnicas para que una nave como Crew Dragon realice una operación de esta magnitud. Por ahora, la NASA mantiene estas ideas como exploratorias, mientras busca la manera más segura de prolongar las operaciones científicas del Hubble antes de su reentrada final en la atmósfera.
