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Las investigaciones sobre el origen de los seres vivos son tan extensas como las respuestas que hay para entender cada una de las variables que han hecho posible que existan tantas representaciones de vida en nuestro planeta. Pero un grupo de investigadores se ha planteado una pregunta que lo engloba todo: ¿Cómo la Tierra pasó de ser un planeta dominado por bacterias a uno habitado por organismos multicelulares complejos?

El estudio liderado por Ross Anderson, paleontólogo de la Universidad de Oxford, y publicado en Science Daily, parte de la premisa de que la vida surgió hace más de 3.500 millones de años dominada por bacterias. Sin embargo, para entender el origen de las plantas y animales modernos, la clave está en rastrear a los primeros eucariotas, las células complejas que aparecieron hace unos 1.600 millones de años y que albergan al ancestro común de toda la vida visible.

Partiendo del punto anterior, todos los animales, plantas y hongos somos eucariotas. La aparición de las células eucariotas fue el evento biológico que permitió romper el dominio bacteriano e iniciar la multicelularidad. El problema es que, al tratarse de un organismo sin partes duras, encontrar pruebas para evaluarlas resultó el gran desafío.

La ciencia ya tiene un mapa claro para buscar el origen de la vida compleja

El aporte de Anderson se basó en haber descubierto el dónde y el cómo se conservan esas pruebas. Su trabajo demostró que la clave está en buscar microfósiles de los primeros organismos eucariotas en rocas con depósitos de arcilla, paisajes áridos con fósiles expuestos y de fácil acceso, o en antiguas zonas costeras donde la abundancia de nutrientes y materia orgánica favoreció el desarrollo de la multicelularidad.

Desde el punto de vista práctico, estas condiciones se encontraron en la ciudad noruega de Svalbard y en zonas de Australia, donde anteriormente investigadores encontraron microfósiles eucariotas más antiguos que se conocen, que datan de hace aproximadamente 1750 millones de años.

En su estudio, Anderson no encontró bacterias simples, sino las huellas microscópicas de las primeras células con núcleo y mitocondrias. Este cambio de estructura funcionó como una batería de alta potencia que les otorgó la energía necesaria para dejar de ser células solitarias y unirse para formar algas y estructuras compuestas. 

De acuerdo con Anderson, el interés por investigar estos depósitos de arcilla nació de una pregunta aún más ambiciosa: la búsqueda de vida extraterrestre. Comprender exactamente qué entornos de la Tierra lograron conservar las primeras formas de vida les da a los científicos un patrón claro para saber qué tipo de rocas analizar y dónde buscar posibles huellas biológicas en otros planetas.