Hace 13.800 años alguien construyó una casa en Alaska... y puede que ya tuviera perro

Los recientes hallazgos arqueológicos continúan reescribiendo los capítulos fundamentales de la historia humana, aportando nuevas pistas que matizan o desafían las verdades científicas establecidas sobre el poblamiento del continente americano. Un claro ejemplo de esta revisión historiográfica es la investigación centrada en los grupos de cazadores-recolectores que, en condiciones climáticas extremas, lograron adaptarse a los territorios inhóspitos del interior de Alaska, en las inmediaciones del curso fluvial del Tanana.

El análisis exhaustivo de más de 51.000 piezas recuperadas en la zona ha permitido profundizar en las rutinas de subsistencia, las técnicas de talla lítica y los patrones de asentamiento de aquellos pioneros. El núcleo de este estudio es el yacimiento de Shég' Xdaltth'i', cuya denominación significa "ellos estuvieron aquí" en la lengua de la comunidad athabascana local, intervenido arqueológicamente desde el año 2016 y caracterizado por albergar estratos correspondientes a tres periodos cronológicos que superan los 12.700 años de antigüedad.

Dinámicas migratorias, explotación estacional y el enigma del cánido en América

El marco teórico dominante sitúa el poblamiento inicial de América en el tránsito de grupos procedentes del noreste de Asia a través de Beringia, la gran plataforma terrestre que conectaba Siberia con Alaska durante los periodos de máximo descenso del nivel del mar. Si bien el debate cronológico sobre las fechas exactas de estas migraciones, estimadas habitualmente entre hace 14.000 y 23.000 años, continúa abierto en la comunidad científica, el análisis del yacimiento del Tanana aporta luz sobre las estrategias de colonización territorial a pequeña escala.

El estudio de los más de 7.000 restos óseos recuperados evidencia una rigurosa explotación cíclica de los recursos del entorno. Los pobladores adaptaron su dieta y sus actividades de caza a la estacionalidad: la captura de aves acuáticas (como patos, gansos y águilas) se intensificaba durante los meses estivales, mientras que la caza mayor de mamuts, bisontes, caribúes y bueyes se reservaba para las duras condiciones invernales, priorizando la obtención de pieles gruesas para combatir la hipotermia.

Localización exacta de Shég’ Xdaltth’i
Localización exacta de Shég’ Xdaltth’i

A esta panoplia de supervivencia se suman 35 herramientas de piedra tallada y delicadas agujas con ojal confeccionadas en hueso aviar, testimonio inequívoco de la capacidad técnica para coser prendas de abrigo ajustadas, indispensables para operar fuera de los abrigos rocosos. No obstante, el descubrimiento más disruptivo corresponde a una mandíbula de cánido cuyas características morfológicas no coinciden ni con la fauna de lobos pleistocenos ni con los cánidos norteamericanos actuales. Los investigadores apuntan a que podría tratarse de uno de los registros más antiguos de perros domesticados en el continente, sugiriendo que estos animales acompañaron a los grupos humanos desde sus migraciones iniciales desde el continente asiático.

De confirmarse esta hipótesis, Shég’ Xdaltth'i’ no solo documenta una de las estructuras habitacionales más complejas de la América temprana, sino también la consolidación de un ecosistema social y de cooperación interespecie decisivo para la conquista de los entornos subárticos. La investigación en el yacimiento de Shég’ Xdaltth'i’ ilustra cómo la combinación de la arqueología de alta precisión y el estudio paleoambiental permite reconstruir con rigor las complejas estrategias de supervivencia y adaptación de las primeras poblaciones humanas en el continente americano.