Un equipo de investigadores de la ETH Zúrich ha identificado una relevante anomalía geológica en la cara oculta de la Luna que refuerza la hipótesis de que el satélite contó en sus inicios con un campo magnético propio y sostenido. El hallazgo, publicado en la revista científica Science Advances, aporta evidencias clave sobre la existencia de una dinamo interna activa hace más de 4.000 millones de años, contrastando con el cuerpo geológicamente inerte y frío que observamos en la actualidad.
El estudio se ha centrado en la región de Dewar, ubicada en el hemisferio no visible de la Luna, donde se ha detectado un depósito masivo de magma solidificado enterrado a unos 9 kilómetros de profundidad y con una extensión aproximada de 60 kilómetros de ancho.
Descubrimiento de la intrusión magnética y metodología
Para localizar esta formación de alta densidad sin necesidad de realizar perforaciones directas, el equipo combinó las mediciones de precisión del campo gravitatorio obtenidas por la misión GRAIL de la NASA con los mapas magnéticos históricos recopilados por las sondas Lunar Prospector y Kaguya (JAXA).
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Magnetización por enfriamiento: Los análisis indican que la estructura se formó hace aproximadamente 4.200 millones de años, cuando el magma rico en hierro emergió del manto lunar y se solidificó lentamente bajo la corteza. Al enfriarse, los minerales ferromagnéticos registraron la intensidad y orientación del campo magnético reinante, actuando como un registro fósil o "cinta grabadora" de la geofísica primigenia.
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Descarte de origen por impacto: Los científicos descartaron que el magnetismo fuera provocado por la compresión derivada del choque de un asteroide. La geometría uniforme y la ubicación de la masa plutónica confirman un proceso térmico e interno continuo que requirió un campo de al menos 10 microteslas.
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Relación con los 'remolinos lunares': La anomalía profunda se vincula directamente con las estructuras claras visibles en la superficie de Dewar (lunar swirls). Estos trazos en el regolito se producen porque el campo magnético local actúa como un escudo que desvía el viento solar, evitando el oscurecimiento del suelo.

Implicaciones para la exploración espacial y la geofísica
Aunque el análisis de las muestras traídas por las misiones Apolo ya insinuaba un pasado magnético en el satélite, este hallazgo aporta pruebas irrefutables en la cara oculta. El principal enigma geofísico radica ahora en explicar cómo un cuerpo celeste de dimensiones tan reducidas pudo generar el calor y la convección necesarios para mantener un núcleo dinámico activo.
Resolver esta incógnita no solo permitirá comprender la evolución geológica de la Luna, sino también prever los niveles de radiación superficial a los que se enfrentarán las futuras misiones tripuladas en la exploración espacial. El hallazgo de la ETH Zúrich confirma que la cara oculta de la Luna conserva registros geológicos fundamentales para comprender el funcionamiento y posterior cese de las dinamos planetarias en cuerpos de menor masa.