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Cuando Apple presentó el iPhone original allá por enero de 2007 una de las grandes premisas del dispositivo era la opción de hacer desaparecer el teclado cuando no hacía falta. Algo que no podían hacer los smartphones de la época. Sin embargo, aunque ahora estemos acostumbrados, que un teclado táctil funcionara tan bien como uno mecánico no era sencillo. Y es por ese motivo por el que Apple tuvo que recurrir a un truco de software que es probable que no conozcas.

Las teclas del teclado de tu iPhone cambian de tamaño aunque tú no lo veas

Aunque no lo creas, y tampoco lo aprecies en la pantalla, ya que esta no cambia, las zonas táctiles que activan cada tecla correspondiente a una letra van cambiando conforme vas escribiendo. Y esto es esencial para que escribir sea algo cómodo. Es decir, no tienes tanta puntería como crees a la hora de acertar con tus dedos en la letra exacta; es probable que no lo hagas y el iPhone lo corrija.

El secreto está en que el tamaño de las teclas que vemos en pantalla no tiene por qué coincidir con el área que el iPhone utiliza para detectar nuestras pulsaciones. Debajo de cada letra existe una zona táctil que el sistema puede ampliar o reducir en función de lo que estamos escribiendo, de manera que las letras más probables ganan espacio mientras que las que tienen menos posibilidades de aparecer pierden parte del suyo.

Por ejemplo, si empiezas a escribir la palabra “tarde” y ya has introducido las letras "tard", el teclado puede anticipar que la siguiente letra será una “e”. En ese momento, la zona táctil de esa letra puede ampliarse, mientras que las áreas de las teclas cercanas se reducen. Así, aunque tu pulgar no caiga exactamente en el centro de la “e” e incluso toque ligeramente una zona próxima a otra letra, el iPhone puede interpretar que querías pulsar esa tecla.

Tu iPhone modifica el tamaño de las teclas sin que te enteres

Lo interesante es que este proceso se repite con cada letra que introduces. En cuanto escribes la siguiente, el teclado vuelve a calcular qué caracteres tienen más posibilidades de venir después y ajusta de nuevo las zonas táctiles. Todo ocurre en segundo plano, sin que las teclas se muevan ni un solo píxel en la pantalla y sin que tengas que hacer nada para aprovecharlo.

Esta solución fue una de las claves para que el teclado del primer iPhone resultara tan cómodo. Ken Kocienda, uno de los ingenieros de Apple que participó en su desarrollo, explica en su libro Creative Selection algunos de los retos a los que se enfrentó el equipo. La pantalla del iPhone original tenía solo 320 píxeles de ancho y había que encajar en ella un teclado completo, con teclas suficientemente pequeñas como para permitir escribir, pero sin que la experiencia fuese frustrante. El software permitió compensar esas limitaciones físicas y hacer que el teclado resultara mucho más preciso de lo que cabría esperar por su tamaño.

El teclado del iPhone no es tan preciso porque tengas buena puntería, sino porque lleva desde sus orígenes utilizando pequeños trucos de software para compensar las limitaciones de una pantalla táctil. Las teclas que ves permanecen exactamente en el mismo sitio, pero las zonas que reciben tus pulsaciones se adaptan constantemente a lo que escribes. Y todo ello sucede sin que apenas te des cuenta.