Europa, especialmente Alemania y los países de su área de influencia directa, dependían para cubrir sus necesidades energéticas del gas ruso y la Guerra de Ucrania y las limitaciones impuestas a las importaciones de este producto estratégico han obligado, por ejemplo, a reactivar centrales térmicas, replantear –en España no- opiniones sobre la energía nuclear y, en definitiva, aplazar la revolución verde. El objetivo de todo ello era loable: presionar a Rusia para que replantease a su vez sus planes en relación a Ucrania. Se consideraba que, sin las divisas procedentes de la venta de gas y otros productos energéticos a Occidente, el presidente ruso no tendría otra salida, pero parece que ha servido de muy pocoVladimir Putin dice que Rusia “está desenganchándose” de su dependencia de los ingresos del gas y el petróleo.

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En el Foro Económico de San Petersburgo
 

Las declaraciones las ha realizado en el Foro Económico de San Petersburgo y los ha completado con cifras. Siempre según Putin, los ingresos por exportaciones no vinculadas a hidrocarburos han crecido un 9,1% entre enero y mayo. “Es un indicador importante de que el sector real de la economía, los sectores transformadores, el comercio y los servicios ganan velocidad”, señala Putin.

Las sanciones no tienen el efecto esperado


Según el Ministerio de Finanzas, Rusia superó en los primeros cuatro meses de 2023 el déficit presupuestario previsto para todo el año fiscal, al acumular un agujero de 3,4 billones de rublos (40.979 millones de euros) a causa, principalmente de la caída de exportaciones de hidrocarburos. Sea como fuere, parece que la economía rusa aguanta, la guerra en Ucrania no acaba y los plazos de la revolución verde se alargan. Hasta en España se empiezan a reabrir minas de carbón o, al menos, a intentarlo.